Trilogía de Star Wars, por William Shakespeare

Trilogía de Star Wars, por William Shakespeare

   En 2009 el escritor Seth Grahame-Smith consiguió convertir una extravagante idea en un éxito de ventas: mezclar una novela de Jane Austen con zombis. Que Orgullo y prejuicio y zombis diera lugar a todo un subgénero de mash-ups en el que se mezclaba un clásico con algún elemento moderno sacado de la cultura popular era hasta cierto punto comprensible. Pocos días después de haber sido lanzado el libro de Grahame-Smith logró escalar hasta el tercer puesto en la lista de bestsellers del New York Times. A lo largo de 2010 asistimos a la zombificación de infinidad de obras clásicas, incluyendo el Lazarillo, el Quijote o La casa de Bernarda Alba. Pero este fenómeno no se redujo ni mucho menos a los zombis. Tras el éxito de Orgullo y prejuicio y zombis la editorial que lo había publicado, Quirk Books, continuó con las mezclas, con títulos como Sentido, sensibilidad y monstruos marinos o Android Karenina.

Ser o no ser un Jedi, esa es la cuestión

Ser o no ser un Jedi, esa es la cuestión

   Y si de trastocar clásicos se trataba no podía faltar, por supuesto, el clásico por excelencia: William Shakespeare. La idea no era novedosa ni mucho menos. Durante siglos algunas de sus tragedias más famosas se representaron en clave de comedia, con final feliz. Pero al escritor Ian Doescher se le ocurrió otra vuelta de tuerca durante el Festival de Shakespeare que tuvo lugar en Ashland, Oregón. Doescher acababa de leer Orgullo y prejuicio y zombis pero en lugar de plantear la modernización de un clásico seguiría el camino inverno, haciendo una historia contemporánea reescrita como si fuera un relato del siglo XVI.

Darth Vader, por William Shakespeare

Darth Vader, por William Shakespeare

   El punto de partida sería Star Wars, saga por la que el escritor sentía auténtica pasión. Si lo pensamos bien, nada tiene que envidiar el «yo soy tu padre» de Darth Vader con el «ser o no ser» de Hamlet. Además, el relato de La guerra de las galaxias, con sus intrincados juegos de poder, sus pasiones y sus ambiciones o el misticismo del pensamiento Jedi, tiene mucho de drama shakesperiano. Desde 2013 hasta 2015 Doescher ha reescrito cada una de las películas de la saga creada por George Lucas, usando el lenguaje y el tono que hubiera utilizado el propio Shakespeare, como si la historia se hubiera imaginado cuatrocientos años antes. La reproducción del estilo de Shakespeare está tan conseguida que Doescher utiliza en sus libros el pentámetro yámbico, que es el tipo de verso que Shakespeare usaba en las obras originales y, cómo no, el lenguaje de la época isabelina. Después de escribir el borrador del primer libro Doescher lo envió a LucasFilm y la respuesta fue muy positiva. A la productora la idea le pareció muy divertida y le comunicó a Ian que estaban deseando ver hasta dónde era capaz de expandir las películas.

El ataque de los clones, por William Shakespeare

El ataque de los clones, por William Shakespeare

   Las ediciones que Quirk Books ha hecho de los libros de Doescher son una verdadera joya, con ilustraciones, casi grabados, en la cubierta y en el interior que captan a la perfección la esencia de la parodia. Además, todo el universo que se ha creado alrededor está a la altura de los libros, desde el trailer de la primera entrega hasta el generador de sonetos amorosos que mezcla a Shakespeare con Star Wars que hay en la página oficial. Una pena que todavía ninguna editorial se haya lanzado a traducir y editar los libros en castellano.

   Transgredir a Shakespeare es un sano ejercicio de desmitificación que le ha dado excelentes resultados no solo a Doescher. Ben Arogundade escribió su mash-up titulado Hellomeorootlietju, en el que Otelo y Desdémona coinciden en el escenario con Romeo y Julieta. Ryan North ha conseguido crear libros que transforman las obras de Shakespeare cada vez que se leen, con alternativas tan estrambóticas como que Romeo y Julieta no se hubieran conocido o que hubieran decidido conquistar Verona con trajes robóticos. Aunque sea un cómic, tampoco se puede dejar de mencionar la obra de Eric Gladstone que convierte al propio Shakespeare en un superhéroe que lucha contra el crimen. Ya lo decía Ben Jonson, que Shakespeare «no pertenece a una sola época sino a la eternidad». ¿Qué mejor forma de hacerlo eterno que revisarlo y reformularlo una y otra vez? Y si puede ser con Star Wars de por medio, mejor que mejor, como acaba de desmostrar Marina Perezagua con su reciente Don Quijote de Manhattan.

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