Ciencia ficción

Ciencia ficción

   Para un amante de la ciencia ficción preguntarse por su utilidad puede tener el mismo valor que cuestionarse para qué sirve la literatura en general o por qué leer a los clásicos en particular. «La única finalidad de la literatura es hacer a los lectores capaces de gozar mejor de su vida, o de soportarla mejor», escribió Antoine Compagnon. Leemos para intentar comprendernos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea, para conocer algo más acerca de nuestras contradicciones, miserias y grandezas, de lo que nos hace humanos. Un libro como La Odisea sirve para ilustrar la búsqueda de la condición humana desde el punto de vista de los griegos. Si quisiéramos reconstruir la historia griega una de las fuentes utilizadas sería La Odisea, porque de alguna manera refleja la época en que fue escrita. Del mismo modo, la ciencia ficción es un espejo de nuestro tiempo. Pero no se agotan aquí sus posibilidades.

   Arthur C. Clarke Clarke describió una vez la ciencia ficción como «la única verdadera droga que expande la conciencia». Cuando los mundos que aparecen en la ciencia ficción son lógicos y posibles, esta se puede usar para explorar nuestro lugar en el universo y considerar las cuestiones filosóficas fundamentales sobre la naturaleza de la realidad y de la mente. Los «¿y si…?» de los que habla el profesor Etienne Augé en una brillante charla de TED. Es lo que ocurre en libros como Ubik de Philip K. Dick o en 2001: Una odisea espacial de Arthur C. Clarke.

   Si la literatura, desde La Odisea, describe el mundo tal y como es, la ciencia ficción es el único género que puede representar el mundo de una manera diferente, como podría ser. En ella está el germen del progreso, ya que nos permite imaginar tanto el futuro que queremos como el que queremos evitar y nos permite plantearnos las distintas maneras que hay de llegar al primero y de prevenir el segundo ‒y que vemos en utopías como 1984, Farenheit 451 o Un Mundo Feliz –. Las anticipaciones de la ciencia ficción al futuro son innumerables. Eso explica que Rod Serling, autor de La Dimensión Desconocida, definiera la ciencia ficción con las siguientes palabras: «La fantasía es lo imposible hecho probable. La ciencia ficción es lo improbable hecho posible». Isaac Asimov, por su parte, la define como «esa rama de la literatura que pacta con la respuesta de los seres humanos para cambiar la ciencia y la tecnología».

Star Trek

Star Trek

   Un curioso ejemplo lo encontramos en la serie de televisión Star Trek. Cuando Nichelle Nichols, en la ficción la teniente Uhura, estaba estaba planteándose abandonar la serie, Martin Luther King la convenció para que continuara argumentando que, como mujer negra, su papel era fundamental para ayudar a crear un futuro en el que las personas aspiraran a ser juzgadas por algo más que el color de su piel. Poco después, Nichols criticó públicamente a la NASA por seleccionar como astronautas únicamente a varones blancos, ante lo cual la agencia aeronáutica la invitó para que formara parte del proceso de selección de candidatos. De esa propuesta salió la elección de Sally Ride, la primera mujer astronauta de la historia, y de Guion Bluford, el primer astronauta negro de la historia. Además, Mae Jemison, la primera astronauta negra de la historia, citó en alguna ocasión Star Trek como una inspiración.

   Es una anticipación que muchas veces es inspiración. Edwin Hubble, uno de los padres de la Teoría del Big Bang, se convirtió en científico después de leer las novelas de Julio Verne. Del mismo modo, el divulgador científico Carl Sagan se vio influenciado por el escritor Robert A. Heinlein. En su novela de 1914 El Mundo Liberado, H. G. Wells imaginó precisamente una bomba de uranio que explotaba indefinidamente. El físico Leo Szilard, uno de los responsables de la creación del Proyecto Manhattan, leyó el libro de Wells y se le ocurrió hacer realidad esa idea. De esta forma, podríamos rizar el rizo diciendo que el origen de las bombas nucleares que cayeron en Japón en 1945 están en un libro de Wells. La ciencia ficción no predice el futuro, sino que ayuda a definirlo.

   En 2010 la Sociedad de Investigación Científica llevó a cabo un estudio en el que se analizó el impacto de la ciencia ficción en la ciencia. Al preguntarle a científicos si se habían visto influenciados por la ciencia ficción muchos de ellos respondieron de forma afirmativa. En algunos casos el género no solo les había resultado inspirador, promoviendo en ellos una actitud más creativa, sino que fue incluso determinante en su decisión de dedicarse a la ciencia.

Ciencia ficción retro

Ciencia ficción retro

  En pocos años hemos logrado avances que hace unas décadas parecían fantasías soñadas por la ciencia ficción: hemos caminado sobre la Luna, hemos creado clones y vida sintética, hemos conseguido almacenar casi todo el conocimiento humano en un dispositivo tan minúsculo que cabe en un bolsillo. Quién sabe qué invenciones llegaremos a asumir como normales el día de mañana. Tal vez el teletransporte, la ingeniería genética de seres humanos, la comunicación con entidades extraterrestres, la construcción de robots inteligentes o de realidades simuladas, los viajes en el tiempo, etc. La tecnología avanza tan rápido, cambiando la sociedad, que plantea retos científicos y dilemas morales sin precedentes hasta ahora. Esto significa que la ciencia ficción es ahora más importante que nunca porque puede ayudarnos a anticipar problemas a largo plazo y ayudarnos a abordarlos, porque cuestiona los límites de la ciencia y de nuestras creencias morales. Las tres leyes de la robótica de Asimov no son solo un contexto de ficción, nos plantea el problema ético que genera la inteligencia artificial y nos ofrece una posible solución.

   En 1978 Isaac Asimov escribió lo siguiente acerca de la importancia de la ciencia ficción: «Es el cambio, el constante e inevitable cambio, el factor dominante en la sociedad. Ya no hay una decisión sensible que pueda tomarse sin tener en cuenta no solo el mundo como es, sino como será… los escritores de ciencia ficción ven lo inevitable, y aunque los problemas y las catástrofes puedan ser inevitables, las soluciones no lo son. Las historias de ciencia ficción individuales pueden parecer triviales ante los ojos de los críticos y filósofos de hoy en día, pero el corazón de la ciencia ficción, su esencia, se ha vuelto crucial para nuestra salvación si es que podemos salvarnos». Es por eso que nuestro mundo necesita la ciencia ficción.

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