El ángel caído

El ángel caído

   Desde hace unas semanas la inquietante escultura de un ángel caído instalada en Beijing ha causado el desconcierto y el asombro de cuantos la han visto, convirtiéndose rápidamente en todo un fenómeno viral en Internet. Este ángel caído, que ilustra con insólito dramatismo la expulsión del cielo, tal vez por por desobedecer o rebelarse contra los mandatos de Dios, es obra de los artistas chinos Sun Yuan y Peng Yu.

   El desconcierto que genera se debe por una parte al altísimo grado de realismo, gracias al uso de gel de sílice, fibra de vidrio y acero inoxidable como materiales, y por otra a la extraña interpretación que se hace del clásico tema del ángel caído. Lejos de las imágenes típicas de ángeles caídos, como Lucifer, Lilith, Mefistófeles o Belial, en esta escultura vemos a una anciana con un vestido blanco que está boca abajo en el suelo con un par de alas sin plumas, tal vez durmiendo o tal vez muerto, pero sin duda inmóvil y congelada. Los dos artistas querían incidir con su obra en la fragilidad de un ser que históricamente se ha representado como poderoso. «El ser sobrenatural, ahora no es más que una criatura impotente, no puede llevar a cabo ninguna voluntad suprema ni ayudar a los que creen en su existencia», expresan los artistas en su página web. Para acentuar ese grado de realismo y hacer posible la identificación el ángel tiene, además, el tamaño de un ser humano.

   No es la primera vez que esta pareja de artistas generan el escándalo con alguna de sus obras. Afincados en Beijing, Sun Yuan y Peng Yu son famosos desde la década de los noventa por utilizar materiales poco usuales que dan a sus obras un carácter extremo y les da pie para tratar cuestiones como la percepción de la realidad, la muerte o la condición humana. Pero trabajar con elementos como tejido humano, grasa, animales vivos o cadáveres de bebé les ha convertido en dos de los artistas más polémicos de China.

   En una de sus obras más conocidas utilizaron muñecos que representaban a varios líderes mundiales, ya ancianos, que, sentados en sillas de ruedas eléctricas, chocaban entre sí, para representar la muerte de la Organización de las Naciones Unidas.

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