book-reading-emotions   Se suele decir que parte de la grandeza de Shakespeare reside en su capacidad para iluminar la experiencia humana. Si una nave extraterrestre llegara hoy mismo a la tierra y quisiera saberlo todo sobre el hombre bastaría con ofrecerles las obras completas de Shakespeare, porque en ellas es posible encontrar la infinidad de matices que alberga el corazón humano. Lo que el Bardo le puede hacer a tu cerebro es sorprendente, no solo porque sea capaz de disparar su actividad como ninguna otra lectura sino por todo lo que puede enseñarnos sobre nosotros mismos. Aunque no es necesario recurrir a un autor de hace siglos. Un libro más actual, como es el caso de Harry Potter, te puede ayudar a desarrollar tu empatía. Una circunstancia que ha llevado a los médicos británicos a prescribir libros a los adolescentes para luchar contra la ansiedad y la depresión.

   Un nuevo estudio desarrollado por académicos de la Nueva Escuela de Investigación Social de Nueva York y difundido por The Guardian aporta nuevas conclusiones que apuntan a esa misma dirección: leer ficción literaria puede ayudar a mejorar la comprensión de las emociones de otras personas. Pero no cualquier ficción literaria vale. Con autores como Salman Rushdie, Harper Lee o Toni Morrison los resultados apuntaban en esa dirección, pero con otros autores más comerciales y centrados en un único género, como Danielle Steel o Clive Cussler, no se llegaban a las mismas conclusiones.

   En primer lugar, David Kidd y Emanuele Castaño, los sociólogos al frente de la investigación, sometieron a más de mil participantes a un test de reconocimiento de autor, pidiendo a los encuestados que trataran de identificar a distintos autores de una lista, que incluía todo tipo de escritores. A continuación se les sometió a una prueba para identificar las emociones a través de los ojos. Después de ver distintas fotografías de personas simplemente tenían que seleccionar una emoción de entre cuatro que se les ofrecían para acercarse a la expresión que creían identificar en esas personas.

   Según informaron los autores del estudio en un artículo publicado recientemente en la revista Psychology of Aesthetics, Creativity, and the Arts, con los escritores que tenían a lo comercial se centraban en un solo género los resultados para inferir sentimientos de los demás empeoraban, puesto que el enfoque de estos autores es más cerrado, se suele centrar en un tema en particular y suele recurrir a una serie de fórmulas reiterativas. Otros escritores, en cambio, se centran más en cualidades estéticas y para desarrollar personajes o tramas suelen usar un punto de vista mucho más amplio, que abarca multitud de temas. «Estos resultados podrían deberse a que la implícita (en lugar de explícita) complejidad socio-cognitiva de los personajes en la ficción literaria incita a los lectores a hacer, ajustar y considerar múltiples interpretaciones de los estados mentales de esos personajes», afirman los sociólogos.

   No es la primera vez que Kidd y Castaño desarrollan un estudio de estas características. En 2013 desarrollaron una investigación en la que ofrecieron fragmentos de ficción literaria ‒incluyendo novelas de género‒ para que los participantes reconocieran las emociones y las conclusiones a las que llegaron eran similares. Entonces los resultados se centraban en la literatura, pero ahora querían dar un salto más comprobando cómo puede afectar la lectura de literatura de ficción en la vida diaria.

   Aunque ambos estudios parecen dividir a los escritores en dos grandes grupos, los que practican una literatura más compleja y los que recurren a fórmulas estereotipadas de género, los investigadores hacen hincapié en que en ningún caso tratan de determinar un juicio de valor. «No queremos decir que leer literatura comercial de género no pueda ser agradable o beneficioso por otras motivos ‒y sospechamos que lo es‒», advierte Kidd. También son conscientes de que no siempre es fácil establecer una frontera entre ambos tipos de literatura. «Lo que estamos diciendo es que hay diferentes maneras de contar una historia, y cada forma tiene un impacto diferente en la forma en que percibimos la realidad social. La ficción literaria, decimos, tiende a desafiar a las categorías sociales ‒los personajes son de categoría resistente‒… La ficción popular, en cambio, utiliza un tipo de personajes que nos ayudan a comprender de inmediato lo que está pasando. Esa es la manera en conocemos el mundo social ‒cómo construimos nuestras identidades nacionales y culturales‒», concluyó Castaño.

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