El burro Nadie y Zo d'Axa

El burro Nadie y Zo d’Axa

   Alphonse Gallaud de la Pérouse, más conocido como Zo d’Axa, fue un aventurero, anarquista, escritor satírico, periodista y fundador de dos de las más mordaces revistas francesas. En 1898, Zo declaró que la Asamblea Nacional de Francia estaba llena de burros de mentira, así que decidió presentar como candidato a un burro real, de pura sangre, un burrito blanco que llamó con el nombre de «Nadie» y que presentó en campaña bajo la consigna de «¡Vota a Nadie y haz que tu voz sea escuchada!».

   En una serie de artículos Zo solicitaba a sus compatriotas que apoyaran a Nadie como representante electo. En uno de esos artículos decía: «En nuestros esfuerzos hemos tratado de encontrar un maestro con el que nadie soñó. Ahora, el honor recae sobre mí para presentar al Maestro del Pueblo. Por favor, sean comprensivos. El burro para quien busco su voto, el de mis conciudadanos, es un cómplice de lo más encantador. Un burro leal, con una capa sedosa, delicado tendón de la corva y una voz más hermosa».

   El 8 de mayo, día de las elecciones, Zo situó al burro candidato en un carro y lo paseó desde lo alto de la colina de Montmartre. El escritor más tarde describió el momento diciendo que Nadie parecía el emperador Julio César desfilando en un triunfo por Roma, todas las calles engalanadas a su paso con banderas y pancartas. A lo largo del desfile se fueron entregando a la multitud folletos que decían: «Pensad, queridos ciudadanos. Sabéis que vuestros representantes electos engañan, que han engañado y que seguirán engañando. Por lo tanto, ¡votad por Nadie! ¡Votad por un burro!» A su paso el gentío, cada vez más numeroso, reía y aplaudía; las mujeres le arrojaban flores; los hombres se quitaban el sombrero en señal de respeto. De este modo, la procesión continuó hasta el Barrio Latino y finalmente llegó al Senado, donde fue recibido con un caluroso aplauso por parte de los estudiantes universitarios.

   Pero los representantes de la ley no vieron con buenos ojos semejante alboroto y no tardaron en enviar a la policía para que sofocase el tumulto y disolviese la multitud. Los agentes levantaron una barrera al final del Boulevard Saint Michel y el oficial a cargo ordenó a Zo que entregara a Nadie. Sin embargo, la multitud había llegado ya a un extremo en que era incontrolable. El gentío se enfrentó a la barrera y la atravesó, dirigiéndose al Palacio de Justicia. Los agentes, conscientes de que si se apoderaban del burro habrían ganado el enfrentamiento, no tardaron en lanzarse sobre el carro y llevarse a Nadie a la estación de policía.

   Tiempo después Zo no perdería la oportunidad de ironizar con el episodio del burro: «Al igual que un vil político el animal se había echado a perder. La policía remolcó a Nadie, el gobierno guiándolo. En ese momento Nadie se convirtió en un candidato como otro cualquiera. La estación de policía abrió sus puertas y el burro estaba con sus amigos».

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