Las primeras quince vidas de Harry August de Claire North

Las primeras quince vidas de Harry August de Claire North

  Hay libros que se cruzan en nuestras vidas por los caminos más imprevistos. Estás dando un paseo por una librería, pensando en comprar algún título en concreto o quizá solo estás mirando, y por casualidad coges un libro cuya cubierta te ha llamado la atención y ojeas la contraportada. Ese simple gesto, en apariencia inocuo, puede ser el principio de algo grande. Eso es lo que me ha pasado con Las primeras quince vidas de Harry August, escrito por Claire North, y aunque no suela hacer mucho caso de lo se dice en las contraportadas para que no me destripen más de la cuenta, esta vez me veo en la obligación de ponerlo, palabra por palabra, porque si me decidí a leer este libro fue la consecuencia lógica de este breve párrafo.

   Si le damos la vuelta al libro esto es lo que podemos leer: «Harry August está en su lecho de muerte. Otra vez. No importa lo que haga o las decisiones que tome, al morir, Harry siempre regresa a donde todo empezó; vuelve a nacer, pero con todo el conocimiento acumulado durante sus doce vidas anteriores Siempre ha sido así. Hasta ahora. Cuando Harry se acerca al final de su undécima vida, una niña aparece al borde de su cama. Por poco no llego a tiempo, doctor August, le dice. Necesito enviar, con usted, un mensaje al pasado. Esta es la historia de lo que Harry August hará a continuación (y de lo que hizo antes). De cómo tratará de salvar un pasado que no puede cambiar de un futuro que no se puede permitir». Una especie de Bill Murray en un Día de la Marmota alargado de un solo día a una vida entera.

   Como puede deducirse de esta concentrada sinopsis, la novela trata, en cierto sentido, de los viajes en el tiempo, con la curiosa contradicción de que en ella no hay viajes en el tiempo en sentido estricto, porque lo que en realidad viaja en el tiempo son los recuerdos personajes y la información que ellos conllevan. De hecho, aunque se reflexiona en muchos momentos sobre el concepto de viajar en el tiempo y sus implicaciones, se echa en falta un planteamiento más profundo del tema. Tanto Harry como aquellos que comparten su naturaleza ‒porque no es el único‒ experimentan los mismos hechos una y otra vez, con sutiles diferencias más o menos perceptibles. Ese conocimiento acumulado sobre el futuro, sobre los avances científicos o sobre los cataclismos mundiales, le otorga un poder sobre aquellos que le rodean que casi llega a rozar lo divino. Aunque lo que en principio parece un don un cierto modo equiparable con la inmortalidad ‒solo existen dos formas de acabar con él, a cada cual más terrible‒, en unas pocas vidas ese poder muestra su lado más oscuro.

   Una vez que Harry ha conseguido cubrir las necesidades básicas de todas y cada una de sus vidas, una vez que ya no necesita luchar por su supervivencia, ¿cuál es el sentido de la vida cuando todo se repite y nada es permanente? ¿Qué hacer cuando después de haber desarrollado un proyecto vital se sabe que nada de eso servirá para nada, que una vez acabado todo se está condenado a volver a empezar de nuevo? ¿Qué se siente cuando se sabe que es imposible dejar una huella en el mundo? Porque si cuando muere vuelve a empezar de nuevo, el conocimiento que Harry tiene sobre el futuro demuestra ser, al fin y al cabo, inútil. No podía faltar, por supuesto, una de las premisas clásicas del género: la idea de matar a Hitler antes de que llevara a cabo el holocausto.

   La premisa de la que parte Claire North es que la historia se compone de una infinitud de complejísimas variables que se organizan según unas leyes que ni un millón de vidas seguidas revelarían y que un solo hombre no tiene la capacidad para cambiar el devenir de los acontecimientos. El hecho de que Harry esté atrapado en la historia demuestra que esta se mueve por ciclos inmutables: los imperios siempre caen, las economías se colapsan y comienzan y terminan guerras.

   En cuanto a la estructura de la novela, la multitud de vidas por las que pasa Harry le permite a North ir ensartando detalles de cada una de ellas como si de un rompecabezas se tratara, eso sí, manteniendo una cierta progresión desde la primera hasta la última. Los detalles de las vidas pasadas nos ayudan a entender al Harry presente y hacen más creíble y convincente su progresivo hastío vital.

   Las primeras quince vidas de Harry August es mucho más que una simple historia de viajes en el tiempo. Es una novela sólida que explora muchas de las fronteras de la vida humana y de sus acciones, de la moral, de las virtudes y de los vicios. Con ella Claire North ha conseguido, lejos de cualquier tópico del género, una de las novelas de ciencia ficción más brillantes de 2014. Llama la atención lo escasamente conocida que es su autora, cuyo nombre no es en realidad Claire North, que es un seudónimo, sino Catherine Webb. Si se busca información de ella en Internet es difícil encontrar resultados, salvo los que hacen referencia a la novela de Harry August, por lo que parece muy probable que el resto de su obra no esté traducida al español. Con que fueran la mitad de entretenidas que Las primeras quince vidas de Harry August serían una apuesta sobre seguro para cualquier editorial. Desde luego, por mi parte, si vuelvo a encontrarme algún libro de esta autora no me cabe ninguna duda de que lo engulliré.

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