La comunicación por medio de documentos escritos (correo postal) enviados de un punto a otro con un intermediario data desde aproximadamente la invención de la escritura. El amor, para quienes practican el arte, es difícil de expresar cuando no se tiene tiempo de trabajar en una escultura, en una pintura, mucho menos en una gran oda al amor. Tampoco se pueden expresar aquellos que se dedican a la ciencia, quienes están más comprometidos en demostrar las leyes de Newton, Darwin o Einstein.

   Sucedió todo lo contrario con Vincent Willem van Gogh, contaba con métodos de sobra para expresar todo lo que sentía. Pintor neerlandés, uno de los principales exponentes del postimpresionismo. El célebre creador de La noche estrellada, Los comedores de patatas y Cráneo fumando un cigarrillo; escribió más de 800 cartas, 650 las destinó a su hermano menor Theo, quien desinteresadamente le prestó ayuda financiera. Gran parte de esta correspondencia, no está datada, sin embargo, los historiadores de arte han sido capaces de ordenar esta correspondencia de manera cronológica. La compilación de estas fuentes textuales ha sido muy valiosa para conocer la época más oscura de los hermanos van Gogh.

   Las cartas salieron a la luz en 1913, a través de la viuda de su hermano Theo, Johanna van Gogh-Bonger, quien resultó ser la única heredera de toda su obra tras el fallecimiento de su esposo, ocurrido poco después de la muerte de Vincent.

   ¿Por qué llamó Antonin Artaud a Vincent van Gogh como “EL SUICIDADO POR LA SOCIEDAD”? Tal vez la respuesta sería encontrada en que la vida de este pintor, fue una verdadera odisea interior, una de las verdaderas aventuras artísticas y humanas de los tiempos modernos. Su profundo amor por la humanidad, su disputa sin tregua alguna en contra de su soledad, y contra los rechazos del prójimo; lo llevan a desarrollar un escenario lleno de guerras internas y externas.

   El capítulo de su vida amorosa no es afortunado, al igual que los anteriores, triunfa el aislamiento.  Su obra le consume todas las fuerzas, y la locura lo desgasta: en esas cartas describe cuadro por cuadro, centímetro por centímetro y con extrema cautela su necesidad de amar, de pintar y encontrar el verdadero equilibrio. Él acepta lentamente su realidad, sujeto a la ironía, desconsuelo y ternura.

   Vincent escribió: «Yo siento en mí un fuego que no puedo dejar extinguir, que, al contrario, debo atizar aunque no sepa a qué salida esto va a conducirme. No me asombraría de que esta salida fuese sombría. Pero en ciertas situaciones vale más ser vencido que vencedor, por ejemplo, más bien Prometeo que Júpiter». La correspondencia que mantuvo con Theo, contiene algunos de los más bellos textos literarios que jamás haya escrito un pintor.

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