Ayn Rand

Ayn Rand

   Pocos filósofos pueden presumir de haber escrito bestsellers, pero desde luego la estadounidense de origen ruso Ayn Rand es una de ellos. Con su novela de 1943 El manantial ha conseguido vender más de 6,5 millones de copias en todo el mundo. En ella, y en La rebelión de Atlas, crea el arquetipo de lo que se ha dado en llamarse héroe randiano, un hombre cuya independencia e individualismo hacen que entre en conflicto con la masa de la sociedad, a la que finalmente logra sobreponerse consiguiendo triunfar.

   A través de sus novelas Rand funda la ética objetivista y el egoísmo racional, una teoría filosófica que no solo rechaza la idea de que el individuo tenga que vivir por los demás como deber moral sino que defiende que llevar una vida cuya finalidad última sea la satisfacción personal es una conducta virtuosa, siempre y cuando se respeten los derechos racionales de los demás y los demás respeten los de uno mismo. Según Rand, el hombre «debe existir por sí mismo y para sí mismo, sin sacrificarse por los demás ni sacrificando a otros. La búsqueda de su propio interés racional y su felicidad es el más alto propósito moral de su vida». Llevado a sus últimas consecuencias, el objetivismo considera que actuar en contra del propio interés es algo irracional e inmoral y que el altruismo es un vicio porque supone anteponer y satisfacer las necesidades de los otros frente a las de uno mismo.

   Años más tarde Rand sistematizará su doctrina fuera de la ficción en su colección de ensayos titulada La virtud del egoísmo. De ahí es de donde he sacado la conocida cita con la que abría el artículo, «para saber decir yo te quiero primero hay que saber decir yo». En esa obra además aclara que el egoísmo racional es contrario al capricho irracional ‒propio de los egoístas sin ego‒ y que el altruismo, entendido como abnegación, autosacrificio, autoinmolación o incluso autodestrucción, es algo distinto a la simple amabilidad con el prójimo. Y es que el hombre, para ser racional, debe entender que su propia vida es el valor más importante, la racionalidad su mayor virtud y su propia felicidad el fin último de su vida.

   Al margen de las críticas que puedan hacerse desde un punto de vista filosófico a la teoría de Rand, el objetivismo ha sido una línea de pensamiento muy polémica por sus implicaciones en política y en economía. El único sistema social coherente con el egoísmo racional es aquel que antepone los derechos individuales a todo, es decir, el consagrado por el liberalismo y el capitalismo. Eso explica que aunque su pensamiento generalmente sea rechazado por los filósofos se haya convertido en una clara influencia para muchos políticos conservadores estadounidenses.

   Por cierto, tras la muerte de Rand el testigo fue recogido por uno de sus discípulos, el también filósofo Leonard Peikoff, heredero y gestor de su patrimonio y fundador en 1985 de el Instituto Ayn Rand, la institución que hoy en día se encarga de mantener viva la llama de la autora de El manantial.

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