Nos hemos criado con ellos, los usamos a diario para comunicarnos, y apenas si conocemos su historia. Y, quizá lo más importante, muchas veces olvidamos que tuvieron un origen, una lucha encarnecida por llegar al gran público, y un nombre.

   Me refiero a los signos de texto, esos extraños conocidos que adornan nuestros escritos y les dan el valor que tienen. Hoy mencionaré algunos que, a lo largo de mi vida, me han resultado de alguna utilidad o que han sido increíblemente curiosos.

   Hoy, y pasándome «por ahí» toda seriedad, os traigo los nombres raros que tienen los signos, así como algunas bobadas hechos históricos que los acompañan.

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Interroclamación (‽)

   Este es, quizá, el primer signo que pasó por mis manos que me permitió darme cuenta de que estos tienen una historia detrás. Hasta que no vi con mis propios ojos que uno podía exclamar e interrogar a la vez (Pero, ¿¡qué me estás contando‽) no me plantee la importancia de que un signo se encuentre con nosotros.

   La interroclamación resuelve el problema de tener que situar una interrogación y una exclamación en la misma frase, y que bien podría resolverse de cualquiera de estas dos maneras:

Pero, ¡qué me estás contando?

Pero, ¿¡Qué me estás contando!?

   A mí, personalmente, no me convencen, y por lo visto no estoy solo en el mundo con este tipo de pensamientos. Allá por 2006, cuando aquello del Fotolog estaba de moda, quise acompañar una frase interroexclamativa con alguna foto, viéndome obligado a navegar en busca de la interroclamación, de la que todavía no conocía su existencia.

   Por eso, el enterarme de que un tipo llamado Martin K. Speckter la había inventado en 1962 supuso toda una alegría. ¡Me había ahorrado minutos de diseño con paint! La interrobang nació, en principio, para las campañas de marketing de Speckter, pero tuvo tanto éxito que durante los años 60 incluso algunas máquinas de escribir venían con la tecla específica.

   Cuando decidió darle un nombre, propuso rhet, exclarotive, exlamaquest e interrobang. Obviamente, ganó la última. Por desgracia para Speckter, la interroclamación pasó de moda durante su vejez, y no fue hasta que Microsoft la rescató con una fuente que volvió a reflotar.

Gnaborretni (⸘)

   Uno de los problemas que presenta el español, así como otros idiomas y dialectos, es que las exclamaciones e interrogaciones no solo tienen signo de cierre, sino que la complejidad del idioma y la libertad léxica obligan a abrir también las oraciones con el signo invertido. Por aquello de entender la frase desde el principio, vaya.

   El experto en tipografía Michael Everson se preguntó (en inglés): «Oye, ¿y cómo puñetas ponen la interroclamación de apertura los españoles, gallegos y asturianos?».  Lo cual fue todo un detallazo por su parte.

   Le puso el nombre de gnaborretni, que ya circulaba en algunos foros de Internet donde se demandaba. La palabra «gnaborretni» es la inversión de la palabra en inglés «interrobang», y fue incluida en el texto que Everson envió en 2005 a la Organización Internacional de Estandarización (ISO). Texto que sigue siendo ignorado.

   El nombre del documento fue «Propuesta para añadir la interroclamación invertida al sistema de comunicaciones unificadas», lo que demuestra que en esto de la tipografía todo son fiestas, emociones, pasión y montañas rusas.

Lemniscata (∞)

   Hablando de montañas rusas, no podemos dejar de lado el signo del infinito. Signo, o símbolo, dado que su propia estructura surge de un recorrido sin límites, y el signo por sí solo bien podría tener el valor que se le achaca. (Para entender esta última chorrada por mi parte, podéis leer las definiciones de signo y símbolo, pero no es imperativo).

   Este signo apareció en 1656 de la mano de John Wallis, y no es de extrañar que algo tan coherente hoy en día como el concepto teórico del infinito sea algo tan moderno. Hay que tener en cuenta que Aristóteles, allá por el 350 a.C. dijo que eso del infinito era una chorrada, y que como no era posible que nada en el universo fuera infinito, él pasaba.

