Julieanne Lamond

Julieanne Lamond

   La historia de la literatura, y de las artes en general, parece estar dominada casi en exclusiva por hombres, al menos hasta bien entrado el siglo XX ‒todavía, a principios del siglo XX, encontramos ejemplos como el de las Sinsombrero‒. No es de extrañar, teniendo en cuenta que cuando empiezan a tener un papel más significativo en el mundo de la escritura a partir del siglo XIX se vieron obligadas a esconderse bajo seudónimos de hombres para poder publicar o vender libros. Esta situación supuestamente se ha normalizado a finales del siglo XX y principios del XXI. E incluso, en algún caso, se ha llevado a invertir, como ocurre con el periodista Sean Thomas Knox, que decidió firmar su libro Hermanas de hielo con el pseudónimo de S. K. Tremayne para sugerir que era escritora en vez de escritor y vender así más libros.

   Ahora bien, ¿ha sucedido lo mismo con las publicaciones de crítica especializada, que suelen ser medios más conservadores y reticentes a los cambios por estar hasta hace muy poco dominados por hombres? Eso es lo que pretende demostrar un estudio desarrollado por Julieanne Lamond, de la Universidad Nacional de Australia, y Melinda Harvey, de la Universidad de Monash, en el que han revisado los patrones de las principales publicaciones australianas en periodo que abarca desde 1985 hasta 2013.

   La conclusión es que los autores masculinos tenían más posibilidades que las mujeres de que sus libros aparecieran reseñados en ese tipo de medios. En concreto, dos tercios de las reseñas revisadas están dedicadas a libros escritos por hombres, y ello a pesar de que precisamente dos tercios de los escritores publicados en Australia son mujeres, algo que ha venido ocurriendo en los últimos treinta años. Una tendencia que no se limita a la aparición de reseñas en los medios especializados sino que abarca otros ámbitos, como los premios literarios o la inclusión en planes de estudio. No sorprende el dato de que las mujeres tengan menos posibilidades de ganar premios literarios, porque ya tuvimos ocasión de comentarlo hace tiempo a raíz de un análisis que hizo la novelista Nicola Griffith y que demostraba que era así con al menos seis de los más grandes premios literarios.

   Paradójicamente el mayor porcentaje de lectores y, por tanto, de posibles compradores de libros suele corresponder a las mujeres. Según un artículo de The Guardian, en 2006 en Australia la lectura fue señalada como actividad favorita por el 73% de las mujeres frente al 50% de los hombres. Y si nos trasladamos a Gran Bretaña nos estaríamos moviendo en cifras similares: 50% mujeres y 26% hombres.

   Sí, podría decirse que los resultados obtenidos en este estudio solo son aplicables a la literatura australiana, pero según el organismo internacional VIDA, encargado de velar por la presencia de la mujer en la literatura, es el reflejo de una tendencia a nivel mundial. Datos que ofrecen año tras año demuestran que ocurre lo mismo en otros países como Gran Bretaña o Estados Unidos. De cualquier modo, no es difícil comprobar si la crítica literaria mantiene semejantes prejuicios en nuestro país. Basta con tomar varias publicaciones especializadas distintas y ver si el espacio que se dedica a los libros escritos por hombres y los escritos por mujeres está equilibrado.

   En conclusión, todo parece indicar que la literatura escrita por hombres se considera culturalmente superior, algo que debería cuanto menos avergonzar a un mundillo, el de la crítica literaria, que pretende dar una imagen de sí misma intelectual y progresista. Así mismo, es la manifestación de la enorme brecha que existe entre los consumidores de literatura, formados en su mayor parte por mujeres, y los que se dedican a criticar y en no pocas ocasiones a alabar los libros escritos por hombres, que son, en su mayoría, también hombres.

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