Nat Tate 1928-1960: el enigma de un artista americano de William Boyd

Nat Tate 1928-1960: el enigma de un artista americano de William Boyd

  El arte es a veces caprichoso. Vincent van Gogh vendió tres pinturas en toda su vida y murió en la más absoluta miseria. Once años después, a partir de una exposición póstuma que tuvo lugar en marzo de 1901 en París, su obra comenzó a ser valorada. A mediados del siglo XX ya es reconocido como uno de los mayores pintores de la historia y en la actualidad se encuentra entre los artistas más cotizados del mundo. En el caso de van Gogh, aunque tarde, al menos el reconocimiento le llegó, pero otros artistas no corren la misma suerte y permanecen en el olvido, a menos que algún quijotesco visionario asuma el desafío, a veces tan arriesgado que cae en lo estrafalario, de rescatar a esa promesa malograda. Ese es precisamente el objetivo que el escritor William Boyd se marcó con su ensayo sobre Nat Tate: recuperar la figura olvidada de este enigmático artista americano.

   La aventura de restituir a Tate comienza en junio de 1997, cuando Boyd entra con desgana en una galería neoyorkina y allí se encuentra con una exposición de dibujos de artistas norteamericanos realizados durante el siglo XX. Al autor le llama la atención especialmente uno, titulado Puente nº 122, semiabstracto y con técnica mixta y collage, que se inspira en «The Bridge», el celebre poema que Hart Crane dedicó al puente de Brooklyn. A partir de ese detonante Boyd siente la necesidad urgente de investigar sobre su misterioso autor, Nat Tate, y de reconstruir su vida a través de los exiguos y heterogéneos datos que en ese momento había, con un procedimiento que oscila entre lo detectivesco y lo arqueológico.

   El primer escollo al que tiene que enfrentarse Boyd es la falta de información. Pese a formar parte del expresionismo abstracto norteamericano de finales de los cuarenta y principios de los cincuenta y ser un miembro más del círculo cultural y bohemio neoyorkino ‒pertenecía a la Escuela de Nueva York‒, llama la atención la escandalosa ausencia de estudios publicados y el desconocimiento que existe en torno a la figura y a la obra de Tate.

   Más que por un azar de la gloria, la explicación hay que buscarla en este caso en el propio Tate. Al igual que Mark Rothko, con quien se codeó, desbarató un brillante futuro a causa de su adicción a la bebida y finalmente optó por el suicidio, pero a diferencia de Rothko, Tate se las compuso para destruir no solo su propia vida sino también su obra. Después de conocer a Georges Braque y de visitar su estudio en París, Tate tomó la determinación de borrar toda su contribución a la historia del arte y para ello recuperó casi todas sus obras con una frialdad calculadora y las destruyó. Después de arrojarse a las gélidas aguas neoyorkinas en enero de 1960 solo quedaban unos pocos restos de su obra, insuficientes como para consagrarlo como el gran artista que fue.

   Lo que se lee entre líneas en la biografía de Tate es una reflexión sobre lo volátil y lo accidental del arte contemporáneo. Solo que en este caso no ha sido el tiempo el encargado de aniquilar la validez de una obra sino que ha sido su propio autor.

   Un último argumento para leer el ensayo de Boyd es la edición, cuidada hasta el más mínimo detalle, de Malpaso. Si sus libros suelen ser especialmente cuidados, este lo ha sido todavía más. Incluye además un prólogo de Francisco Calvo Serraller que además de ofrecer algunos detalles más sobre Tate tiene unas reflexiones impagables sobre la deificación del artista en la sociedad moderna y sobre la dificultad de definir el arte contemporáneo por la imposibilidad para verificarlo.

   Por cierto, hay algo sobre el ensayo de Boyd que no he llegado a contar y que hace que sea un libro bastante especial. Lo comento porque no es la primera vez que hablo de este libro en La piedra de Sísifo, pero en su momento lo hice desde un punto de vista muy distinto. Si quieres saber cuál es el secreto que hay detrás de este libro te lo cuento aquí, aunque para no perder el factor sorpresa te recomiendo que solo lo leas después de haber leído el ensayo de Boyd completo. Lo dejo en tus manos, pero después no digas que no te lo advertí.

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