   Y detrás de él pasaron todos los grandes genios matemáticos de la historia hasta llegar a Wallis, quien empezó a darle la importancia que tenía.

Lemniscata

   Pero el nombre no se lo dio Wallis, sino un Bernouilli (Jacob), en 1694. Jacob estuvo demasiado ocupado como para reproducirse. Al fin y al cabo, las curvas analíticas no iba a dibujarse solas. Un día, en una apasionante sesión de modificar ecuaciones de elipses, se dio cuenta de que lo que había conseguido tenía forma de infinito. Bueno, tenía forma de «aquello que Wallis usó para denotar el infinito», pero que aún no tenía nombre. Como su dibujo de la curva se parecía mucho a una cinta, la llamó «lemniscus» (en latín, cinta colgante).

   Para no dejar las cosas igual, que luego es un rollo, acabamos por cambiarle el nombre a lemniscata. Y así, hasta ahora.

Percontation point (signo de ironía)

   Fruto de darle la vuelta al signo de la interrogación, este signo es el único que indica expresividad anterior a los emotis. No tiene traducción al castellano, aunque podríamos trasladarlo como «signo de ironía». Probablemente no tenga traducción, ni uso, porque es una tontería que nunca llegó a cuajar.

percontation

   Fue propuesto por primera vez por un tipo llamado Henry Denham, allá por la década de 1580, para esas preguntas retóricas que no requerían respuesta. Pero su uso (y con su uso me refiero a que solo él lo utilizó) apenas sí duró lo que terminó en morir. Lo cierto es que nadie le hizo ni caso, y Denham falleció sabiendo que su idea había sido una cagada.

   En 1688, John Wilkins tuvo la genialidad de usar el mismo símbolo gafado para marcar aquellas frases entonadas con ironía y burla. Pero se ve que a Wilkins tampoco le hicieron ni caso, porque en 1841 Marcellin Jobard se atribuyó su invención, exactamente lo mismo que Alcanter de Brahm hizo en 1899 con el trabajo de Jobard.

   Y así, pisándose unos a otros, llegó Hervé Bazin. Bazin, para romper con la mala racha de la percontation, usó la letra griega psi (Ψ) para denotar exactamente lo mismo. Haciendo caso omiso de que la gente pasaba olímpicamente de este enriquecimiento del texto, no solo usó una grafía para la ironía, sino que también innovó con la duda (Point de doute.svg), la certeza (Point de certitude.svg), la aclamación (Point d'acclamation.svg), la autoridad (Point d'autorité.svg) y el amor (Point d'amour.svg).

   El hecho de que no se usen hoy día da una idea del caso que se les hizo por aquél entonces. Pero eso no animó a nadie a dejar de hacer el ridículo con signos que solo ellos entendían. En marzo de 2007, el Colectivo a favor de la Promoción del libro Holandés (CPNB), propuso otra vez, y haciendo oídos sordos a la historia, el nuevo y mejorado signo de ironía: (Ironieteken.svg).

   Fue un absoluto fracaso, claro. Por suerte, hoy hacemos uso de los emoticonos… (¬¬)

No (¬)

   Además de para poner caritas de odio (¬¬) o indicar la ironía que no cuajó con el percontation, este símbolo es usado en lógica y matemática para indicar negación, y se lee como un «no».

   Realmente, pocos lo usan para escribir la palabra de negación, porque es mucho más fácil simplemente teclearla. Y, además, el lector será incluso capaz de saber qué puñetas quieres decir cuando escribas sin el signo.

Comillas bajas, latinas, españolas o angulares (« »)

   Qué frustrante resulta, si queremos escribir bien, usar estas comillas «españolas» en lugar de las «inglesas» (“”), especialmente cuando las comillas «españolas» vienen de Francia.

