Hitler (derecha) junto a varios compañeros durante la guerra

Hitler (derecha) junto a varios compañeros durante la guerra

   Uno de los clichés por excelencia de los viajes en el tiempo es el de ir al pasado para asesinar a Adolf Hitler e intentar evitar así el holocausto y la Segunda Guerra Mundial. Hay que reconocer que la idea de que una sola decisión, un único gesto, el de mover unos centímetros un dedo para apretar un gatillo, pudiera cambiar radicalmente el futuro, evitando 60 millones de muertes, tiene su encanto, pero es una interpretación bastante simplista de la historia. Al fin y al cabo, las tensiones políticas y los conflictos derivados de la Primera Guerra Mundial y de la gran depresión de los que Hitler sacó provecho no fueron provocados por él. En su novela Haciendo historia Stephen Fry especula con la posibilidad de que un viajero del tiempo asesinara a Hitler sin que ello pudiera evitar el holocausto ‒el líder genocida fue sustituido por otro igual de despiadado‒.

Henry Tandey de soldado

Henry Tandey de soldado

   Pero hubo una persona que tuvo en su mano la posibilidad de de hacer realidad el sueño de casi todo viajero del tiempo, alguien que podría haber matado a Hitler apretando un gatillo: un soldado británico llamado Henry Tandey. Su valentía y su coraje durante la Primera Guerra Mundial innumerables condecoraciones, entre ellas la prestigiosa medalla Victoria Cross. Sin embargo, a pesar de todos los reconocimientos, Tadley lamentaría hasta el final de sus días una decisión tomada desde la compasión: perdonarle la vida a un joven soldado alemán llamado Adolf Hilter.

   Hitler se había presentado como voluntario en el ejército alemán y se le asignó al 16avo regimiento de infantería Bávaro. Después de menos de tres meses de entrenamiento, fue enviado al frente occidental. En octubre de 1914 Tandey y Hitler se encontraron frente a frente, durante la batalla de Marcoing. Los alemanes se estaba retirando y Hitler, que estaba herido, ni siquiera intentó levantar su rifle contra Tandey. Este tenía a Hitler en el punto de mira pero no es capaz de apretar el gatillo contra un hombre indefenso y lo dejó marcharse.

   Durante 20 años Henry no tenía ni idea de que había perdido la oportunidad de matar a Hitler, pero en 1938 recibió una llamada de teléfono del primer ministro británico Neville Chamberlain, que acababa de regresar de una reunión infructuosa con Hitler para hablar de la guerra. Chamberlain visitó a Hitler en su mansión en los Alpes y allí vio una reproducción de un famoso cuadro llamado The Menin Crossroads, en la que el artista italiano Fortunino Matania había pintado al regimiento de Tandey y al propio Tandey en primer plano mientras cargaba a un soldado herido en la batalla de Ypres en 1914.

The Menin Crossroads

The Menin Crossroads

   En 1918 Hitler había reconocido a Tandey en la foto de un diario cuando le otorgaban la Victory Cross y se quedó con el recorte. Muchos años después, en 1937, Hitler conoció la pintura y consiguió la reproducción. Hitler le contó a Chamberlain que aquel hombre había estado a punto de matarlo pero le había perdonado la vida y por ello le estaba profundamente agradecido, así que le pidió a Chamberlain que le transmitiera sus agradecimientos.

   Cuando Tandey descubrió que había tenido la vida de Hitler en sus manos lamentó profundamente no haber disparado. Tan arrepentido estaba que con 49 años intentó volver a unirse a su viejo regimiento diciendo que esta vez no se lo dejaría escapar. A partir de ese descubrimiento Tandey no dejaría de preguntarse qué hubiera pasado si hubiera matado a Hitler. ¿Podría haber evitado el holocausto, la Segunda Guerra Mundial y las muertes de decenas de millones de personas con solo apretar un gatillo? Este pensamiento atormentó a atormentó a Tandey el resto de su vida y hasta su muerte en 1977, a la edad de 86, tuvo que vivir con el estigma de ser el hombre que no disparó a Hitler.

Henry Tandey a los 85 años, con la medalla Victoria Cross

Henry Tandey a los 85 años, con la medalla Victoria Cross

   A día de hoy todavía hay serias dudas de que aquel soldado que Tandey tuvo delante y al que perdonó la vida fuera Adolf Hitler, aunque desde luego el soldado británico estaba seguro de eso. Así lo cree también el historiador David Johnson, que escribió un libro titulado El hombre que no disparó a Hitler. También hay quienes piensan que aquel episodio fue todavía más decisivo en el porvenir de Hitler, que, al perdonarle la vida, este comenzó a creer que estaba destinado a la grandeza.

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