Spinoza

   El miedo y la esperanza son dos de los tópicos más y mejor analizados en la filosofía política moderna. Autores como Spinoza, Hobbes o Maquiavelo se sirven de ambas emociones como elementos que explican el control social de la población por parte de las clases dirigentes, obviamente, con matices y variaciones según el autor que los trate. En su Ética demostrada según el orden geométrico Spinoza define la esperanza como una alegría inconstante, que brota de la idea de una cosa futura o pretérita, de cuya efectividad dudamos de algún modo. Es decir, que el sujeto imagina la posibilidad de que esa cosa que espera de hecho acontezca, y en la misma medida teme que no ocurra. A la inversa, el miedo es esa tristeza inconstante que ronda alrededor de la posibilidad de que algo que esperamos que no ocurra, finalmente tenga lugar.

   Maquiavelo, por su parte, explica en El Príncipe cómo el gobernante debe emplear tales afectos, haciendo especial hincapié en el miedo, para garantizarse el buen gobierno y el control de los súbditos. «Los hombres vacilan menos en hacer daño a quien se hace amar que a quien se hace temer […] El temor emana del miedo al castigo, el cual nunca te abandona.»

   El pasado Viernes Santo, se vivió una situación ciertamente dramática en unos de los pasos de Sevilla. Al parecer, un grupo de personas independientes entre sí gritó ciertas consignas, provocando el temor generalizado en la procesión y la subsiguiente avalancha, que se saldó con un total de 17 heridos. El miedo a un hipotético atentado terrorista dio lugar a la psicosis generalizada. Se pudieron ver imágenes de personas llorando, con ataques de pánico, crisis de ansiedad, etcétera.

Soldado americano con la bandera de ISIS

   No es la primera vez que se dan hechos de este tipo, y es probable que cada vez sean más frecuentes. Pensemos en el modo como se transmite la información cuando ocurre algún ataque real en Europa. Las reacciones de los dirigentes políticos y de ls medios de comunicación. Las restricciones en las libertades civiles, los diversos «estados de excepción«», el control cada vez mayor de la población en occidente, en nombre de la «seguridad». Y no olvidemos que todo ello legitima moralmente intervenciones militares de corte imperialista en oriente, ya se trate de Irak, de Afganistán, o de Siria.

   El miedo, según nos enseñaron los modernos, es una herramienta muy poderosa, si el gobernante sabe como utilizarlo. Actualmente vivimos condicionados por la posibilidad de un atentado terrorista. Día tras día en televisión nos enseñan imágenes de fundamentalistas detenidos, de sujetos con vidas normales que sorprendentemente “se han radicalizado”. Día tras día se frustra algún ataque terrorista en alguna parte de occidente, y se anuncia a bombo y platillo. Si hay algún evento importante (un partido de fútbol, un concierto, etcétera), se hace especial hincapié en la presencia de operativos excepcionales de seguridad. En el momento en que realmente ocurre algo, aparece en la primera plana de los informativos durante semanas. Nos hacen conocer cada detalle de cada víctima, su nombre, su edad, su clase social, sus filiaciones. Repiten las imágenes del atentado en bucle. Nos detallan las pesquisas policiales. El enemigo podría ser tu vecino o tu compañero de trabajo. Podría estar escondido en tu casa, planeando el siguiente ataque. Nadie está a salvo. Parece legítimo tener miedo, parece legítimo que los gobernantes tomen medidas de excepción y nos protejan, aún a costa de restringir nuestras libertades fundamentales. Aún a costa de asesinar a otras personas en nombre de nuestras democracias.

   Podría llegar el día en que si alguien quisiera cometer un crimen en masa, le bastara con pasearse por una zona transitada recitando en árabe versículos del Corán, y amenazando a la gente con una pistola de juguete. La televisión, la prensa escrita, el gobierno de la nación, y los diversos grupos de influencia, ya habrían hecho el resto. La pregunta entonces es quién sería el responsable de ese crimen.

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