   Sí, tal cual. Las comillas españolas no existían antes de que un tipo llamado Guillaume Le Bé (1525-1598) las inventase. Y, sin embargo, son las que tenemos que usar. En otros idiomas, a las comillas españolas se las llama guillemets, pero en algún momento entre 1598 y la actualidad alguien (probablemente español) pensó que nadie se daría cuenta si nos las adjudicábamos. Les pusimos nuestro nombre y nos las llevamos. Ahora seguimos usándolas junto con varias decenas de idiomas, pero nosotros a lo nuestro. Ale. Españolas, y punto.

Cedilla (¸)

   Para un signo que sí que es nuestro, lo hemos mandado bien lejos. ¿Sabes esa letra en forma de «c» que está al lado de Enter en el teclado y que siempre acabas dándole sin querer? Pues eso no es la cedilla, aun a pesar de que todo el mundo le llame así.

   Lo cierto es que la «ç» es una «ce cedilla» o «ce caudata», y la cedilla es tan solo ese rabillo raro que le cuelga por debajo y que regalamos hace mucho tiempo a los franceses a los que les robamos las comillas españolas.

zeta

Fuente: Script

   La cedilla se originó en España al hacer aún más pequeña la mitad interior de la zeta, que en su momento se escribía con una coletilla (ver imagen de arriba). Pero lo cierto es que, tras varios siglos de uso por la península, acabamos por donársela al catalán, al francés y al portugués, así como a otras lenguas minoritarias. Se ve que aquí no cuajó.

Apóstrofo (‘)

   Apóstrofo, que no apóstrofe. Sí, lo sé, todo el mundo las confunde, pero mientras que la apóstrofe es una figura literaria de diálogo, el apóstrofo es un signo de puntuación. Este: «’». Estoy completamente convencido de que todos los profesores de lengua española, inglés y francés que tuviste a lo largo de toda tu infancia lo dijeron mal.

   ¿Por qué la incluyo cuando todo el mundo sabe que el apóstrofo es esa cosita que no es una tilde pero que va en la mitad superior de las letras largas? Pues porque lo decimos mal, por eso. Cuando alguien diga «apóstrofe», envíale a este artículo, anda.

   Aunque solemos achacarlo al inglés o francés, el apóstrofo es tan nuestro como suyo, y aparece en nuestra literatura. Por ejemplo:

Tierras d’Alcañiz negras las va parando. – Cantar de Mio Cid.

   Vale, que igual está un poco obsoleto, lo admito. Sin embargo, algunos autores han seguido usándolo tras su casi desaparición. Además, la RAE admite que todavía tiene algunas funciones importantes, como la de transcribir de forma visual lo mal que hablamos:

Mira pa‘lante, ¿no? (Copiloto preocupado por la desatención del conductor a la carretera).

Arroba (@)

   Un signo muy usado desde el nacimiento del correo electrónico, pero del que pocos saben que el uso de la arroba data de 1448. El documento más antiguo en que puede verse este signo es «Taula de Ariza», un texto aragonés. Y esto no quiere decir que fuese inventada allí, pero tiene toda la pinta.

   La arroba, allá por 1440, era usada para la representación de la medida de áridos (cuarta parte de un cafiz, medida de peso por capacidad).

arroba

   Y aquí todo el mundo pensando que la arroba era una cosa modernota y de actualidad, y ya servía hace 500 años para decir de un modo acotado «11,5 kilos». Pues ya ves.

   Aunque todavía se discute su origen, y es improbable que esto deje de ocurrir, es posible que proviniese del mozárabe الربع (ar-hub), que significaba «cuarto o cuarta parte».

   Esta pequeña gran letra no está exenta de rifirrafes modernos, porque aunque algunos manuales de estilo tratan de neutralizar el género para evitar un supuesto lenguaje machihembrista (¿O hembrimachista?). Lo cierto es que es muy poco útil para tal práctica por la imposibilidad de leerla.

