Lo que no bailamos de Maivo Suárez

Lo que no bailamos de Maivo Suárez

   Lo primero que uno piensa cuando descubre Lo que no bailamos de Maivo Suárez es lo que Libros prohibidos empieza destacando en su reseña del libro: pocas veces uno se encuentra con un libro autopublicado que no tiene nada que envidiar en cuanto a calidad y a profesionalidad con los publicados por una editorial. Con Lo que no bailamos ocurre esta feliz circunstancia y eso se agradece porque demuestra que detrás del libro hay mucho buen trabajo extra aparte del de escritura.

   Dicho esto, el libro de Maivo Suárez se compone de diez relatos que describen un mundo marcado por la insatisfacción, el descontento y la desesperanza. El título del relato que da nombre al conjunto, «Lo que no bailamos», con esa rotunda negación que no deja lugar a dudas, bien podría ser una síntesis de los personajes y las situaciones que van desfilando por el libro. Es como si el malestar fuera la única forma posible de resolver las relaciones humanas, e incluso se produce cuando hay una infidelidad, que se supone que precisamente se plantea como una manera de resolverlo o, al menos, de paliarlo. Está presente en todos los ámbitos: en el familiar, el profesional, el sexual, el social, el económico. Es por eso que su lectura deja un regusto amargo y melancólico.

   Es como si los personajes, en lugar de enfrentarse de cara a la problemática que se les plantea, decidieran esquivar, o como dice Víctor Hugo Ortega en el epílogo del libro, «no actuar, no evitar». De la misma manera, la autora acaba planteando casi cada uno de los relatos sin llegar a resolverlos, como si quisiera de esta manera transmitir al lector parte de la insatisfacción que sienten los personajes. En «Manual de señoritas» lo más importante queda por decir; la situación no termina de solucionarse en «La gorda»; el corte es todavía más brusco en «Todo tranquilo». Aunque las escenas son diseñadas con minucioso detalle, creándose una ambientación llena de matices, la acción, apenas mínima, va más por el camino de la sugerencia, no exento de cierta simbología, como ocurre en «Una de hormigas». Maivo Suárez captura momentos, como si fueran fotografías, se recrea en ellos, y deja que sea el lector quien saque sus propias conclusiones.

   La forma parece más importante que la propia historia. Cada uno de los relatos parece un ejercicio de estilo distinto en el que Maivo Suárez experimenta con las posibilidades del lenguaje. La prosa, siempre exquisita, se llena de términos del español de Chile que tienen un deje a José Donoso ‒y algo de Bolaño‒. Se atreve, en «Tarde de viernes», con un narrador en segunda persona; con un monólogo interior en «La gorda»; con una prosa exquisita que lo poético, como ocurre en «Minotauro»; o, más difícil todavía, con plasmar un diálogo directo dentro de la narración en «Una de hormigas» ‒y muy bien resuelto, por cierto‒.

   Un excelente libro que no por reflejar escenarios más realistas deja de plantear las fronteras entre literatura y vida. No en vano la autora pasó a la literatura desde el Trabajo Social. Y no es solo que haya relatos, como «Manual de señoritas», «Operación Alum» o «VDM» que plasmen sus experiencias reales en el oficio, es que tiene un bagaje que le permite desarrollar una visión crítica de la sociedad que resulta irrebatible. Literatura bien escrita que muestra algunas de las miseras del mundo en el que vivimos. ¿Qué más puede pedirse?

   Este libro es uno de los nominados al Premio Guillermo Baskerville organizado por Libros Prohibidos.

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