Manifestación y quema de libros ucranianos en Crimea

   El conflicto entre Ucrania y Rusia arranca a finales de 2013, cuando el entonces presidente prorruso Viktor Yanukovich se negó a firmar un acuerdo de asociación política y comercial con la Unión Europea, lo que ponía en peligro la influencia de Rusia. Decenas de miles de manifestantes salieron a las calles en los días siguientes para protestar, lo que forzó a Yanukovich a dimitir y a huir. Esta destitución fue denunciada por los partidarios de Yanukovich, principalmente en las zonas del sur y del este, como un golpe de estado y el nuevo gobierno no fue reconocido. Estas protestas fueron especialmente fuertes en la península de Crimea, cuya población era mayoritariamente rusa, lo que desencadenó un referéndum de independencia, un conflicto armado y la consiguiente anexión de la República de Crimea a Rusia.

Natalya Sharina

   Al ser una guerra no solo política o territorial sino cultural, el sector editorial también se ha visto salpicado por este enfrentamiento. El gobierno ruso, que no ha destacado precisamente por su libertad de expresión, ha prohibido de forma sistemática en los últimos seis años los libros ucranianos más problemáticos, alegando que incitaban al conflicto étnico. En noviembre de 2015, sin embargo, los antidisturbios irrumpieron en la Biblioteca de Literatura de Ucrania en Moscú para confiscar varios libros y arrestar a Natalya Sharina, directora de la biblioteca, acusada de mantener libros que incitaban al odio racial, de propaganda antirrusa y de malversación de fondos. Sharina, que pasó a arresto domiciliario desde ese momento, se enfrentaba a una pena de hasta cinco años de prisión. El juicio, que comenzó en noviembre de 2016, ha sido seguido muy de cerca por Amnistía Internacional y otros grupos de derechos humanos, que piden la liberación de Sharina y que han presentado una apelación ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en Estrasburgo por violación de los derechos humanos en Rusia que todavía no ha sido respondida.

   Ucrania, por su parte, también ha respondido vetando la cultura rusa. A finales de 2015 prohibió más de una treintena de textos rusos con el mismo pretexto que Rusia. Según la Comisión Estatal de Televisión y Radio de Ucrania eran parte de una guerra de información porque incitaban a la ideología del odio. El conflicto no solo ha afectado a la literatura sino al resto de las artes. Numerosos artistas rusos fueron vetados por Ucrania, incluyendo al francés Gérard Depardieu, que había adquirido la nacionalidad rusa.

Quema de libros ucranianos en Crimea

   Ahora un nuevo capítulo está a punto de escribirse, después de que el parlamento ucraniano aprobara la prohibición de importar todo tipo de libros desde Rusia. Aunque esta posibilidad se ha estado barajando durante varios meses, la decisión final ha pillado por sorpresa al sector editorial ucraniano. Siguiendo datos aportados por The Guardian, las importaciones rusas representan hasta un 60% de las ventas de libros de Ucrania, motivado en parte por los enormes gastos que supone la traducción desde otras lenguas y la escasa demanda que hay de literatura nacional. Ivan Stepurnin, de la editorial ucraniana Summit Books, afirmó a The Guardian que si finalmente se lleva a cabo la prohibición habrá una gran escasez de libros de determinadas temáticas, sobre todo educativos y de literatura clásica.

   La prohibición de la literatura rusa en Ucrania puede ser un duro golpe para los lectores ucranianos y para el mundo del libro y la libertad de expresión en general. Si nada lo detiene, está previsto que se haga efectivo a finales de invierno, momento a partir del cual encontrar libros en librerías ucranianas puede convertirse en una odisea.

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