   En inglés se puede leer como «et», y en latín como «ad», pero en español ni siquiera tiene sonido asignado. Os reto a leer esto:

Estás muy guap@. (clic para escuchar)

Antígrafo o calderón (¶)

   El calderón es ese signo tipográfico que aparece por todas partes cuando haces nosequé en Word y al que mucha gente odia. Indica los saltos de párrafo y, a diferencia de casi toda la humanidad, puedo afirmar que muchos escritores trabajamos con este y otros signos desplegados por la pantalla.

¡Lo invocamos adrede!

   Se originó allá por la edad Edad Media para marcar un cambio en el tema del texto. El aquél momento era difícil y caro conseguir pergamino, por lo que no se desperdiciaban líneas en blanco. Ahora, por suerte, tendemos a ordenar las ideas en párrafos, lo que clarifica mucho la lectura.

Óbelo (†) y óbelo (÷)

   Es muy divertido que dos conceptos que no tienen nada que ver el uno con el otro acaben por llamarse de la misma manera, ya que causarán mucha mayor confusión que si tuviesen cada uno su propio nombre.

   Mientras que óbelo hace referencia a la cruz latina, donde una de las líneas es más grande que las otras tres, que son iguales; óbelo (no confundir con el óbelo de antes) hace referencia al signo matemático usado en las divisiones o cocientes.

   Lo cierto es que la culpa de esta casualidad es de un tipo llamado Johann Rahn, quien usó por primera vez el signo ÷ en un libro de álgebra. Rahn podría haber elegido cualquier palabra no usada en el planeta, como ascerotipo, pozinblo o zascrapo. Pero en su lugar decidió que era mucho mejor ponerle el nombre de algo que ya existía.

   Para hacerlo aún más divertido, la RAE ha decidido ignorar ambos conceptos y pasar por encima siglos de historia para referir óbelo (no confundir con el óbelo anterior ni con el otro óbelo) a «obelisco».

   ¿No es algo genial?

Numeral (#)

   Lo conocías como almohadilla, ¿verdad? Pues me temo que, a menos que vivas en Argentina o Uruguay, el término correcto es «numeral». Pero no te preocupes, no eres el único que se ha equivocado, porque este debe ser el signo con más nombres (y los más bobos) del mundo. Igual hasta tiene un récord al respecto.

   Se lo conoce como numeral, almohadilla, cuadradillo, cuadradito, grilla, signo de número, cardinal, sostenido, michi, tatetí, tresenlínea, gato, vieja, barras, barras-barras, distinto a y rayitas cruzadas. Y eso tan solo en español.

   En catalán recibe los nombres de quadradet o coixinet; en vasco se lo conoce como traol, trebol y troboil; y en gallego como grade, grella o cancelo.

   Pero no acaba aquí, porque lejos de tener pocos nombres, en cualquier otro idioma también parecen multiplicarse. En inglés puede ser llamado de 27 maneras diferentes según la Guía de Pronunciación Unix: number sign, pound sign, hash sign, square, sharp, cross, comment sign, hash, crosshatch, pound, number, octothorpe, fence, crunch, mesh, hex, flash, grid, pig-pen, tictactoe, scratch, gate, hak, oof, rake, unequal, punch mark. Imaginad la de nombres que tendrá en los cientos de idiomas.

   Lejos de llegar a un consenso, en los últimos años su uso como signo que precede el enlazador «hashtag» le ha dado un nuevo nombre. Pues eso, llámalo como quieras, mientras que el de al lado te entienda…

Et, o ampersand (&)

   Más conocido como ampersand o «esa cosa rara que significa “y”», este no es nada nuevo. De hecho, el signo nació en el siglo I d.C., usado por los romanos como derivado de la ligadura latina «et» (y, en latín).

   El nombre inglés surge de la expresión «and per se and» (y por sí mismo, y), convirtiéndola en el único signo cuyo nombre explica su función sintáctica dentro de una oración. Aunque dentro del nombre-definición se encuentre el objeto a definir.

