Emoji del siglo XVII

   Con el tiempo los emojis se han acabado imponiendo como una forma de comunicación casi tan habitual como el lenguaje hecho con palabras. A día de hoy millones de ellos se envía diariamente por todo el mundo, lo que ha hecho que llegue a ser considerado como un idioma universal. ¿Quién no sabe lo que significa un corazón, un beso o una carita feliz? Su capacidad para expresar ideas y emociones no tiene nada que envidiar al lenguaje ordinario. Con ellos se puede, por ejemplo, plasmar una obra literaria de la complejidad de Alicia en el País de las Maravillas. En 2015, incluso, el diccionario Oxford llegó a considerar un emoji como la palabra del año.

   Oficialmente nacieron en la década de 1990, de la mano del japonés Shigetaka Kurita que diseñó los primeros 176 a petición de la empresa de Internet móvil NTT Docomo. Kurita se basó en símbolos ya existentes en aspectos de la cultura de Japón, como el manga y el kanji. Si retrocedemos más en el pasado es posible encontrar los antecedentes de los emojis en los emoticonos, documentados desde mediados del siglo XIX en el Código morse para expresar «amor y besos» a modo de despedida. La secuencia de caracteres «:-)» fue utilizada por primera vez el 19 de septiembre de 1982 por el científico estadounidense Scott Fahlman para indicar que un comentario contenía una broma.

   Ahora, estudiosos de los Archivos Nacionales en Trencin, Eslovaquia, han descubierto el que podría ser el emoji más antiguo conocido hasta la fecha, una carita sonriente que data del siglo XVII. El sorprendente hallazgo ha tenido lugar en uno de los documentos de las cuentas municipales de un pueblo cercano a las montañas Strazov. El autor fue un abogado llamado Jan Ladislaides que utilizó el supuesto emoji como parte del sello de aprobación. La ambigua curvatura de la sonrisa puede llevar a pensar que la expresión es seria, o incluso desagradable, pero según afirmó Peter Brindza, jefe de los Archivos Nacionales, el contexto del pasaje en el que aparece hace pensar que se trata de un símbolo positivo. Además de la cara sonriente los investigadores encontraron entre los documentos de Ladislaide lo que parecía ser la mano de un payaso apuntando hacia arriba, cuyo significado se desconoce.

   No es ninguna barbaridad pensar que los primeros emojis se remonten a los albores de la humanidad. Al fin y al cabo, desde las pinturas rupestres y los jeroglíficos a los símbolos religiosos y mitológicos en la pintura y la escultura, el ser humano ha tendido a comunicarse a través de imágenes. Solo quedaba encontrar la primera documentación existente conocida del uso de una imagen que pudiera ser considerada el equivalente a un emoji. Hace unos años se creyó haberlo encontrado en un poema de 1648 del poeta inglés Robert Herrick titulado «To Fortune». Sin embargo, según desmistió Slate no se trataba de un rostro sonriente sino simplemente de un error tipográfico.

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