Literacy-Games-for-kids   En La piedra de Sísifo hemos hablado en muchas ocasiones de los beneficios de la lectura. Los que somos lectores estamos convencidos de ello porque lo hemos experimentado en nuestra propia piel y muchas veces nos empeñamos en que los demás lo experimenten también sí o sí. Sin embargo, hay campañas de fomento de la lectura que, aunque estén planificadas con la mejor de las intenciones, acaban por tener un efecto contraproducente y en lugar de crear lectores los espantan. Es lo que puede ocurrir, en buena medida, con las lecturas obligatorias de los planes de estudios de colegios e institutos, que no

   Así lo confirma una reciente noticia de The Atlantic, en la que se mencionan estudios que ponen de manifiesto los efectos negativos de los estímulos externos en el fomento de la lectura, no solo de las lecturas obligatorias sino de las recompensas, los plazos o cualquier tipo de objetivo. En estos casos la motivación externa hace que el interés del niño por una actividad, cualquiera que sea, disminuya de forma considerable. Es lo que ocurre con las lecturas controladas, ya se planteen de forma obligatoria o voluntaria, que convierten lo que debería ser una actividad placentera en una tarea. Si les obligas a leer es difícil que asocien esta actividad a algo que pueden hacer en su tiempo de ocio.

   Otro estudio que se menciona en el artículo, publicado hace unos años en la revista Journal of Research in Education, demostró los efectos negativos de las lecturas controladas en el interés de los jóvenes hacia la lectura. Se dividieron cien alumnos en dos grupos: el primero tenía un control obligatorio de las lecturas que hicieran mientras que el segundo podía registrar esas lecturas de forma voluntaria. Los primeros tenían la obligación de leer un mínimo de veinte minutos cada noche y debían demostrar que efectivamente se había realizado con la firma de sus padres; al segundo grupo se le recomendaba que leyera pero se le daba la opción de no hacerlo si no les apetecía. Al comparar la predisposición de los alumnos hacia la lectura antes y después del estudio se comprobó que los alumnos que habían sido obligados a leer no solo habían experimentado un mayor desinterés sino que incluso habían desarrollado actitudes más negativas; por el contrario, los del segundo grupo demostraron tener un mayor interés y una actitud más positiva.

   Esto explica, en parte, que algunos de los niños que mostraban interés por la lectura en primaria, al entrar en contacto con las lectura obligatorias, pasen al polo opuesto en secundaria, o vayan desarrollando ese rechazo durante ese ciclo. A pesar de ello creo que es un error afirmar de forma rotunda que los profesores sean los responsables de que los jóvenes no lean. Enseñar literatura es algo muy complicado, y todavía lo es más fomentar la lectura desde el sistema educativo, pero con una buena dosis de imaginación se pueden encontrar formas de conseguirlo.

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