Atlas de la España imaginaria de Julio Llamazares

Atlas de la España imaginaria de Julio Llamazares

   La afortunada combinación de geografía y literatura bien valdría por sí misma para crear un género. Y es que hay libros en los que conviene entrar con un buen mapa en las manos para tener una mejor comprensión de los espacios donde transcurren. Por suerte, han empezado a surgir algunos atlas literarios, bastante impresionantes, para arrojar un poco de luz a las sombras de las topografías librescas. Los volúmenes de referencia son Breve guía de lugares imaginarios de Alberto Manguel y Gianni Guadalupi e Historia de las tierras y los lugares legendarios de Umberto Eco. Ambos atlas tienen la virtud de recoger lugares fantásticos o legendarios, engendrados en la imaginación de algún juntaletras.

   Sin embargo, el que ahora publica Julio Llamazares en Nórdica bajo el título de Atlas de la España imaginaria es muy distinto. Llamazares, que nació en un lugar que tiene ya un halo de fantástico, el desaparecido municipio de Vegamián, propone en este libro un viaje por sitios míticos como Babia, Jauja, los cerros de Úbeda o la Ínsula Barataria, con la particularidad de que todos ellos son lugares que existen de verdad. Porque estar en Babia, así, como estar en Marte o en la Luna, además de despistarse puede equivaler a pasear por frondosos valles en León; irse por los cerros de Úbeda no solo implica irse por las ramas o salirse por la tangente sino que puede conllevar viajar hasta la provincia de Jaén; o esto puede ser Jauja sin que eso suponga que nadie trabaje ni que tengan una felicidad sin fin. Todos ellos son, en fin, lugares literarios y literales al mismo tiempo.

   El escritor leonés viaja de una punta a otra de la geografía española para descubrirnos lo que hay de literario en ella. Siete enclaves que forman ya parte del imaginario colectivo y que incluyen, además de los mencionados, Fuente Obejuna ‒que no Fuenteovejuna‒, Pinto y Valdemoro y Las Batuecas. Lugares que o bien inspiraron obras literarias o bien pasaron a formar parte del lenguaje coloquial, o incluso ambos, sin que seamos conscientes de que al nombrarlos estamos mencionando sitios que existen en la geografía de nuestro país. «Desmitifica la topinimia mágica poniéndoles rostro a los vecinos de carne y hueso que habitan esos lugares», escribe Pedro García Marín en el prólogo. Y es que el tema no es precisamente original. Infinidad de lingüistas, desde Covarrubias, se han quebrado la cabeza tratando de buscar las etimologías de expresiones que usamos a diario, frecuentemente con explicaciones de lo más peregrinas. Llamazares recoge algunas de esas conjeturas, pero quizá lo más original radica en el punto de vista desde el que lo hace, trabando literatura y realidad de una forma difícil de despegar.

   Un viaje que no estaría completo si solo se desarrollara a través de las palabras. ¿Qué sería de un atlas sin imágenes? Y también en el aspecto visual hay una curiosa combinación de fantasía y realidad. Por una parte, cada uno de los lugares se acompaña con una ilustración de David de las Heras, que consigue trasladar al lector a un entorno mítico y de ensoñación a través de un estilo de suaves colores pastel, un tanto naif. Por otra, al final del libro cada espacio cuenta con dos fotografías de José Manuel Navia, llenas de sencillez y honestidad, que muestran a las claras el realismo que hay detrás de esos lugares fabulosos. Una combinación que resulta todo un acierto.

   Es de agradecer que Nórdica no se haya limitado a recopilar unos textos que Llamazares publicara por separado en su día en el Magazine de La Vanguardia, sino que les haya dado el diseño que un verdadero atlas se merece. Una joya que conviene tener bien a mano para aquellos lectores que quieran hacer turismo por una España distinta, en la que lo real y lo literario se dan la mano.

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