Si te encuentras con el nombre de Oulipo en algún texto relacionado con lo literario, es posible que no sepas de quién, o de qué, están hablando.

   ¿Será una errata de Edipo, o un pariente de Ulises? ¿Tal vez, un escritor japonés o el nombre de un grupo de K-Pop? ¿Y si fuera un pulpo?

   No, no, nada de todo eso. Oulipo es un invento literario, así que sí que tenía que ver con la literatura y no, no era un gazapo.

   De entrada, la palabra es un acrónimo formado por las dos primeras letras de tres palabras, francesas: Ouvrage, Littéraire, Potentielle.

   Es decir, Ou + Li + Po = Oulipo.

   Si traducimos ouvrage por obra, littéraire por literaria y potentielle por potencial, nos da una idea aproximada de que se trata de una manera de hacer literatura, una obra literaria potencial; esto es, condicional.

   Cuentan que el invento nace en París en otoño de 1960, de la mano del escritor Raymond Queneau y del matemático François Le Lionnais, en un momento en el que se cuestionaban la validez de algunos conceptos literarios, del surrealismo y de la literatura comprometida, con los que este proyecto deseaba romper.

   Raymond Queneau define el concepto de literatura potencial como:

«la búsqueda de formas y de estructuras nuevas, que podrán ser utilizadas por los escritores de la manera que les plazca».

   También suya es la definición de un autor oulipiano:

«una rata que construye ella misma el laberinto del que se propone salir».

   El concepto de literatura oulipiana se fundamenta en establecer una norma restrictiva a la que la escritura deberá doblegarse (lo que estos escritores franceses llamaron: “écriture sous contrainte”).

   El proyecto del taller consistió en un intento de exploración metódica, sistemática, de las potencialidades de la literatura o, más en general, de la lengua. Para ello, se asignaron dos tareas: inventar estructuras, formas o límites nuevos, susceptibles de permitir la producción de obras originales y estudiar obras literarias del pasado para detectar indicios, evidentes o más ocultos, de haber sido utilizadas restricciones, ya sea en su estructura o en sus formas.

   El grupo no se limitó a sus dos fundadores, sino que creció, añadiéndose otros miembros, desconocidos o consagrados, como Italo Calvino, Georges Perec o Marcel Duchamp.

   Gracias a la pasión y a la constancia de unos y otros, escritores amantes de las matemáticas y matemáticos amantes de las letras, que se encuentran una vez al mes y trabajan con buen rollo y a puerta cerrada (en un principio fue sociedad secreta, aunque después se vinculó al Colegio de Patafísica), el grupo va definiendo sus principios.

   De entrada, rechazan otorgarse la etiqueta de movimiento literario, no queriendo tener nada que ver con las “supuestas” vanguardias (Queneau estaba un tanto escaldado con esos movimientos que, con la pretensión de hacer tabla rasa del pasado, imponían sus dogmas, desprendiendo, según él, cierto tufillo sectario). También, insisten en marcar distancias con el tipo de literatura aleatoria, desconfiando del azar.

   Desde sus orígenes, ya se detectó que la noción de restricción conllevaba una paradoja: al escribir condicionado por una norma que, ante todo, restringía ¿no se estaría maniatando la creatividad? La experiencia de Oulipo demuestra que, lejos de bloquear la imaginación, sus exigencias arbitrarias la despiertan, la estimulan, le permiten ignorar todas las demás limitaciones, esas que, no surgidas del lenguaje, se nos escapan más fácilmente al control.

   ¿Y qué tipo de restricciones nos sugieren? La lista de los experimentos oulipianos es larga: Alejandrinos trasplantados, Baobabs, El método s + 7, Filigranas, Formas fijas, Inventarios, Lenguaje cocido, Monovocalismos, Morales elementales, Poemas de metro, Rimas combinatorias, Retratos robot, Textos disparaderos, Transducciones, etcétera, además de otras fórmulas prestadas de la tradición, tales como, aforismos, anagramas, haikús, homofonías, quimeras, palíndromos, rimas, y otras.

   Mención aparte merecen los ejercicios de estilo que el propio Raymond Queneau publicara ya en 1947, convirtiéndose en un clásico, Ejercicio de estilo RQ, y que consiste en contar una misma historia, breve, de muchas maneras diferentes. En concreto él contó el siguiente relato: “En un autobús, el narrador ve a un chico, que tiene el pescuezo largo y que lleva un sombrero adornado con una trenza en vez de una cinta. El chico intercambia algunas palabras algo cabreadas con otro viajero, luego se sienta en un sitio que quedó libre. Poco después, el narrador se topa al mismo joven que charla con un amigo que le está aconsejando abotonarse el botón de arriba del abrigo.” Pues, bien, este relato, tan simple, nos lo llega a contar nada menos que de 99 maneras diferentes. (Está claro, el escritor ya apuntaba maneras oulipianescas…)

   Fieles a sus principios, los fundadores de Oulipo han trabajado con paciencia artesanal, construyendo los cimientos sobre los que todavía hoy se asienta el edificio, permitiendo que esa aventura, extraordinariamente longeva para ser experimental, aún se siga manteniendo viva, reuniéndose de manera periódica —como hicieron desde un principio— para seguir la tradición oulipiana. Bien entendido, algunos ya han fallecido, y otros se han incorporado (como Eduardo Berti, escritor argentino publicado en España, uno de sus miembros actuales).

   Si andas por París, mira por dónde, tienes ocasión de asistir a sus reuniones que se celebran un jueves de cada mes a las 20 h (la entrada es libre y gratuita). Parece ser que siguen en el intento de crear reglas del juego por jugar con palabras.

   Por concretar más, visita su web oficial: www.oulipo.net

   Desconozco hasta qué punto el espíritu de Ou-Li-Po sigue vivo o si ya solo es un vestigio, un tanto vintage, adorno de esos tiempos pasados en lo que todavía nos quedaba París… Lo que sí es evidente es que puede funcionar como otro incentivo más de la escritura creativa. Como no podía ser de otra manera, de hecho, algunos de estos métodos se usan como técnicas en talleres literarios y también en las escuelas.

   Existe amplia bibliografía sobre el tema, por si quieres ampliar información sobre tan insólito experimento literario o por ejercitarte en las técnicas oulipianas, ¿por qué no?, más vale pájaro en mano que ganancia de pescadores (y esta sería una oulipiada al estilo Lenguaje cocido, para que te des una idea).

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