1. El plano secuencia, origen de este arte distinguido

   Llevo queriendo hablar del plano secuencia en La Piedra de Sísifo desde hace mucho. Tanto que este artículo se ha ido posponiendo incontables veces desde que apunté la idea (el 16 de agosto de 2014 ni más ni menos). Le he dado muchas vueltas y he llegado a la conclusión de que no puedo dejarlo pasar más tiempo. «¿Por qué te ha ocurrido esto?», es posible que os preguntéis. Bueno, quizás por ambición propia. El plano secuencia es seguramente lo que más me gusta del medio audiovisual del cine y la televisión. Es cierto, me parece alucinante y me encanta como ningún otro recurso. Cada vez que veo uno no puedo evitar regodearme y disfrutarlo como un niño pequeño, volviendo a revisionarlo posteriormente muchas veces para seguir encontrando detalles. Quería hacer un artículo que estuviese a la altura de eso. Solo que no sabía muy bien cómo enfocarlo… Al final me he decidio sencillamente a hablar de ello. Y como esto podría quedar muy largo, he meditado que lo mejor es partir este artículo en dos partes. Hoy tenéis la primera, en la que hablaremos del origen de la técnica y cómo empezó a experimentarse su potencial. Además, mencionaremos algunos de los grandes planos del siglo pasado.

   Para los que no estéis muy habituados con términos del mundo de los rodajes, os explicaré lo que es un plano secuencia, aunque por el nombre ya deberíais sacar ciertas conclusiones. El plano secuencia es una técnica usada para el rodaje de una escena ya sea en cine o televisión (aunque en esta última mucho menos convencional) que cuenta con las siguientes características básicas: se compone de una toma normalmente larga y sin cortes, en la que interactuan y confluyen muchos elementos al mismo tiempo, actores, objetos en movimiento, cambios de escenario, música y sonidos, iluminación… En general es una técnica muy compleja y poco habitual por su elevada dificultad. Obviamente, para un director es más fácil rodar una secuencia en diferentes planos teniendo todo más controlado, que decidirse a grabarla entera de seguido, teniendo en cuenta que si algo falla a mitad de la toma se tendrá que volver a rodar toda desde el principio.

   La nombrada técnica es una poderosa arma visual que, si se lleva a cabo de forma exacta, deja una gran impacto en el espectador. Debido a su concepto de rodar sin cortes, hace que la persona se meta más de lleno en la toma. Crea un efecto de dinamismo que de otra forma se puede perder, ayuda a seguir la acción junto al protagonista o a descubrir un lugar o penetrar en un ambiente con más impacto, y además sigue la acción en tiempo real.

   Para encontrar los orígenes del plano secuencia tenemos que remontarnos muchos años atrás, cuando la técnica era mucho más complicada y suponía diversos problemas ya que el rodaje estaba limitado a la duración de una bobina de película, las cuales grababan aproximadamente 10 o 12 minutos seguidos. Claro que en la era moderna de hoy en día las cámaras digitales ofrecen muchas posibilidades en ese ámbito y los directores ya no están condicionados por un límite de tiempo. Uno de los primeros planos secuencia del cine lo encontramos en la pelícua de 1927 de F. W. Murnau titulada Amanecer. Dicho plano sigue a un hombre que va al encuentro de su esposa en la noche, paseando entre arbustos y caminos. Es una toma de menos de un minuto pero con gran poderío visual (sobre todo para aquella época). Tal fue el impacto y la calidad de la película que esta recibió el primer Óscar a mejor calidad de producción.

2. Amanecer

Fotograma del plano secuencia de Amanecer (1927), de F. W. Murnau.

   Años después llegó Hitchcock para seguir ampliando los horizontes del plano secuencia. El maestro del suspense estaba obsesionado con rodar una película de forma que toda ella pareciese un único plano. Así fue como nació La soga, de 1948. Por supuesto la obra no es un único plano secuencia, pero pretende serlo y usa trucos para parecerlo. Como mencioné antes, las bobinas no permitían grabar mucho tiempo, por lo que a Hitchcock se le ocurrió la genial idea de hacer transiciones de un plano secuencia a otro pasando la cámara por lugares oscuros como las chaquetas de los personajes. De esta forma, por ejemplo, cuando una toma terminaba se acercaba con un travelling a la espalda de un personaje, y la siguiente comenzaba desde el lado opuesto haciendo un zoom inverso. Así se daba la falsa sensación de continuidad, como si no hubiese cortes. Hitchcock consiguió rodar la cinta entera en la pasmosa cifra de 11 planos secuencia y fue uno de los directores de su tiempo que más uso le dio a dicha técnica.

