Martin Luther King and The Montgomery Story

   El 1 de diciembre de 1955 Rosa Parks, una mujer afroestadounidense, fue arrestada por negarse a ceder su asiento en un autobús a una persona blanca. A partir de ese momento, y durante un año, dio comienzo una protesta política y social no violenta en contra de la segregación racial en los transportes públicos que se conoció como «Boicot de autobuses de Montgomery» y en la que también participó, entre otros, Martin Luther King. El 4 de junio de 1956 el tribunal dictaminó que las leyes raciales de Alabama que estipulaban la segregación en los autobuses eran inconstitucionales, una decisión que fue confirmada por la Corte Suprema en noviembre de ese mismo año. A finales de diciembre el boicot se consideró oficialmente terminado, quedando aprobada una ordenanza que autorizaba a los pasajeros negros a sentarse en cualquier parte de los autobuses. Esta decisión levantó las iras de los blancos que defendían la segregación y dio lugar a una ola de violencia en contra de la comunidad negra.

   En mitad de este contexto, un cómic de tan solo dieciséis páginas se convirtió en una de las armas más poderosas para ayudar a luchar contra las políticas de segregación en Estados Unidos. Publicado en 1957 por la Asociación de Reconciliación, el cómic contaba la historia del boicot de autobuses de Montgomery, con Martin Luther King y Rosa Parks como personajes principales, defendiendo los principios de la resistencia no violenta.

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   La primera tirada fue de 250.000 copias, vendidas por diez centavos cada una. En lugar de venderse por los canales tradicionales, el cómic fue vendido directamente a grupos de derechos civiles, iglesias y escuelas. Así se evitaba pasar por los medios de comunicación de entonces y se llegaba directamente a un público más amplio. Hubo incluso ejemplares que llegaron a comunidades en las que se tuvieron que destruir después de leerlos por temor a lo que les podría pasar si les cogían con ellas.

   Rich Johnston no titubea en calificar este cómic como el más influyente de la historia. Según comenta, el cómic se propagó fuera de Estados Unidos y ayudó a inspirar movimientos de protesta no violentos en América Latina, Sudáfrica y Oriente Medio. En ocasiones se publicaban versiones totalmente diferentes, basándose solo en la idea, adaptadas a cada contexto. Johnston no duda en extender la influencia de este cómic a la Revolución egipcia de 2011.

   Lo que este cómic viene a reforzar es la idea que planteaba hace unos días sobre si no va siendo ya hora de jubilar el término «novela gráfica». El hecho de que un cómic de tan solo dieciséis páginas ‒aunque la extensión es lo de menos‒ se utilizara como herramienta política en la lucha por los derechos civiles en el Estados Unidos de la década de los cincuenta demuestra la importancia social, histórica y cultural que tuvo esta forma de contar historias. Es la confirmación de que los cómics nada tienen que envidiar de lo que tradicionalmente se ha considerado como alta literatura.

 

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