El nombre del viento de Patrick Rothfuss

El nombre del viento de Patrick Rothfuss

   La fantasía épica está de moda. Lo confirma el boom de determinados libros, ya sean más o menos fieles a los principios del género, como es el caso de El señor de los anillos ‒revitalizado a raíz de las películas‒ o de Canción de hielo y fuego ‒sobre todo por la serie de televisión‒, o ya estén hibridados con otros géneros como el de la ciencia ficción, con ejemplos como Los juegos del hambre o la saga Divergente. Uno de los responsables de esa tendencia es, sin lugar a dudas, Patrick Rothfuss y su Crónica del asesino de reyes, tanto que desde que en 2007 fuera publicado El nombre del viento, primera entrega de la saga, se ha convertido en todo un fenómeno literario. La carta de presentación ponía las expectativas muy altas. De él se dijo que era el nuevo Tolkien, que era un digno sucesor de George R.R. Martin, que su forma de escribir recordaba a Ursula K. Le Guin o que sus historias enganchaban tanto como las de J.K. Rowling. Rothfuss en ningún momento ha ocultado su admiración por todos estos escritores, pero su escritura es mucho más que una amalgama de influencias. Aunque es fácil detectar ciertas influencias, Rothfuss no imita a nadie, su voz es la suya propia.

   En sus casi 900 páginas, El nombre del viento combina la intrincada estructura de historias dentro de historias de Las mil y una noches con el entorno académico de la serie de Harry Potter, en una meditación melancólica sobre cómo el heroísmo puede no tener un final feliz. Su protagonista, Kvothe, una leyenda a caballo entre el héroe y el antihéroe, entre la gloria y la infamia, está de incógnito en la posada de Roca de Guía, donde lleva ahora una vida tranquila. Un misterioso hombre llamado Cronista, encargado de escribir las biografías de los grandes personajes de su tiempo, llega hasta allí en busca del supuesto héroe para recoger el relato de su vida. Kvothe finalmente acepta, en parte para deshacer la leyenda que hay alrededor de él, y a lo largo de tres días completos narrará su increíble historia. El nombre del viento corresponde al primero de esos días.

   Para hacer una idea de lo que un lector puede encontrarse en El nombre del viento, la historia de Kvothe contada con sus propias palabras empieza así: «He robado princesas a reyes agónicos. Incendié la ciudad de Trebon. He pasado la noche con Felurian y he despertado vivo y cuerdo. Me expulsaron de la Universidad a una edad a la que a la mayoría todavía no los dejan entrar. He recorrido de noche caminos de los que otros no se atreven a hablar ni siquiera de día. He hablado con dioses, he amado a mujeres y he escrito canciones que hacen llorar a los bardos. Me llamo Kvothe. Quizá hayas oído hablar de mí.» Un comienzo como este habla por sí solo del éxito fulminante que ha tenido el libro.

   Kvothe es un personaje complejo. Ha sido músico, actor, mendigo, ladrón, estudiante, mago, héroe, guerrero o asesino, entre otras muchas cosas. Pero todo lo que se sabe de él ha sido desfigurado por la fantasía y la leyenda del boca a boca. Su relato, en cierto sentido desmitificador, se remonta a su infancia, pasa por los años difíciles de su niñez y termina con su formación académica. De vez en cuando se producen breves incisos en los que se vuelve a la actualidad de Roca de Guía. Kvothe, como buen narrador que es, sabe dosificar bien la tensión narrativa de su relato. De esa manera el personaje va hilando unas historias dentro de otras, aventuras que se van conectando a través de sus palabras.

   Dicho así puede parecer una historia típica: infancia del héroe, como cae en desgracia, como es capaz de solventar las dificultades que se le presentan, una búsqueda, etc. Sin embargo, ni mucho menos lo es. Una de las características más ponderadas de Rothfuss es su capacidad para manejar el lenguaje a su antojo, ya sea en la caracterización de los personajes, tanto principales como secundarios, en la minuciosidad de sus descripciones, en el dinamismo de sus diálogos o en su maestría para usar recursos narrativos. Cada mirada, cada gesto, cada pequeño detalle, consiguen despertar el interés del lector de una manera prodigiosa. Su estilo tiene algo de poético pero lo suficientemente disimulado para que el libro sea asequible para todo tipo de lectores. A pesar de tener un ritmo pausado ‒la historia de Kvothe propiamente dicha no empieza hasta pasado el centenar de página‒, en ningún momento llega a ser aburrido. Sus cerca de 900 páginas se devoran levantando la cabeza del libro a regañadientes.

   Con El nombre del viento se puede decir de Patrick Rothfuss lo mejor que se puede decir de un escritor de fantasía épica: ha creado un mundo sólido, complejo, creíble, bien cimentado, y del que se sale queriendo más. Eso explica que la novela llevara a un insólito acuerdo entre la crítica y los lectores. Es deslumbrante. Publicada en 2007, dio fama y gloria a un completo desconocido profesor de lengua y literatura de la Universidad Estatal de Wisconsin y con el paso de los años la Crónica del asesino de reyes se ha ido consolidando como una saga fantástica de referencia. Una novela imprescindible que entusiasmará a los seguidores del género.

Comentarios

comentarios