Shakespeare fumeta

Shakespeare fumeta

   Cada escritor tiene sus peculiaridades y sus manías a la hora de escribir, de relajarse o de invocar a la inspiración, y una de las singulares costumbres de William Shakespeare podría ser la de fumar marihuana y cocaína, según un reciente descubrimiento realizado por investigadores sudrafricanos, que han hallado restos de cannabis en las pipas del dramaturgo encontradas en el jardín de la casa donde vivió en Stratford-upon-Avon, como ha informado el diario The Telegraph.

   Ya en 2001 el antropólogo Francis Thackeray y su grupo de la Universidad de Witwatersarandm, en Johannesburgo, utilizaron tecnología de un laboratorio de criminalística de narcóticos para ver qué tipo de sustancias se podría haber fumado en fragmentos de 24 pipas de cuatrocientos años de antigüedad desenterradas en Stratford-upon-Avon. El hallazgo parecía confirmar que al menos dos de esas pipas contenían residuos de cocaína, una tenía residuos de nicotina y ocho de cannabis. Ninguna de las pipas con cocaína provenían del jardín de Shakepeare, pero cuatro de las pipas con el cannabis sí. De todos modos, en su momento los resultados no fueron concluyentes porque no había evidencia alguna de que Shakespeare utilizara esas pipas.

   Más de una década después Thackeray vuelve a defender su teoría en dos artículos publicados en The Independent y en el South African Journal of Science. En esta ocasión Thackeray cita pruebas literarias e históricas, además de sus datos científicos. Por ejemplo, el soneto LXXVI, cuando se refiere a «invention in a noted weed» o cuando declara su aversión a «compounds strange». Thackeray interpreta estos versos y otras frases de sus personajes como posibles referencias más al cannabis que a la cocaína mientras escribía. La hipótesis también se ha visto reforzada con el reciente descubrimiento ‒también dudoso‒ del que podría ser el verdadero rostro de Shakespeare en un libro de botánica de 1597.

   Dice también Thackeray que es probable que Shakespeare conociera los efectos nocivos de la cocaína y que por eso «prefería el cannabis como hierba por sus propiedades para estimular la mente». Según el investigador es posible que durante las representaciones el escenario donde se representaban sus obras se llenara con una especie de bruma de humo, derivado de algún tipo de tabaco consumido en la época. Hay que tener en cuenta que en la Inglaterra del siglo XVII se consumían distintos tipos de tabaco, incluida la hoja con nicotina traída desde Norteamérica por Sir Walter Raleigh, y el obtenido de la hoja de coca procedente de Perú, posiblemente traído por Sir Francis Drake.

   Muchos historiadores han puesto en tela de juicio la teoría de Thackeray. En un artículo publicado en The Huffington Post Hillary Hanson, afirma que la interpretación de los datos obtenidos de las pipas es, en el mejor de los casos, dudosa. «No sabemos lo que Shakespeare hizo o dejó de hacer. El hecho de que esas pipas se encontraran en su jardín no significa que el hijo de su vecino no las tirara allí. Hay un millón de posibles explicaciones», dice Hanson. Y razón no le falta, porque la información que tenemos sobre el Bardo es, en verdad, escasa y poco segura.

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