   Hablando de más planos secuencia para el recuerdo, Orson Welles nos ofreció uno que se repite con frecuencia entre las listas de los mejores de todos los tiempos. Estoy hablando de la escena que abre su película Sed de mal, de 1958. Una toma de tres minutos que es toda una lección de maestría y de cómo esta técnica puede hacer maravillas. La acción sigue un coche en el que un hombre ha colocado una bomba. El coche arranca y la cámara lo sigue a tráves de una calle llena de cientos de extras, con más vehículos en movimiento y guardias dando paso. Mientras tanto, los protagonistas pasean felizmente muy cerca del coche bomba. La tensión aumenta en el espectador al saber que en algún momento indeterminado habrá una explosión. Todo ello va acompañado con el ritmo perfecto de la música de Henry Mancini. Y en su conjunto, estos elementos hacen de este plano secuencia (que tardó en elaborarse 15 días) un hito de la historia del cine.

3. Sed de mal

La bomba en el inicio del plano secuencia de Sed de mal (1958), de Orson Welles.

   Otro de los grandes maestros del séptimo arte que supo llevar un paso más allá la técnica fue Stanley Kubrick. Lo vimos coquetear con ella en Senderos de gloria (1957) —y sería algo que se repetiría en su filmografía con frecuencia—, pero no fue hasta El resplandor en 1980 que marcó a sus espectadores con aquellos planos del pequeño Danny atravesando los pasillos del hotel Overlook con su triciclo. Kubrick lo tuvo fácil, desde luego, gracias a Garret Brown, inventor del steadicam y operador de cámara en la película. El steadicam, que es un estabilizador de cámara consistente en un sistema de contrapesos y suspensión en el hombro o con chaleco al torso, sirve para grabar tomas como lo haría una grúa, pero obviamente con muchas más posibilidades a la hora de moverse por lugares cerrados y es además más económico. El steadicam consigue tomas suaves y estabilizadas y debido a la movilidad que permite, Brown y Kubrick pudieron filmar las famosas tomas de Danny en triciclo o la del jardín laberíntico, que de otra forma no hubiesen sido posibles. Y claro, para mayor asombro, Kubrick decidió alargar estas tomas convirtiéndolas en poderosos planos secuencia que hoy día todos recordamos (aunque en ocasiones hubo cortes, algunos planos superan el minuto de duración). Dato curioso, por cierto, El resplandor fue la cuarta película de la historia en la que se usó el steadicam.

3. El resplandor

Danny y su triciclo en un plano secuencia de El resplandor (1980), de Stanley Kubrick. Grabado con una steadicam.

   Brian De Palma es otro realizador que ha dado mucho al mundo de los planos secuencia. Es muy reconocido por la técnica ya que la ha usado multitud de veces. Pudimos verla, por ejemplo, en la versión de Carrie de 1976, o en la secuencia que abre su película de La hoguera de las vanidades en 1990. Una toma de más de 4 minutos que sigue al protagonista entre pasillos y multitud de personajes. Pero sin lugar a dudas su plano secuencia más famoso y elaborado es el de Ojos de serpiente (1998). Una toma que, de nuevo, sirve para abrir la cinta y se alarga un total de 12 apabullantes minutos en los que pasan muchísimas cosas mientras seguimos a Nicolas Cage por el interior de un estadio en el que se está disputando un combate de boxeo.

   Más grandes planos secuencias del siglo XX son, por ejemplo, el que dirigió Martin Scorsese para Uno de los nuestros (1990) —filmado con steadicam, por cierto. No sería esta la única vez de Scorsese con el plano secuencia, lo vimos jugar de nuevo con la técnica en La invención de Hugo (2011)—. Esta toma que dura más de dos minutos es todo un ejemplo de cómo introducir al espectador en un lugar al mismo tiempo que los protagonistas en tiempo real. También tenemos el plano que abre la cinta El juego de Hollywood (1992), de Robert Altman, que se alarga magistralmente 7 minutos y 47 segundos. O el de Boogie Nights, película de Paul Thomas Anderson de 1997 que, una vez más, sirve de guía para introducir de golpe al espectador en un ambiente y que se empape de todos sus alrededores junto a los personajes.

   Estos pocos ejemplos son tan solo algunos de los muchos planos secuencia que se fueron llevando a cabo durante el siglo pasado, demostrando ya hacia final de este, que se podían lograr tomas largísimas con un montón de situaciones en pantalla. Realmente eso solo fue el inicio, porque lo que vino después superó con creces las expectativas de todos. Y que me parta una rayo si lo que vino no fue expectacular. Pero eso es algo que veremos en la segunda parte de este artículo, en el plano secuencia en tiempos modernos.

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