Alexander Graham Bell besa a su esposa Mabel Hubbard Gardiner dentro de una de las cometas - 16 de octubre de 1903

Alexander Graham Bell besa a su esposa Mabel Hubbard Gardiner dentro de una de las cometas – 16 de octubre de 1903

   Graham Bell ha pasado a la historia del siglo XX, sobre todo, como el inventor del teléfono. Se sabe ya que el inventor británico solo fue más rápido obteniendo la patente, puesto que el aparato ya había sido desarrollado anteriormente por el italiano Antonio Meucci, su verdadero inventor. Por lo que no es tan conocido es por sus estudios de aeronáutica y sus aportaciones a la tecnología de la aviación.

   En 1899, Graham Bell comenzó a experimentar con cometas en busca de ideas sobre la posibilidad del vuelo propulsado. Basándose en el trabajo del australiano Lawrence Hargrave, un pionero del desarrollo aeronáutico al que nadie se tomó lo suficientemente en serio, Bell inició sus propios experimentos con una serie de cometas de diseños tetraédricos. El problema básico al que se enfrentaron Hargrave y Bell ‒y otros tantos pioneros‒ era que a medida que el área de la superficie de un cuerpo se elevaba al cuadrado, su peso era elevado al cubo, lo que limitaba su tamaño máximo y su capacidad de vuelo.

   Durante años de experimentos en su laboratorio de Nueva Escocia, Bell descubrió que la solución a ese problema podría ser el tetraedro, prisma de cuatro caras con forma de pirámide de base triangular. Así, comenzó a multiplicar las células de elevación, creando completas y extrañas estructuras compuestas de varios cometas. Creando estos conjuntos de células en forma piramidal, Bell consiguió ampliar el área de las estructuras sin aumentar la proporción de peso-superficie.

   La cometa tetraédrica más grande se llamó «Cygnet» ‒literalmente cría de cisne‒ y se componía de 3.393 células. No solo voló con éxito sino que logró transportar a un pasajero humano. Por desgracia la estructura se destruyó durante el aterrizaje. Una curiosa coincidencia es que ese pasajero, Thomas E. Selfridge, teniente del ejército de EE.UU., tiempo después se acabaría convirtiendo en la primera persona en morir en un accidente de avión como pasajero de un invento de los hermanos Wright.

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