Hace tiempo que se viene hablando de Hyperloop, esa empresa en el sentido amplio de la palabra que pretende crear una red mundial de transporte a más de 1.000 km/h usando levitación magnética y tubos de vacío. Sobre el mapa del mundo, da la impresión de ser un metro global.

hyperloop mundial

Posible diseño de una red Hyperloop. Fuente: Balinnn.

   Con Elon Musk a la cabeza del proyecto, para muchos resulta una idea nueva, única y revolucionaria. Y aunque es cierto que es la única que ha llegado lo suficientemente lejos como para haber superado la fase de testeo, ya hubo varias iniciativas parecidas en el siglo XVIII.

El aire comprimido como impulsor

   Antes de adelantar ningún hecho, diré que en 1800 el aire comprimido era tan buena idea para generar movimiento como la todavía incipiente electricidad o el conocido vapor. Los combustibles fósiles aún no se aprovechaban de manera masiva, y el gas a elevada presión se planteaba como una alternativa eficiente desde el punto de vista del transporte.

   Después de todo, uno puede embotellar una bombona de oxígeno líquido en Londres, trasladarla hasta Nueva York sin pérdida de potencia, y darle uso allí. Parecía razonable aplicar este principio a la tan necesitada movilidad de aquél entonces. Recordemos que América era aún un sistema de colonias al servicio de Inglaterra.

Un Hyperloop londinense

   La primera constancia de los tubos de vacío a gran escala es la que dejó George Medhurst, ingeniero mecánico e inventor londinense. Ya en 1810 había diseñado un sistema de entrega de objetos pequeños mediante tubos de vacío.

   En 1812, y quizá exaltado por sí mismo, le dio una vuelta de tuerca y diseñó uno para meter personas dentro. La idea era sustituir al tren, algo que por supuesto nunca ocurrió.

   Si uno ha visto el funcionamiento de los tubos de vacío en la vertical de la línea de cajas de un supermercado (el que lleva el dinero hacia arriba) esto viene a ser lo mismo. Pero más grande, más potente, y con personas en su interior.

tubo neumático

Tubo neumático para hospitales. Fuente: Sistemas Neumáticos de Envío.

   Ya en 1812, Medhurst predijo que «para mayores velocidades, la presión requerida crece con el cuadrado de la velocidad; de modo que si la presión se acerca a las 40 libras por pulgada, el aire será impulsado a 1500 pies por segundo, lo que dará como resultado una velocidad cercana a 1.000 millas por hora».

   Una cifra que se acerca mucho a los 1.220 km/h de máxima que calculó Elon Musk para su Hyperloop.

El Hyperloop neoyorquino de 1870

   Hacia 1860 la Revolución Industrial había asentado al tren como el transporte por excelencia, al carbón como la fuente de combustible y la caldera como motor. Pero Alfred Ely Beach, inventor que venía de una rica familia de editores neoyorkina, no estaba tan de acuerdo con la idea. Y trató de dar a la neumática el puesto que se merecía.

   En 1865 patentó una idea que daría la vuelta al mundo rápidamente (y sería ignorada con igual velocidad tras su fracaso). Frente a las pesadas locomotoras, Beach diseñó un vagón de metro succionado a lo largo de una pista por enormes ventiladores.

   «Un tubo, un vagón, y un ventilador es todo lo que se necesita», escribió en su libro The Pneumatic Dispatch, en el que presentaba la idea a la ciudad de Nueva York.

Beach 1867

Prototipo de 1867 de Alfred E. Beach. Fuente: Gizmodo.

   Como era evidente que la ciudad no iba a darle autorización para construir una máquina que lanzase personas en tubos de vacío impulsados por neumática, Beach solicitó al ayuntamiento el permiso para construir una red que se usaría para el correo.

   Una vez conseguido el permiso para el pequeño tubo que llevaría el correo, Beach hizo lo que le dio la real gana y empezó a construir un enorme túnel bajo la ciudad. Adoptó el rol de villano de cómic y diseñó un plan para construir su sistema de vías en secreto bajo las calles de Manhattan.

   Terminó de construir un pequeño túnel tras dos años de duro trabajo. Desde la Murray St hasta Warren St. Una vez terminado, en 1870 realizó una demostración ante la prensa. Sorprendentemente, no murió nadie. Y más sorprendente todavía, eso fue suficiente para el ayuntamiento para otorgar un permiso de un año de explotación, que luego se iría renovando.

Beach map 1870

Recorte de prensa de 1871 con el sistema de impulsión de Beach. Fuente: MCNY.org.

