Con frecuencia observamos el pasado y lo vemos imbuido de una brillante calidez que ya la quisiéramos hoy día. Quizá debido a ello nos enamoremos de épocas anteriores, que tienen un je ne se quois que nos gusta y nos atrae. Es nuestra obligación arrojar algo de luz a esas zonas oscuras y dar cuenta de cómo fue el pasado en realidad.

   Este, en las más de las veces, resulta variopinto, cómico, y llega a rozar lo ridículo. Sin duda habrá oído hablar el lector del IoT (el Internet de las Cosas, por sus siglas en Inglés), y de cómo la hiperconectividad pronto tendrá todos los objetos de nuestro alrededor conectados a la nube.

 

   Pero de lo que probablemente no haya oído hablar es que el primer objeto que se conectó a Internet fue una tostadora, algo relativamente moderno pero que ya encaja en la línea de un gabinete de curiosidades como este. Aquí algunas curiosidades del Internet of Things:

El término Internet of Things se ignoró durante diez años

   Tendemos a pensar que el IoT es algo novedoso y que acaba de aparecer, algo así como las smart cities e Internet. Pero como casi todo lo que usamos a día de hoy, el IoT fue diseñado y pensado hace mucho tiempo. Antes incluso de disponer de la capacidad de hacerlo realidad, o de un nombre.

   Corría el año 1999 y un tipo llamado Kevin Ashton dio una apasionante conferencia para Procter&Gamble (de verdad que fue apasionante) sobre nuevas ideas de mercado que usasen identificadores por radiofrecuencia. Es posible que el lector se haya quedado con cara de póquer, pero los identificadores por radiofrecuencia (RFID en inglés) son tras aquello archiconocidos para el público:

   La ponencia tuvo tanta aceptación que hoy todo lleva un chip de este tipo, y si sales de una tienda sin pagar algo, las alarmas sonarán por culpa en parte de lo que Kevin Ashton dijo aquél día. Antes de eso, los RFID se usaban mayoritariamente para el control en la cadena de entrega y en el marcado de cajas de grandes volúmenes durante su envío.

   Fue durante aquella conferencia, y de manera tangencial, que Ashton nombró el Internet of Things por primera vez. Hasta entonces se habían usado rocambolescas expresiones como red de nodos conectados en red, objetos de alta operatividad, productos asociados a redes conectadas, comunicación bidireccional de objeto a objeto

   Sin embargo, y aunque todas las compañías tecnológicas estaban trabajando en ese mismo concepto y que el término era necesario, nadie pareció escuchar a Kevin Ashton hablar sobre un tema de tanta relevancia. Como casi todos los que dicen algo importante, fue ignorado durante diez años, momento en el que el término fue popularizado.

   Ashton no pudo sino saltar entonces y decir «Eh, que aquello lo dije yo…»

En el año 2000 uno podía comprarse una nevera conectada a Internet

   Todavía no se había usado el término Internet of Things, pero la industria ya trabajaba en ello en 1999.

   Recordemos que aunque 1999 Internet estaba en auge, todavía estaba muy verde. La Wikipedia no existía, Google solo desde hacía un año, SixDegrees (la primera red social del mundo) llevaba solo dos años existiendo, nada se olía de YouTube, Twitter, Facebook, los smartphones o las smart cities…

   Y ahí estaba LG, la empresa surcoreana, desarrollando su primer frigorífico conectado a un año de que el Efecto 2000 lo arrasase todo a su paso (o ese es el temor que tenían muchos).

   Quince años más tarde muchos nos seguimos preguntando «¿Por qué mi nevera no está conectada a Internet si el invento tiene ya más de una década?». Pero es que la Historia lleva su tiempo, y si no que se lo digan a Jhon Romkey y Simon Hackett.

La primera tostadora conectada a Internet surgió como una apuesta

   Dicen que la magia no existe, y que los conjuros no funcionan en el mundo real. Sin embargo, la mayoría de los varones del mundo tenemos una combinación de palabras bajo la cual el embrujo es casi instantáneo, y dice así:

   ¿A que no te atreves a…?

   Si lo que hay tras los puntos suspensivos es divertido, desafiante y puede ocasionar quemaduras de tercer grado, cualquier varón estará encantado de demostrar que sí, que por supuesto que se atreve.

   Algo parecido ocurrió en 1989, cuando Dan Lynch desafió a Jhon Romkey a conectar una tostadora a Internet. Por aquel momento Lynch era presidente del show Interop Internet Networking.

   Interop, lejos de ser la prestigiosa organización que es hoy día, venía a ser un conjunto de frikis en un garaje cacharreando programación y fabricando lanzapatatas en sus tiempos muertos. No por nada la mayoría de las fotografías de aquél entonces son en una especie de trastero abarrotado.

   Romkey se tomó muy en serio el reto, y convenció a su colega Simon Hackett para que le ayudase con el proyecto (y así poder callar la boca a Lynch). Varios meses de trabajo duro después, el equipo Romkey-Hackett tenía listo su invento, la «Sunbeam Deluxe Automatic Radiant Control Toaster to the Internet» o tostadora conectada a Internet.

   Durante un tiempo fue capaz de controlarse por una red TCP/IP. Y aunque solo manejaba el encendido y apagado de la tostadora, se podía regular cómo de tostada salía la rebanada de pan.

   Eso sí, tal y como dijo John Romkey, «todavía es necesaria intervención humana para meter y sacar la tostada del tostador.

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