Libros recomendados del 2016

   Quizá sea porque se acerca el año nuevo y eso es proponerse lecturas casa siempre bien con los propósitos de año nuevo, tal vez sea porque vienen los Reyes Magos, y esperemos que lo hagan cargaditos de libros, o porque se avecina una avalancha de retos lectores, y nunca está de más tener muchas recomendaciones, o porque simplemente termina el año y toca hacer balance. La cuestión es que, sea por los motivos que sea, en muchos medios relacionados con el mundo de la literatura se ha vuelto una costumbre ‒y en algunos hasta una tradición‒ hablar de los mejores libros del año en estas fechas.

   Como no queríamos ser menos, nos ha parecido esta una magnífica excusa para preguntarles a algunos de nuestros colaboradores, y que nos recomienden el mejor libro que han tenido la suerte de leer este año. Cada uno, dentro de su estilo particular, nos ha dado una respuesta totalmente distinta. La selección no puede ser más heterogénea: clásicos de toda la vida y novedades de este año, literatura de ficción y de no ficción, cartas y ensayos científicos o psicológicos. Un recorrido por lo mejor que ha caído en nuestras manos. Os vamos avisando que nos ha costado mucho trabajo quedarnos con un único libro ‒lo cual es muy buena señal‒ y que el orden de aparición de cada una de las recomendaciones es totalmente aleatorio.

   Eso sí, para no saturar con tanto buen libro y que se puedan ir digiriendo, las hemos dividido en dos entregas, una hoy y otra mañana. Esperamos que os sirvan para descubrir algunos libros.

La recomendación de Juan Muñoz: Conversaciones y Entrevistas. Encuentros en Yásnaia Poliana de Lev Tolstói

Conversaciones y Entrevistas. Encuentros en Yásnaia Poliana de Lev Tolstói

   Desde que hace ya demasiados años cayera en mis manos Los Cosacos, de Lev Tolstói, supe que de ahí en adelante tendría que racionarme sus libros para no sucumbir al ansia que siempre me entra cada vez que descubro un nuevo autor favorito o una nueva drxxxxx. Tolstói, además, no es un mero autor favorito; es EL autor favorito. Leo una nueva novela suya o ensayo cada dos años y, si me da to’l agobio, releo. Y es que Tolstói me reconecta con lo mejor de mí mismo, por muy disuelto en mierda que se encuentre en ese momento, me recuerda por qué y para qué estoy aquí, y me da esperanzas de un futuro en paz. Por eso, cuando mi amanda amiga Rocío me regaló hace unas semanas sus Conversaciones y Entrevistas. Encuentros en Yásnaia Poliana, la colmé de innúmeros castos y tolstoianos besos. Pues bien, este libro maravilloso recoge entrevistas y artículos con Tolstói como objeto publicados en la prensa rusa e internacional entre 1885 y 1910, año de su muerte. A lo largo de sus escasas 180 páginas, escuchamos a Tolstói opinar sobre filosofía, religión, música, literatura, arte… vida, en definitiva. Siempre con aquella radicalidad moral que le era propia, construida sobre su propio ejemplo, que rendía y desarmaba a cuantos se acercaban a él con desconfianza. Eran miles las personas de todo el mundo que, ya en los últimos años de vida del escritor, se acercaban a su aldea de Yásnaia Poliana o a su vieja casa de Moscú a consultarle sobre los más diversos temas, y siempre Tolstói -por anciano o enfermo que estuviese- les respondía afable, lleno de bondad, sabiduría y comprensión hacia sus interlocutores, fueran periodistas, aristócratas, míseros estudiantes o aún más míseros aldeanos. Es, por tanto, imprescindible conocer esta obra para también conocer en su verdadera magnitud la dimensión de Tolstói no ya entre nosotros, sino entre sus propios comtemporáneos, quienes, pese a la prohibición que pesaba sobre buena parte de su obra y pese a haters ultrarreaccionarios que cada día le escribían cartas deseándole la muerte, veían en aquel ejemplo viviente de redención, renuncia y entrega a los demás lo mismo que yo: la única rendija de luz en este magma infinito de negrura y desolación.

La recomendación de Lucas Albor: Fiesta de Ernest Hemingway

Fiesta de Ernest Hemingway

  Hace unos meses apareció en Twitter el hastag #RecomiendaUnLibro. Pasadas unas horas, durante las que se mencionaron un sinfín de títulos, la gente comenzó a pedir que, por favor, los escritores nóveles dejaran de recomendar su propio libro. A ninguno de ellos le habían dado clases de marketing digital, y además, todos los que escribimos sabemos lo difícil que es controlar el ego. Para algunos, tanto como controlar la ortografía o las nociones más básicas de sintaxis.

