Reading In Bed   A menos que te paguen por leer, es posible que sientas que no puedes dedicarle todo el tiempo que quisieras a esta actividad. No importa si leer mucho o poco; si verdaderamente te gusta, siempre querrás más. Pero ocurre a veces que la rutina diaria no nos deja más que unos cuantos huecos al día para la lectura. Para muchas personas el final de la jornada, cuando todas las obligaciones y deberes se han cubierto, es el momento perfecto para perderse entre las páginas de un buen libro, algo que tiene grandes beneficios para tu salud. Así se forma la legendaria pila de libros de la mesita de noche. Por fin llega la hora maravillosa: te acurrucas en la cama con uno de los libros de la pila, lo abres y comienzas a leer, excitado por la aventura que está por venir. Fundido en negro y lo siguiente de lo que eres consciente es de que te despiertas y es por la mañana. Descubres que te quedaste dormido mientras leías, así que recoges el libro de entre las sábanas para comprobar que solo has podido leer unas pocas páginas, muchas menos de las que te hubiera gustado.

   Pasas todo el día con las expectativas de que tendrás un rato para leer por la noche y cuando ese rato llega apenas te llega para leer menos de una decena de páginas antes de dormirte. Y así pasa un día detrás de otro. Y así tardas meses en leerte un libro, a ritmo de unas pocas páginas diarias. Me sorprende lo estereotipada que está la imagen del lector apasionado que es capaz de pasarse la noche en vela apurando un libro, de esos que dicen que van a leer solo un capítulo más y después apagarán la luz, para una vez terminado ese capítulo repetir el mantra, y así toda la noche, y a la mañana siguiente están frescos como rosas. Yo no soy, desde luego, de ese tipo de lector sino del que empieza a cabecear después de leer tres páginas y media. ¿Por qué nadie habla de nosotros ni se viralizan memes sobre nuestra situación? Jonathan Russell Clark ha escrito un interesante artículo sobre el tabú que hay en este tema y lo terrible que puede llegar a ser para alguien que dedica su vida a leer.

   ¿Por qué nos da tanto sueño la lectura si es algo que nos apasiona tanto como al que es capaz de quedarse toda la noche leyendo? De entrada, hay que admitir que no a todas las personas les entra sueño con la lectura y a las que les pasa, no les pasa por el mismo motivo. De hecho, los expertos creen que hay una gran variedad de razones por las que leer puede producir sueño. De cualquier modo, conviene no identificar el bostezo con una señal de sueño. El cerebro necesita oxígeno para funcionar y como leer es una actividad en la que puede invertir mucho esfuerzo, es normal que exija más oxígeno y se tienda a bostezar más.

   Para empezar, aunque el acto de leer aparentemente sea una actividad relajada, nada parecida al ejercicio físico, no es algo calmado como cabría pensar. Los ojos se van moviendo por toda la página y el cerebro interpreta las letras y las convierte en palabras, frases y párrafos, en significado. Que sea intelectual no significa que no sea trabajo. A medida que el cerebro se va desgastando los ojos se van cerrando y llega el sueño. Si tu tendencia es dormirte con un libro en las manos puede que no nada impida que acabe ocurriendo, pero existen algunos trucos para intentar prolongar el tiempo de lectura unas cuantas páginas más, y conseguir así leer algo más al día.

1. Evita forzar la vista

   La lectura en principio no es mala para la vista, siempre y cuando se den unas determinadas circunstancias. Lo ideal sería mantener el libro a una distancia de 30 cm y que haya una fuente de luz que sea lo suficientemente potente como para evitar esfuerzos. Incluso aunque estemos leyendo en un libro digital o en una tablet, si la habitación está a oscuras acabaremos forzando mucho la vista y, lo que es peor, la calidad del sueño empeorará. Lo ideal es usar la luz del techo en lugar de una lampara de mesa, pero esto no siempre es posible si dormimos con alguien al lado. Tal vez sea necesario utilizar gafas en ese momento. Si los ojos se tensan más de lo necesario se empieza a parpadear más de la cuenta y finalmente la necesidad de descansar hace que terminemos durmiendo.

2. Lee sentado

   Cuando se lee lo normal es buscar la posición más cómoda. Si leemos antes de ir a dormir lo más posible es que lo hagamos en posición de acostados o semiacostados. Si la postura es demasiado cómoda nos acabaremos durmiendo. Lo más recomendable para aguantar más tiempo es leer sentado en una silla, con la postura erguida y apoyado sobre una mesa. Tal vez no sea lo más cómodo del mundo, pero evitará que nos durmamos. También podremos probar en sillones, en sofás o en otro tipo de asientos más cómodos, pero hay que ser conscientes de que cuanto más nos tumbemos más cerca estaremos de dormirnos. Otra opción, si no se quiere abandonar la cama, es sentarse en ella.

3. Utiliza otras estrategias para mantenerte alerta

   Si lees mucho tiempo seguido la sensación de fatiga será mayor, pero si vas haciendo pausas puedes conseguir reducirla, sobre todo si notas que te estás dormiendo. En esos descansos puedes ir al baño y refrescarte un poco la cara con agua o, en casos muy extremos, darte una ducha de agua fría. Otra estrategia, que no recomiendo sobre todo si te tienes que levantar temprano al día siguiente, es tomar bebidas con cafeína. A algunas personas, entre las cuales me incluyo, la cafeína no les hace prácticamente nada.

4. Cambia de libro

   Puede parecer una obviedad, pero si lo que estás leyendo te aburre, eso, sumado al cansancio, hacen el cóctel ideal para que te duermas. Hay que calibrar bien qué tipo de libro vamos a leer en la cama. No es solo que nos resulte poco interesante, si la lectura es difícil de comprender, como ocurre con cierto tipo de ensayos o de novelas, el esfuerzo que necesitaremos de nuestra mente será mayor, y mayor será también el agotamiento. Cuando queramos darnos cuenta no comprenderemos ni una sola palabra de lo que estemos leyendo.

5. Cambia la hora de la lectura

   Tal vez tengas que reconocer que el tiempo que tienes antes de ir a dormir no es el mejor momento para la lectura. Después de un día duro, lo más probable es que la mente y el cuerpo estén cansados y listos para dormir. Si ese es el caso, cualquier actividad acabará por adormecernos, ya sea leer o ver la televisión. Existen otros momentos del día en los que la lectura es más productiva. Personalmente, si es posible, prefiero dormir pronto para levantarme pronto y dedicarle el rato de lectura que habría echado por la noche por la mañana.

6. Te en cuenta otros factores

   Asegúrate de que la temperatura no es demasiado elevada. La lectura en un ambiente demasiado cálido puede acelerar la somnolencia. También puede ser interesante tener algún tipo de música de acompañamiento, aunque hay personas a las que este factor puede acentuarles el sueño.

   Si se es consciente de qué es lo que produce el sueño y se evita, estando más alerta cuando se inicia la lectura, es posible que consigas terminar ‒o por lo menos avanzar bastante‒ en el libro que estás leyendo. Tal vez así consigas, transcurrido un tiempo, menguar la pila de libros de la mesita de noche. Ánimo y a leer.

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