57c759e1cf294.image   Durante la Edad Media el robo de libros de las bibliotecas eclesiásticas llegó a ser tan frecuente que los monjes se vieron obligados a tomar medidas drásticas para evitarlo como encadenar los libros a las estanterías, los bancos o los atriles. Otra medida la pondrá en marcha Pío V en 1568. En un decreto del 14 de noviembre se advierte que «Hay excomunión reservada a su Santidad contra cualesquiera personas que quitaren, distrajeren, o de otro cualquier modo enajenaren algún libro, pergamino o papel de esta biblioteca, sin que puedan ser absueltos hasta que esta esté perfectamente reintegrada». Como dice Miguel Albero con bastante humor en Enfermos del libro, existía ya entonces muy poca fe en este último castigo, ya que si el libro se devolvía se absolvía al bibliocleptómano y pelillos a la mar.

   De ahí hemos llegado a las sanciones modernas, que van desde la privación del derecho a sacar libros en préstamo durante un tiempo determinado a multas económicas, normalmente con un carácter simbólico. Pero, seamos honestos, las bibliotecas tampoco son de los lugares más concurridos del planeta y si estas no ponen un mínimo interés en mimar a sus escasos usuarios pueden terminar viéndose más vacías de lo que están. Eso explica que se suavicen las sanciones, aunque tampoco conviene abusar de su generosidad, porque hay préstamos que han tardado décadas en ser devueltos.

   En sentido estricto, tanto el que saca a hurtadillas un libro de una biblioteca como el que no lo devuelve están haciendo lo mismo. Ambos están robando. Ambos son bibliocleptómanos. Y como la biblioteca es pública no es a la biblioteca a quien roban esos libros sino al conjunto de la ciudadanía, que son sus legítimos propietarios. Que una biblioteca se esfuerce por recuperar esos libros o que decida endurecer las sanciones equivale a decir que se están preocupando por salvaguardar el patrimonio de todos. Ese es el argumento que ha usado la Biblioteca Pública Athens-Limestone, en Athens, Alabama, para argumentar que harán efectiva la ordenanza municipal que dispone por retraso en las devoluciones de libros multas de hasta cien dólares o penas de cárcel de hasta treinta días, o ambas, según estime el juez.

   La directora de la biblioteca, Paul Laurita, advierte que muchas veces no somos conscientes del valor económico de los libros que hay en una biblioteca. Si un usuario puede sacar en préstamo hasta 25 libros y cada uno de esos libros cuesta unos 25 dólares, el valor de lo que ese usuario tiene en préstamo puede ascender hasta más allá de los 600 dólares. Según estimaciones de la biblioteca el importe de lo prestado sobrepasa ya los 200.000 dólares. Como son libros prestados no siempre les damos el valor que tienen. Laurita afirma que muchos usuarios se dedicaban a prestar a su vez esos libros a otros usuarios que carecían de carnet y que terminaban perdiéndolos. «Algunos pueden decir “Es sólo un libro de la biblioteca,” pero ¿y si desaparecen 300 pelotas de baloncesto del polideportivo? No lo estamos haciendo por nosotros, lo hacemos para la comunidad».

   Si dijéramos que la biblioteca se cruza de brazos para ver cómo el usuario termina siendo castigado sería otra historia. Pero resulta que los préstamos se pueden renovar hasta dos veces, se puede saber cuándo vencen llamando por teléfono o consultándolo por Internet, hay un buzón para dejar los libros si es que la biblioteca está cerrada, se envían avisos por correo electrónico, mensaje o incluso por carta certificada con el suficiente tiempo de antelación. Hay que ser muy dejado para obligar a la biblioteca a poner en marcha las sanciones previstas por la ordenanza municipal.

   Ya a principios de año vimos cómo una pareja fue condenada en un juicio a pagar una multa de más de 200 dólares acusados de hurto por no devolver un libro del Dr. Seuss que habían sacado de la biblioteca para su hijo. El problema de establecer penas de cárcel como sanción es que el Departamento de Justicia dejó muy claro que es inconstitucional que alguien sin recursos económicos vaya a prisión por no poder pagar una multa, así que es posible que en un futuro Athens se vea obligada a modificar su ordenanza municipal.

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