Máquina de escribir japonesa

   Se suele decir que el japonés es una de las lenguas más difíciles de aprender. Su escritura está formada por más de 40.000 kanjis, pero solo 2.136 están considerados de uso cotidiano por el Ministerio de educación japonés. Es la lista jōyō kanji, que todo japonés conoce después de haber pasado por la escuela y que se supone que te permite leer cualquier texto escrito en ese idioma. Si un libro o un periódico usa un kanji que no figura en la lista está obligado a incorporar la transcripción mediante furigana. Tiene sentido entonces que cuando Kyota Sugimoto inventó la primera máquina de escribir japonesa en 1915 esta tuviera 2450 caracteres, más que suficientes para poder redactar cualquier documento empresarial o gubernamental.

Operarios manejando las máquinas

   El diseño de la máquina hacía evidente que Sugimoto había trabajado en una imprenta, ya que la bandeja de caracteres era similar a los bloques de impresión tipográfica usadas en ellas. El mecanismo era complejo y maravilloso a partes iguales. El cilindro de papel y el mecanismo de mecanografía están en rodillos que el operador puede mover de izquierda a derecha o de arriba a abajo sobre la bandeja con los tipos para posicionar el percutor sobre el carácter seleccionado. Presionando hacia abajo la tecla un pasador bajo la bandeja empuja hacia arriba el bloque del tipo seleccionado, que es agarrado por el percutor desde arriba. El percutor gira el bloque del tipo noventa grados sobre una pequeña rueda de tinta y luego golpea el papel. Vuelve entonces a su posición original, colocándose el bloque del tipo en la bandeja. La máquina de escribir imprimía de arriba hacia abajo y de derecha hacia izquierda, por lo que después de escribir un tipo el cilindro de papel giraba para que el siguiente se imprimiera por debajo del anterior. Cuando la escritura se aproximaba al final de la página sonaba una campana, avisando a la persona de que había llegado al final de esa columna. A continuación se tiraba de una palanca para mover el papel a una nueva columna, a la izquierda de la anterior.

Bandeja llena

   Para utilizar esta máquina de escribir había que estar altamente cualificado ya que la gran cantidad de caracteres hacía que el proceso de escritura fuera muy lento si no se sabía exactamente dónde se encontraba cada uno. Además, existían caracteres muy complejos ‒como o 驚‒ que requerían un golpe más fuerte para compensar la enorme superficie del tipo de letra. Aunque era imposible alcanzar la velocidad que se puede conseguir con una máquina de escribir occidental, con la suficiente práctica era posible hacerlo a una velocidad bastante aceptable. Esto hacía que ser operario de máquina de escribir fuera un oficio muy bien pagado.

Bandeja vacía

   Las máquinas de escribir de costaban en 1917 unos 180 o 190 yenes, lo que al cambio de hoy serían unos 1.500 euros. Durante una buena parte del siglo XX el diseño se fue actualizando en distintas versiones, e incluso llegó a desarrollarse una máquina eléctrica en la década de los ochenta. El comienzo del fin de las máquinas de escribir japonesas se produjo cuando los primeros procesadores de texto digitales comenzaron a comercializarse en esa misma década. A mediados de los noventa los ordenadores tenían ya un precio bastante asequible y comenzaron a extenderse por todos los hogares. Así fue como se consumó su final.

Aspecto actual de una máquina de escribir japonesa

   Aunque las máquinas de escribir japonesas ya no se fabrican, la compañía que fundó Kyoka Sugimoto para fabricar su invento, la Nippon Typewriter Company, continúa existiendo actualmente. La invención de Sugimoto ha sido considerada como una de las diez más importantes del país por la oficina de patentes. El tiempo ha hecho que estas máquinas se conviertan en un testimonio valiosísimo de la historia. A día de hoy la mayoría de ellas están acumulando polvo en desvanes y almacenes aunque es posible encontrar algunas de ellas en tiendas de segunda mano y en páginas de Internet.

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