   El invento fue tan novedoso que incluso ante el excesivo coste de 25 centavos de dólar el viaje, tuvo 400.000 viajeros el primer año. Aunque poco a poco la cantidad fue menguando, y llegado 1873 incluso Beach abandonó el proyecto y su propia compañía.

   Tras aquello, el túnel fue sellado.

Un paso más hacia el fracaso

   Pero la historia del Hyperloop victoriano terminó con el incendio que destruyó la sede de la compañía Beach Pneumatic Transit Co en 1898. Pero antes de aquello hubo tiempo para un fracaso más.

Aftermath of fire at the Rogers

Aftermath of fire at the Rogers, Peet & Co. Building, 1898. Fuente: MCNY.

   Con la caída en desgracia de Medhurst y Beach, el traumatizado cirujano Rufus Henry Gilbert tenía vía libre para diseñar disparates.

   Rufus Henry Gilbert tenía una amplia vocación de inventor, y es lo que hoy llamaríamos un emprendedor. Realizó sus estudios superiores en la Columbia University College of Physicians and Surgeons (NY), donde obtuvo la carrera de médico cirujano.

   Los primeros años de Gilbert como médico en Nueva York fue consciente de los problemas de salud pública que producía el hacinamiento, y tras la Guerra Civil Americana (1865) –en la que se ganó una elevada reputación– la ciudad de Nueva York le contrató para el diseño de la red de transportes.

Gilbert estaba completamente obsesionado con los problemas de salud asociados a la falta de movilidad. Como cirujano, el grueso de sus trabajos habían sido amputaciones debido a infecciones por hacinamiento, y esto le llevó a plantear que «un buen tránsito [ciudadano] permitiría a los urbanitas pobres el moverse a zonas más deseables, donde su salud mejoraría de manera sustancial».

   Basó el diseño de una red de metro neumático en aquella idea, y en 1872 recibió la confirmación vía carta para comenzar la construcción de un túnel sobre la 6ª Avenida. El modelo de túneles de Beach se había comprobado demasiado costoso, y la ciudad de Nueva York quería a ver si las alturas eran más asequibles.

   La alcaldía no podía ocupar las calles, ya que el tráfico de viandantes, carretas, coches de tiro y tranvías era demasiado elevado.

Hyperloop victoriano

Diseño de Rufus Gilbert del sistema neumático de 1872, visionando la década de 1880. Fuente: The Guardian.

   El proyecto nunca llegó a ejecutarse. En 1873, y todavía en búsqueda de constructoras que quisiesen ligar su fortuna a aquel disparate, estalló la crisis económica que dejó todo tal y como había empezado. Los tres proyectos fueron enterrados, disueltos y olvidados.

   En su lugar, Nueva York tuvo durante varias décadas un sistema de trenes convencionales (a vapor) tanto bajo tierra como por raíles aéreos. Pero de la neumática nunca se supo, salvo quizá por la parodia de 1999 del sistema de transporte neoyorkino de 2999 que ofrecía Futurama.

   Más de un siglo después, y ahora sí con la tecnología de levitación magnética con la que combinar tubos de vacío de un modo económico y seguro, Elon Musk, otro inventor emprendedor, ha cogido las riendas del proyecto de impulsar personas mediante un sistema pseudo-neumático.

   Esperemos tenga más suerte que sus predecesores.

Bibliografía:

— G. Medhurst, «A new method of conveying letters and goods with great certaintly rapidity by air», Londres, 1810. Google Books.

— G. Medhurst, «Calculations and remarks, tending to prove the practicability, efects and advantages of a plan for the rapid conveyance of goods or passengers upon an iron road through a tube of 30 feet in area, by the power and velocity of air, Londres, 1812. Google Books.

— Alfred E. Beach, «The Pneumatic Dispatch», New York, 1868. Google Books.

— Fotografía: «Aftermath of fire at the Rogers, Peet & Co. Building, 1898». Museum of the City of New York.

— «Hyperloop, el tren magnético-neumático de 1.220 km/h con el que Elon Musk quiere revolucionar el transporte», 2013. Engadget.

— Marlo Aguilar, «Hyperloop Alpha: This Could Change Transit Forever», 2013. Gizmodo.

— Kelsey Campbell-Dollaghan, «How One Inventor Secretly Built a Pneumatic Subway Under NYC», 2013. Gizmodo.

— Lindsay Turey, «The Beach Pneumatic Transit Company – just a bunch of hot air?», 2012. Museum of the City of New York.

— Kelsey Campbell-Dollaghan, «The Failed Race To Build The Hyperloop Of The 1870s», 2016. FastCoDesign.

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