Librería iraní

Librería iraní

   Para alguien a quien no le guste la lectura que te obliguen a leer ‒o, si te gusta, que lo hagan con un libro que no te interesa‒ puede ser una auténtica condena. Sin embargo, de ahí a convertir la lectura en una sentencia penal para castigar a delincuentes parece que hay un trecho. Aunque eso es lo que podremos ver a partir de ahora en algunos juzgados de Irán, un país que no es precisamente conocido por sus libertades ni por las bondades de su sistema judicial. A pesar de ello, el juez Qasem Naqizadeh, que preside un tribunal de la ciudad nororiental de Gonbad-e Kavus, está planteando alternativas para evitar el «impacto físico y psicológico irreversible sobre los presos y sus familias» que puede tener una condena en la que haya prisión de por medio.

   Según ha informado el diario BBC, una reciente ley iraní permite a los jueces decidir penas alternativas a la prisión. En el caso del juez Naqizadeh, la pena que baraja consistiría en comprar y leer cinco libros ‒de entre una selección previa‒ para, a continuación, escribir un resumen de ellos que más tarde sería entregado al juez, acompañados de alguno de los dichos atribuidos al profeta Mahoma. A continuación los libros serían donados a la prisión local. El objetivo de este tipo de sentencias es que el castigo sea más espiritual que físico, que sirva para educar a los delincuentes. El perfil de delincuente al que se podría aplicar este tipo de pena sería el de adolescentes y jóvenes en general, acusados de delitos menores, y que tengan antecedentes penales.

   Aunque están graduados por dificultad, la lista de libros será cuidadosamente seleccionada de manera todos los presos puedan elegir cualquier libro independientemente de su nivel de instrucción, de su conocimiento o de su edad. Afirma Naqizadeh que la lectura contribuye a reducir considerablemente las peleas entre los internos, lo que hace que el beneficio sea doble. Por una parte se educa al delincuente y por otra se amplían los fondos de la biblioteca de la prisión.

   Esta noticia contrasta con otra singular medida a la que se decidió poner fin en Rumanía a principios de este año: permitir a los presos reducir sus penas a cambio de escribir libros, en concreto treinta días de condena por cada libro escrito.

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