Recuerdo haber preguntado cuando era pequeño y en clase de lengua si se podía sacar factor común al lenguaje. En parte por optimizar el uso de la lengua. Y en parte por incordiar a las profesoras, que era yo por aquél entonces era un niño divertido.

   Siempre me he preguntado cómo formas más fáciles de pronunciar como dél en lugar de él no se daban con más frecuencia. Después de todo, el lenguaje tiende a economizar términos. Parecía algo lógico. Pero como respuesta escuchaba tan solo Marcos, deja de preguntar tonterías.

Las matemáticas en la lengua

   En contra de lo que mucha gente piensa, hay mucha matemática en la lengua. Y se aplican propiedades matemáticas en los sistemas lingüísticos. De hecho, por ser originales, se llaman propiedades matemáticas de los sistemas lingüísticos, aunque por abreviar se admite operaciones lingüísticas y hay varias:

Factorización y distribución

   Por ejemplo, si Paqui tiene un perro y, además, Paqui tiene un loro, entonces Paqui tiene un perro y un loro. Todo en la misma frase, factorizado, o sacado factor común. No es muy diferente de la factorización matemática:

   Como su distribución no es distinta si volvemos a separar las oraciones:

   Paqui tiene un perro y un loro = Paqui tiene un perro + Paqui tiene un loro

   Para determinados usos lingüísticos factorizar es posible. Para otros, no.

   Si yo Tengo que ir al cine y, demás, Tengo un perro, en realidad no Tengo que ir a un cine y a un perro, ni tampoco Tengo un cine y un perro. Hay casos en los que, simplemente, factorizar no funciona.

Conmutatividad

   Me enseñaron de pequeño (y por supuesto no dejaba escapar una ocasión sin decirlo) que no es lo mismo Comer judías y cagar verde que Comer verde y cagar judías. Me parece una estructura genial para demostrar que la conmutatividad no es algo que se presente tan fácilmente en la lengua española.

   Aunque en uno de los ejemplos de arriba, no importa si Paqui tiene un perro y un loro o si Paqui tiene un loro y un perro. Paqui tiene a ambos sin importar el orden.

   Bien por Paqui, porque la posesión es conmutable.

¿Qué tiene que ver todo esto con el nacimiento de la ñ?

   Muy pocos se han parado a pensar sobre el origen de esta rara letra nuestra, la eñe, y de dónde sacó su virgulilla.

   Resulta que allá por el siglo XII empezó a aparecer la vírgula o virgulilla sobre determinadas letras. (Sí, la virgulilla es la ola que está encima de la eñe). La gente del medievo, aunque no sabía mucho de propiedades matemáticas, empezó a sacar factor común o factorizar letras sueltas.

   En concreto, aquellas letras dobladas una al lado de otra. Así, una doble a (aa) pasaba a ser ã, y una doble n (nn) se reducía como ñ.

   Para cuando el sonido nasal palatal (se dice así, ojo) empezó a aparecer por la península ibérica y alrededores como la gn (Italia y Francia), la ny (lo que ahora es Cataluña), la nh (Portugal) y la nn (las Castillas); en el centro de España apareció pronto como una ñ.

   Por abreviar, sacando factor común. Quizá por vagos, quizá por espabilados. Quizá simplemente por incordiar, pero el caso es que fueron unos adelantados a su tiempo. Hoy día uno de los rasgos más característicos del español (la eñe) se debe a la optimización del lenguaje de hace unos cuantos siglos.

   No sé, te hace pensar en qué vocablos actuales que consideramos fuera del lenguaje están marcando tendencia y se convertirán en unos siglos en signos inequívocos de la lengua española.

   ¿Nõsparece a vosotros?

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