   A diferencia de otros idiomas, no resulta muy usada en español porque no es nada cómoda. Sustituir el «and» por el «&» es económico. Pero teniendo la «y», poco ahorro supone el garabato.

Pleca o barra vertical (|)

   ¿Sabes ese palito que usamos de vez en cuando para dibujar en ASCII? Pues se llama pleca.

   Aunque su uso aprobado es, para métrica, el de signo ortográfico auxiliar para separar los pies que componen los versos y; en fonética, para marcar una pausa breve dentro de un enunciado; lo cierto es que su mayor uso es como valor absoluto en matemática:

|-3| = 3

   Además, se tiende a usar en Internet para separar datos en los blogs, como cuando se indica la fecha de publicación y el autor:

Fecha: 18:00 PM 29/02/2016 | Autor: Marcos Martínez | Etiquetas: Signos, Curiosidades

   Y, por supuesto, para dibujar conejitos ASCII.

Asterisco (*)

   Sí, yo sé que tú sabes que esto es un asterisco: *. Pero lo que quizá no sepas es que un asterisco no tiene por qué ser exactamente así o como aparece en tu teclado. Según José Martínez de Sousa, «las puntas pueden ser angulares, ovaladas o rectilíneas, normalmente del mismo tamaño, aunque se dan casos de asteriscos o estrellas con puntas más grandes que otras (especialmente en grafismo publicitario). Todas parten de un punto común, el centro del asterisco, y se disponen circularmente, en general equidistantes entre sí».

asterisco

El asterismo (⁂)

   No, no me he equivocado, os doy la palabra de que esa cosa tan bonita existe, y se llama asterismo. Como si de un pokemon evolucionado se tratase, es la unión de tres asteriscos en una estructura triangular.

Magnemite y magneton

Los pokemons magnemite (izquierda) y magneton (derecha, y evolución de magnemite) que me ayudan a explicar el chiste malo de arriba.

   El origen es el concepto astronómico «asterismo», que viene a decir que una formación de estrellas es fácilmente recordable porque evoca una figura, aun a pesar del hecho de que cuando miras hacia arriba (hacia las estrellas en una noche clara) tú no ves una balanza, un león o un pez. Solo ves «puntitos» informes.

   Hoy en día casi no tiene uso salvo concepto estilístico para separar capítulos o citas de un libro. Y es importante no confundirlo con el signo lógico «∴» que significa «por lo tanto».

Equis (x), por (*) o punto medio (·)

   Aunque ya hemos visto el asterisco y sabemos lo que es una equis (o eso espero), me ha parecido interesante continuar por los signos operacionales y las incongruencias para hablar de la incomprendida y caótica multiplicación.

   La multiplicación es esa operación matemática que se denota con una equis cuando somos pequeños. Pero que de un curso a otro pasa de la letra al punto medio, tan solo para confundir más a los niños que cogen una calculadora por primera vez y que no localizan el símbolo.

   Matemáticos y profesores de todo el mundo, por favor, los niños no tienen la culpa de nada. No seáis cabrones y usad solo el punto medio. Gracias. Atentamente, un exniño pequeño.

Punto gordo o bullet (•)

   Este punto no tiene nada que ver con el punto medio de multiplicar anterior. Para hacer más gracioso el lenguaje y la complicación de escribir, este es uno diferente que se parece bastante.

   Este signo se usa para la realización de listas que no requieran numeración en textos enriquecidos HTML. Quizá por su relativa modernidad nos tengamos que referir a él como punto gordo o usar su nombre en inglés. Este, «bullet» (bala), deriva de las antiguas esferas de hierro que lanzaban los cañones, y a las cuales se parece bastante.

bala de cañón

   También se admite como bullet el punto vacío ◦ (no confundir con grados °), el triangular ‣ y el hyphen ⁃ (no confundir con la raya o guion) entre otros.

Raya (—) y guion (-)

   Aunque es verdad que tendemos a usar los signos para hacer lo que nos da la gana con ellos, como dibujar caritas (O_o), lo cierto es que cada signo tiene su uso y sus reglas. En el caso de la raya y el guion (sí, «guion» se escribe sin tilde) el uso es bien diferenciado.

