Fotografía de Gabriel Casas

Fotografía de Gabriel Casas

   Comprar libros y leerlos son dos cosas muy distintas. A veces, por contradictorio que parezca, son opuestas. O por lo menos es así cuando la cantidad de libros que se compran supera con creces al tiempo que se tiene para leerlos, lo que hace que los datos de venta de un libro sean poco fiables si se quiere extrapolar esa información a la cantidad de veces que se ha leído. Existe, incluso, un nombre, tsundoku, para la supuesta enfermedad de acaparar libros como si no hubiera mañana a sabiendas de que no se van a leer. ¿Es, quizá, fetichismo librero puro y duro? La plataforma de publicación Jellybooks ha realizado una lista, a mí parecer bastante acertada, con las ocho razones más habituales por las que compramos libros.

1. Entretenerse

Es el motivo más evidente para comprar un libro, ya sea de ficción o de no ficción. Dependiendo de su extensión y de tu velocidad de lectura, un libro te garantiza varias horas de ocio. Si has comprado un libro por este motivo lo más probable es que no pospongas mucho su lectura y que lo hagas en no demasiado tiempo. Y, una vez terminado, si te ha gustado seguramente se lo recomendarás a amigos y conocidos. Hay que admitir que algunos de estos libros son «placeres culpables», que no solo no recomendarás sino que ni siquiera admitirás que has leído.

2. Entretenerse en un futuro

Existe una gran cantidad de libros que se compran no para leerlos de inmediato sino con vista al futuro, tal vez por ese afán acaparador que tenemos muchos lectores ‒entre los cuales me incluyo‒. En este grupo hay libros que se califican de éxito porque tienen un elevado número de ventas pero que, al fin y al cabo, no se llegan a leer y, por tanto, tampoco se recomiendan. Muchos de ellos son libros electrónicos que compramos cuando aparecieron en una oferta irrechazable y que realmente no nos interesaban tanto.

3. Aprender

Aquí entrarían sobre todo libros de no ficción que a menudo no suelen ser leídos de forma lineal de principio a fin sino en función de los intereses y las necesidades del lector. Que el libro no se termine no es tan importante para el lector como el aprendizaje que obtenga de él. Puede ocurrir, incluso, que haya lectores que lean los primeros capítulos, más introductorios, y desechen el resto del libro, lo que no significa necesariamente que no lo recomienden.

4. Estar obligado a leerlo

Estos libros no son elegidos de forma voluntaria pero por alguna determinada razón nos vemos en la obligación de leerlos. Muchos de estos libros suelen ser grandes clásicos de la literatura que nos vemos obligados a leer por imposiciones educativas de las escuelas, los institutos o las universidades. En etapas de educación superior también entran los manuales, ya sean los recomendados ‒o impuestos‒ por los profesores o los que leemos de forma más o menos voluntaria para completar nuestra formación.

5. Sentir la presión social de leerlo

Los libros que nos sentimos obligados a leer por presión social varían dependiendo de los círculos en los que nos movamos. En función de esto, un lector se puede sentir socialmente presionado para leer Cincuenta sombras de Grey o La broma infinita. Son libros que aunque sean difíciles de leer se suelen terminar precisamente por esa necesidad de seguir la corriente de la sociedad. Hay que diferenciar estos libros de aquellos que nos son recomendados o cuya fama se ha difundido a través del boca a boca y que nos leemos con cierto gusto, sin sentirnos presionados.

6. Creer que te hace parecer inteligente

Estos son los libros que ponemos en un lugar destacado de nuestra librería para que las visitas vean lo cultos y leídos que somos. Estos son, en gran medida, los libros que compramos y que no leemos, porque en realidad no importa si no los hemos leído, lo importante es que los demás crean que lo hemos hecho. Suelen ser libros que han ganado prestigiosos premios o autores que acumulan elogiosas críticas de la élite intelectual a sus espaldas, por lo que en su compra también participa la presión social. En general son libros que se leen muy despacio y que no se terminan pero que se recomiendan con mucha frecuencia.

7. Comprar un libro para regalarlo

Para los lectores un libro es el regalo perfecto. Intentamos comprarlos pensando en el destinatario con la intención de que lo lea y de que no lo deje relegado a un rincón de su librería, pero incluso aunque sean para regalar los libros que compramos dicen mucho de nosotros mismos. Son libros cuyas ventas se disparan de fechas clave del año, sobre todo en verano y en Navidad, momentos apropiados para los regalos o en los que se dispone de más tiempo para leer.

8. Comprar un libro por impulso

Este último motivo por el que compramos libros es un tanto inexplicable. A veces estamos en una librería y sentimos una indescriptible necesidad de tener un libro en nuestro poder. Puede ser una mezcla de algunos de los puntos anteriores o ninguno de ellos. También es posible que se deba a unas circunstancias muy concretas, como por ejemplo que vamos a hacer un viaje a un determinado lugar y nos apetece leer sobre él o que vamos a asistir a la presentación de un libro y queremos leerlo antes. A veces este impulso puede nacer de un simple estado de ánimo.

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