El temor de un hombre sabio de Patrick Rothfuss

El temor de un hombre sabio de Patrick Rothfuss

   Cuando en 2007 apareció El nombre del viento, deslumbrando a lectores del mundo entero, circuló el rumor de que la secuela ya estaba escrita y que se publicaría al año siguiente. En lugar de confirmarse, ese año de espera pasó a convertirse en cuatro, demostrando que la paciencia de los lectores que aman una saga es casi infinita. Se podrían dar innumerables razones para explicar el por qué de esa demora, pero todas ellas pueden resumirse en una única: en lugar de aprovechar el tirón y lanzar lo más rápido posible el libro, Patrick Rothfuss prefirió esperar para que el resultado fuera lo más perfecto posible. Primar la calidad sobre la inmediatez retrasando la publicación del segundo libro de la Crónica del Asesino de Reyes pudo escocer a muchos de sus seguidores, pero no cabe duda de que fue la decisión acertada. ¿Cumplía esa continuación, El temor de un hombre sabio, con las expectativas que se habían generado? En principio podría decirse que sí, aunque habría que matizarlo.

   Comparar El temor de un hombre sabio con El nombre del viento es casi inevitable. Con cuatro años de por medio, hay que tener en cuenta al menos dos circunstancias determinantes. La primera es que El nombre del viento es el debut de un novelista. Incluso los lectores más entusiastas están lejos de reconocer que el libro sea perfecto. Su ritmo es desigual en algunos momentos y le falta profundidad a algunos personajes secundarios. Con todo, es una novela excelente. La otra circunstancia es la presión descomunal que el fulminante éxito de El nombre del viento puso sobre los hombos de Rothfuss. Estar a la altura del primer libro era todo un reto. Un reto que Rothfuss superó con nota, porque con cuatro años de por medio, El temor de un hombre sabio muestra a un escritor más maduro. Su estilo está más trabajado, es más refinado, el ritmo mucho más intenso y vertiginoso, la narración más suave. Todo un logro teniendo en cuenta la calidad que tenía El nombre del viento.

   La narración se retoma justo en el punto donde la dejó El nombre del viento. Una vez más nos trasladamos a la posada de Roca de Guía, donde Kvothe trata de llevar una vida lo más tranquila posible ocultándose en una identidad falsa. En el segundo día de su relato el legendario personaje continuará contando las peripecias de su vida a Cronista. De nuevo volvemos al joven Kvothe de los años de Universidad, aunque en esta ocasión una buena parte del libro se desarrolla en un espacio y un contexto totalmente distinto, lo cual da pie a dejar a un lado a muchos de los personajes de la primera parte y a desarrollar a personajes nuevos. En concreto nos trasladamos a las regiones más alejadas de la Mancomunidad, a la supersticiosa Vintas, al ancestral bosque de El Eld o a la extravagante tierra de Ademre. El universo tejido por Rothfuss se amplía y se ramifica. Tenemos oportunidad de conocer diferentes razas y culturas, incluyendo al mágico mundo de los Fata.

   ¿Qué es entonces lo que hace que El temor de un hombre sabio no satisfaga por completo esas expectativas suscitadas por El nombre del viento? La novela tiene intriga, drama, ritmo, buen estilo, pero acaba cayendo en el mismo problema que su predecesora. En la primera parte del libro Rothfuss vuelve a repetir algunos de los patrones de El nombre del viento. Se invierte en considerable número de páginas en detalles insignificantes y reiterativos sobre cómo Kvothe progresa en la Universidad o consigue dinero para pagar las matrículas, sobre sus enfrentamientos con Ambrose o sus encuentros con Denna. En la segunda parte, el cambio de espacio promete una nueva dirección en la trama pero no acaba de convencer del todo. Es verdad que tienen lugar episodios que hacen crecer al personaje principal, que lo convierten en un consumado maestro de las artes amatorias o de la lucha, pero una vez más se tiene la sensación de que Rothfuss está racaneando con la información esencial.

   De hecho, existe un buen puñado de cabos sueltos que después de cerrar el libro seguirán sueltos. No vamos a saber mucho más de lo que sabíamos antes de empezar a leer la novela sobre los Chandrian o sobre los Amyr, ni sobre la puerta del Archivo, ni sobre la historia de Elodin, ni sobre el misterioso mecenas de Denna. La falta de un gran villano, o al menos de un antagonista tangible, es una de las grandes decepciones del libro. Y así podríamos seguir con una lista bastante larga de detalles que van a seguir sin explicarse. La sensación que se tiene al terminar el libro es que Rothfuss va a tener que hacer un esfuerzo sobrehumano para hilar todos los frentes que ha abierto en la tercera entrega de la Crónica del Asesino de Reyes. Eso, o que ese libro tendrá como mínimo tres mil páginas. O quizá la trilogía finalmente acabe estando compuesta por más libros.

   A pesar de eso, si te gustó El nombre del viento leer El temor de un hombre sabio puede provocar un placer que roza lo inmoral. Casi da miedo la velocidad en la que se puede devorar un tocho demás de mil páginas. Y, sobre todo, consigue que el lector quiera conocer más de la historia de Kvothe. En ese sentido, Rothfuss ha hecho un excelente trabajo. Ha logrado aumentar todavía más las expectativas en la tercera parte y el grado de fanatismo que hay alrededor de la saga al tiempo que ha conseguido que una legión de lectores se coman las uñas esperando la continuación de la historia. Cualquiera podría decir que El temor de un hombre sabio ha sido solo una excusa para preparar un final épico para la Crónica del Asesino de Reyes. Pero vaya escalón previo.

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