Literatura vs tráfico

Literatura vs tráfico

   Que un libro es un objeto que sirve para leer es algo evidente. Sin embargo, cuando uno de estos mágicos objetos se cruza por los caminos del arte, puede ocurrir de todo menos cualquier cosa que tenga que ver con la lectura. Propuestas de este tipo generalmente dan pie a la polémica, porque implican desacralizar el libro como objeto, cuando no su destrucción física. Lo hemos podido ver, con un mayor componente artístico, en obras de Malena Valcárcel, de Terry Border, de Sidney Nolan Trust o de Long-Bin Chen, y con un espíritu más gamberro en el demencial juego del bookfighting, cuya regla principal se basa en derribar al contrincante a librazo limpio. Una controversia que se ha generado incluso cuando en proyectos tan inocentes como el de tratar de batir el record mundial de dominó de libros.

   Recientemente el grupo artístico anónimo Luzinterruptus ha continuado la polémica con una intervención urbana que ha llenado una calle entera con diez mil libros abiertos, expuestos a que pudieran ser pisados por el público. La imagen resultante, miles de libros abiertos y apilados, resulta sobrecogedora, y su belleza, iluminados con luces por la noche, es innegable. El mensaje de fondo es un noble canto de amor por la lectura y por los libros. La instalación se titula «Literatura vs tráfico» y pretende tomar literalmente el control de una calle bulliciosa, generalmente asociada al ruido, a la contaminación y a los atascos de tráfico, aislarla y convertirla en un remanso de paz, conquistado por la literatura. El objetivo es que los libros se apoderen de las calles y conquisten los espacios públicos, ofreciendo a los transeúntes un lugar sin tráfico, siquiera durante algunas horas. Nobles intenciones y espectaculares resultados que quizá puedan quedar un tanto deslucidos por el hecho de maltratar algunos miles de libros, generosamente donados por el Ejército de Salvación.

   No es la primera vez que esta instalación se lleva a cabo. A menor escala, y de forma ilegal, ya tuvo lugar en Madrid y en Nueva York, pero ahora el gobierno canadiense ha concedido todos los permisos necesarios para que se realice de acuerdo con la ley. Después de haberla puesto en marcha con éxito en Melbourne, Luzinterruptus la ha llevado a Toronto, en concreto a en Hagerman Street, una céntrica calle situada cerca del ayuntamiento. La instalación tuvo lugar el pasado 30 de septiembre con motivo de la Noche en Blanco de Toronto. Para crear el efecto de las luces un ejército de voluntarios tardó doce días en instalar dentro de los libros los focos que los hacían resplandecer mágicamente en la oscuridad.

   A los vos visitantes no solo se les estaba permitido pisar, sentarse o tumbarse encima de los libros sino que podían leerlos libremente e, incluso, al final de la noche llevarse cuantos quisieran. También hay que decir que, según se ve en las fotografías, muchas de las personas que se acercaron a la instalación no se atrevieron a pisar los libros y se movieron saltando entre los huecos.

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