   Una buena vara de medir para escritores nóveles es Hemingway. Atendiendo aquí sólo a la técnica narrativa, no descubro nada hablando de su manejo del tiempo y del espacio, de la exuberancia de sus descripciones o de la naturalidad en sus diálogos. El dominio o el control que muestra en sus novelas es sencillamente abrumador. Y sí, era alcohólico. Y misógino. Le gustaban los toros. Buscaba submarinos alemanes en la costa cubana, navegando en un barco pesquero. Y se suicidó metiéndose una escopeta en la boca. Pero como artesano de la palabra era insuperable. Si tengo que #RecomendarUnLibro, recomendaría Fiesta. Si escribes, y algo de lo que hayas escrito (un párrafo, un verso, unas líneas inconclusas, incluso una palabra) se acerca mínimamente a la mitad de la mitad de la manera en que escribía el viejo Ernie, entonces vas por el buen camino.

La recomendación de Diego Garot: Réquiem de Antonio Tabucchi

Réquiem de Antonio Tabucchi

   En cada viaje que hago, por corto que sea, me gusta pasear por alguna librería. Réquiem, de Antonio Tabucchi, irá siempre asociado a la librería donde lo encontré y a la ciudad donde esta se esconde. Tan asociado está para mí a esos dos elementos —librería y ciudad— como a la capital más literaria del mundo y escenario del libro: Lisboa.

   Réquiem discurre en un tórrido día lleno de personajes alucinados con una identidad difusa. Esta mágica historia onírica arranca con el protagonista en el muelle, inquieto y asfixiado por el calor, esperando a Fernando Pessoa; pero su cita no llegará al mediodía —el fantasma de Pessoa solo había aclarado que se verían a las doce—, sino a medianoche.

   Tabucchi es muy conocido por Sostiene Pereira, novela que también transcurre en la capital lusa y que dio nombre a la granadina librería donde conseguí el libro. Tras pedírselo, el librero regresó del almacén sin ninguno de los dos ejemplares de Réquiem que aseguraba guardar ahí —no había querido en primera instancia venderme el manoseado libro que tenía en la estantería—, pero sonriendo: se los habían robado. Comentó que solía celebrar estos hurtos; su caja no crecería excesivamente, pero la incultura callejera tampoco. Sentí la tentación de robar el libro para espiarle después en una fiesta que me la imaginaba regada con ginjinha, el licor lisboeta.

   Acabé Réquiem al día siguiente —mi chica, que en aquel momento no era tan fantasmal como la novia del protagonista, no me permitió hacerlo antes— en el aeropuerto de Granada. Por último, la suerte —mala, buena o regular— pareció alinearse con la bruma fantasmal del libro para que, al no poder abandonar yo aún mi identidad, perdiese al menos el DNI en dicho aeropuerto.

La recomendación de Iván Cannet: París-Austerlitz de Rafael Chirbes

París-Austerlitz de Rafael Chirbes

   No hace mucho me percaté de que hay libros que duelen en las manos, en las rodillas, en la espalda y en el pecho, libros que se asientan sobre tus hombros y nunca más se marchan, y te obligan a levantarlos con mayor empeño o te empequeñecen, vaya usted a saber; libros que arrastras y llevas contigo, libros que no puedes poner a dormir en un lugar de la estantería, libros que ya nunca olvidas. Este año he podido leer bastante, y algunas de esas lecturas han sido realmente recomendables. Pienso en Cartarescu, en Mann, en Jelinek, en Adonis, en Zadie Smith… Sin embargo, considero que el tan honroso título de «Mejor libro del año» no es más que una quimera, la preferencia y querencia de quien elabora la lista, y la intención con la que ésta es elaborada (no olviden esto último). Así que si me preguntan cuál ha sido mi libro del año, y tras pensarlo con cierto detenimiento, diré que París-Austerlitz, de Rafael Chirbes. Nos sobran los motivos, como diría Sabina, pero Paris-Austerlitz ha sido para mí el mejor libro que he leído este año por una sencilla razón: porque me dolió. Porque aún me duele, casi diez meses después de leído. Y esos libros que te duelen son, al fin y al cabo, la razón por la que algunos leemos.

La recomendación de Daniel González: Ensayo sobre la ceguera de José Saramago

Ensayo sobre la ceguera de José Saramago

   Este año llegó a mi manos por primera vez una obra del autor portugués José Saramago. La escogida fue Ensayo sobre la ceguera, pues muchas cosas buenas había oído hablar de este libro y de su autor, y desde siempre he sentido mucha curiosidad por acercarme a él.

   Intuyendo que encontraría en su propuesta y esquema una lectura poderosa, cautivadora, y devastadora, ahora puedo confirmar que no me equivocaba en ningún sentido. Y es que, de hecho, me faltan palabras para describir todo lo que me hizo sentir esta creación de Saramago. Si bien, por algo ha sido mi libro favorito durante este año.

   Pocas veces he sentido semejantes sensaciones leyendo una novela. Toda ella plagada, no de grandes personajes, sino más bien de grandes personas. Resulta en su compendio un cuidadoso y reflexivo relato que pone patas arriba la vida tal y como la conocemos, e intenta arrojar un poco de luz a la ceguera colectiva de la que muchos hemos sufrido contagio.

 

Comentarios

comentarios