frankensteins-boris_karloff   En un momento determinado de Frankenstein la criatura pide a su creador que complete la obra y que cree a una compañera para él, a cambio de salir para siempre de su vida. El discurso del monstruo es tan elocuente que en un principio Víctor accede a la petición y promete crearle una compañera. Sin embargo, justo antes de darle vida a esa segunda creación, sus remordimientos son tan fuertes que finalmente decide destruirla. Ahora la ciencia confirma que la decisión del doctor fue la correcta, pero no por cuestiones morales sino biológicas. Es probable que Mary Shelley nunca imaginara que con esa decisión estaba salvando a toda la humanidad entera.

   Los biólogos Nathaniel J. Dominy y Justin D. Yeakel acaban de publicar un artículo en la revista BioScience donde afirman que la decisión de Víctor Frankenstein fue la acertada desde un punto de vista biológico, si nos atenemos a un punto de vista ecológico y evolutivo, que tenga en cuenta cómo interaccionan las especies entre sí. La clave es el concepto de competencia evolutiva, según la cual las especies compiten por recursos limitados. Los científicos partieron del supuesto de que Frankenstein y su compañera se hubieran reproducido y teniendo en cuenta distintos factores, como la cantidad de población humana en 1816 o la sorprendente capacidad de regeneración de la criatura, determinaron que el crecimiento de los descendientes del monstruo de Frankenstein sería 1,5 veces superior al de los humanos corrientes.

   Con este patrón de crecimiento, según los científicos los seres humanos se acabarían extinguiendo en 4.188 años, dejando paso a la nueva especie, la de las criaturas, siempre y cuando no se produjeran conflictos entre ambas especies en algún momento. En la novela el monstruo comunica al doctor su intención de trasladarse con su pareja a un lugar inhóspito, a las vastas selvas de América del Sur, pero eso solo habría hecho que los humanos se hubieran extinguido a mayor velocidad que si se hubieran quedado en Europa, ya que allí habría todavía menos competencia por recursos.

   Establecer un modelo evolutivo basándose en un libro de ficción puede parecer algo absurdo pero aporta una nueva visión de la novela de Shelley y nos descubre la intuición que tuvo la autora con conceptos fundamentales de la biología y de la evolución.

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