   Mientras que la raya es más larga que el guion y se usa para hacer aclaraciones o escribir diálogos; el guion se usa como signo de unión entre palabras o incluso de otros signos, así como para dividir las palabras al final del renglón.

R de raíz cuadrada (√) y S de integral (∫)

   Aunque tendemos a llamarlo «signo de la raíz cuadrada», este operador matemático es en realidad una «r» minúscula estilizada por Christoph Rudolff en 1525, a quien escribir constantemente «radix» le debía parecer un suplicio.

   Algo similar ocurrió con el operador de la integral allá por 1676. Leibniz, uno de los dos tipos (junto con Newton) que dijeron que eso de la integral lo habían inventado ellos, decidió alargar la «S» de «summa» hasta cubrir en vertical el alto de la fórmula a la que atendía. Así:

integral

   Dado que ambos signos eran muy fáciles de escribir, hoy en día usamos dos letras deformes en la formulación matemática. Para que veas lo que son las cosas.

Virgulilla (~)

   Conocida como la «tilde de la eñe», lo cierto es que virgulilla puede hacer referencia tanto a esta tilde como al apóstrofo y a la cedilla. En España somos tan geniales que su nombre castellano específico (y que conste que esto viene de la RAE) es «tilde de la eñe».

   Es usado en matemáticas para indicar que algo es casi igual a otra cosa, o que es aproximado. Aunque en un lenguaje formal tiende a doblarse (≈).

Antilambda o diple (< >)

   Los conocidos como «mayor o menor que» tienen estos dos nombres. El primero de ellos, antilambda, probablemente venga del hecho de que tanto el < como el > son iguales que la letra griega Λ girados 90 grados. El segundo, diple, proviene de la inversión del signo latín > en <.

   Hoy en día tan solo son muy usados en matemática para indicar que algo es mayor o menor que otra cosa, en informática para establecer relaciones padre-hijo y en lingüística para decir que existe una relación entre un término u otro (generalmente que una palabra derivó en otra).

Cuadrantín ( )

   Ya, es un poco raro que a un espacio en blanco se le llame de alguna manera, pero es que todo lo que existe tiene que tener un nombre. Y un espacio en blanco del ancho de una letra, existe.

   Aunque se lo conoce coloquialmente como «espacio», el cuadrantín es la medida de un espacio en blanco, y no tanto el hueco en sí. Por lo tanto es más una medida de ancho que un signo. Pero oye, dado que técnicamente no puede ser dibujado, ¿qué menos que incluirlo en la lista que nos dé la gana? Al fin y al cabo, nadie lo va a ver.

   El cuadrantín puede dividirse en medio cuadrantín, un tercio (conocido como «espacio grueso»), un cuarto (conocido como «espacio mediano») y un quinto o sexto (conocido como «espacio fino»).

   No contentos con estas divisiones, también existen los espacios de cifra, tabulador y de puntuación. Aunque lo cierto es que se podría escribir un libro acerca de los espacios, su evolución histórica y esa capacidad de adaptarse a las palabras de una línea llamada flexibilidad, mejor lo dejamos aquí. Como es muy posible que hayáis entrado aquí buscando curiosidades, diré simplemente que existe un espacio de 0 puntos de anchura llamado con originalidad «espacio de anchura nula».

   No me preguntéis para qué vale, yo no soy de letras.

   Tras buscar información, leer foros y bibliografías relacionadas con el buen uso y el mal uso de los signos, llego a la conclusión de que, en general, se usan todos bastante mal. Principalmente por desconocimiento y por falta de ganas de aprender cómo funcionan de verdad o para qué deben usarse. Pero también porque en Internet han surgido nuevas estructuras de texto que carecen de un estudio y una normalización actualizada.

   Si sabéis de algún signo más, ¿por qué no lo compartís con la clase? 😉

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