Rueda para determinar el olor de un libro antiguo

   Hace unas semanas hablaba de los intentos de un grupo de estudiantes de la Escuela Superior de Arquitectura, Planificación y Preservación (GSAPP) de Columbia para capturar, almacenar y recrear el olor de una biblioteca entera, la Biblioteca y Museo Morgan. Determinar a qué huele un libro antiguo, sin embargo, puede ser todo un desafío, ya que cada uno de ellos puede tener un olor distinto dependiendo de diversos factores. Un grupo de científicos del Instituto para el Patrimonio Sustentable de la University College de Londres ha desarrollado una herramienta que permitirá determinar, preservar e incluso recrear los diferentes olores a libros antiguos y han presentado los resultados en un artículo de la revista Heritage Science.

   En primer lugar el equipo recolectó muestras del aire de una biblioteca del siglo XVIII y realizó un análisis químico de los compuestos orgánicos emitidos por los libros antiguos. Ya que el papel está en constante descomposición, este libera compuestos químicos se mezclan con el aire para formar un olor único. Los investigadores analizaron esos compuestos y utilizaron un espectrómetro de masas para determinar su firma química.

   A continuación realizaron un experimento sensorial para estudiar la percepción subjetiva de los olores de personas ajenas a la investigación. Se presentaron ocho olores indeterminados a 79 visitantes del Museo y Galería de Arte de Birmingham, de los cuales solo uno era olor a libro antiguo, mientras que el resto correspondía a otras sustancias como café, pescado o carbón. Se les pasó a los sujetos un cuestionario para que eligieran palabras que permitieran describir el olor, incidiendo en su intensidad y en su carácter agradable o desagradable. Los descriptores más frecuentes fueron «chocolate», «café» y «viejo». Aquellos que tenían un mejor olfato utilizaron descriptores como «arbolado», «ahumado» o «terroso». Algunos incluso se atrevieron a calificarlo de «picante». Como se puede ver, son descriptores que no coinciden con los que se suelen utilizar habitualmente como «vainilla» o «hierba recién cortada». Toda esta información fue recopilada para crear una rueda de olores de libros antiguos, una herramienta parecida a la que se utiliza para determinar sabores como el del vino o el café.

   La rueda contiene 8 categorías principales, situadas en el círculo más interior, 35 descriptores en el siguiente círculo y el compuesto químico que causa ese olor en el círculo más exterior. Con este instrumento será posible desarrollar un vocabulario más específico para identificar olores que tienen un significado cultural. Al fin y al cabo, los olores tienen un papel importante en nuestras vidas. Nos afectan emocional, psicológica y físicamente, e influyen en la forma en que nos relacionamos con la historia. ¿Por qué no, entonces, considerarlos como parte del patrimonio cultural? En este sentido, la rueda puede ser utilizada por museos e historiadores para reconstruir un pasado que ya no es posible oler. Y, de paso, también puede ayudar a entender el estado de un libro y las amenazas que lo acechan ya que su olor contiene información sobre su condición y composición química.

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