sin batería tecnología

   Miras la hora y un escalofrío te recorre el cuerpo. Un escalofrío que hace unos años habrías encontrado absurdo e infantil pero que ahora eres incapaz de evitar. En la barra superior, el teléfono informa de un 8% de batería. Levantas la vista y lo compartes con la familia:

   —Me estoy quedando sin batería. ¿Alguien tiene un cargador?

   Me. Me estoy quedando [yo] sin batería. Es el teléfono móvil o smartphone el que drena poco a poco su fuente de energía y el que se apagará. Y, sin embargo, nos atribuimos la baja carga de manera personal, como si fuésemos a apagarnos al llegar el terminal al 0%.

   Como si fuésemos incapaces de mantener una conversación con la pantalla apagada. Aunque, quién sabe. Quizá no podemos.

Desarrollo y avance

   La tecnología ha modelado nuestro lenguaje desde el inicio del mismo. Es más, el lenguaje no es sino una construcción tecnológica para transmitir datos, ideas y conocimiento. Si se tiene algo interesante y útil que decir, incluso es capaz de transmitir sabiduría. Aunque esto es menos frecuente.

   Es cierto, hoy día el lenguaje tiene un significado para muchos más que eso, pero no deja de ser una invención que tuvo un origen utilitarista y pragmático y que se usa con el mismo fin. Sentirnos bien, matar el tiempo, informarnos, aprender…

escribir es una tecnología

   Por poner algunos ejemplos de cómo la tecnología hace surgir conceptos nuevos, pensemos en la palabra crecimiento, hoy tan en boga junto a palabras como sostenible. Ninguna de las dos palabras tenía sentido en el siglo XI, un tiempo en el que un campesino no podía multiplicar su cosecha de un año para otro en base a un interés del 5%. Su cosecha daría el mismo trigo que había dado el año pasado, el anterior, y a lo largo de todos los años del siglo pasado. Además, esa misma cosecha iba a tener el mismo impacto sobre el entorno se hiciese lo que se hiciese. De modo que ni crecimiento ni sostenibilidad eran términos usados en producción. Y por supuesto no saltaban a otros campos como política o sociedad.

   Pero, a medida que la tecnología hizo posible que creciesen más plantas por año, palabras como crecimiento empezaron a tener sentido y a dar como resultado otros conceptos (como la necesaria y tan esquiva sostenibilidad). Y lo mismo puede hablarse sobre conceptos como avance [científico, democrático…] o progreso desde la Revolución Industrial, entre otros.

   Avance y progreso parten de la base de que la tecnología modifica la realidad tanto si estamos o no de acuerdo con cómo de beneficioso sea ese avance o ese progreso. Por lo tanto, se requiere una realidad cambiante para que conceptos similares puedan ser usados. Pero, ¿qué avance puede tener una sociedad que usa una azada con respecto, pongamos, a la generación anterior, que usaba la misma herramienta?

   Poca, o ninguna. De ahí que estos conceptos no tuviesen ningún sentido hace siglos, pero que hoy resulten indispensables para explicar el mundo. Hoy, desarrollo, avance o progreso no se usan solo en producción (donde, por cierto, se discuten bastante), sino en todos los ámbitos de la vida. Uno ha de progresar en la vida, ha de avanzar, ha de desarrollarse.

   Y lo puede hacerlo sin estirarse cuan largo es, moverse o crecer físicamente, que es la atribución que se le hubiese dado hace unos siglos a esas palabras.

La máquina de vapor

   Un ejemplo mucho más concreto lo tenemos en este ejemplo de Sigmund Freud (sacado de Homo Deus, de Yuval Noah Harari). En él se observan las continuas referencias a la máquina de vapor por parte de Freud:

   «Los ejércitos emplean el impulso sexual para alimentar la agresividad militar. El ejército recluta jóvenes en el momento justo en que su impulso sexual es más fuerte. El ejército limita las oportunidades de los soldados de mantener relaciones sexuales y de liberar toda esa presión reprimida, que, en consecuencia, se acumula en su interior. Después, el ejército redirige esa presión acumulada y permite que se libere en forma de agresividad militar».

   Impulso, presión, liberar, acumular, redirigir. Son todas palabras usadas a lo largo de la Revolución Industrial en materia de trabajo. Calderas, pistones y sistemas neumáticos dieron sentido a una era completa, y dotaron el vocabulario de conceptos que hasta entonces tenían poco o ningún sentido.

caldera tecnología

   Un concepto tan frecuente hoy como presión no podía ser usado en el siglo VI salvo si hablábamos de un volcán. Pero en la actualidad tenemos ruedas a presión, cafeteras a presión y ollas a presión, por lo que es normal que hablemos de presión social o presión mediática, trasladando conceptos ingenieriles al lenguaje común.

¿Qué es tecnología? ¿Y tú me lo preguntas? Tecnología eres tú

   Si algo caracteriza esta época en base al lenguaje y su relación con la tecnología es que esta ya no es algo externo que se aplica sobre nosotros. El desarrollo agrícola no es algo que cala hasta convertirse en desarrollo personal, o la presión no es un concepto ingenieril que, modificado, modela nuestra sociedad. Hoy día nos sentimos más tecnología que nunca.

   Pensemos en la azada antes mencionada, o incluso en la máquina de vapor. Aunque a raíz de estos inventos surgiese un vocabulario que saltó a la comunidad general, es muy improbable que hubiésemos localizado a un agricultor del VI que nos confirmase:

   —Me estoy desgastando, voy a afilar la azada.

   La que se desgasta es la herramienta, pero en siglos anteriores quedaba bien claro que la persona es un ente completamente diferente de ella que no tiene por qué compartir propiedades. Imaginemos cómo habría mirado el capataz de una fábrica textil al encargado que dijese:

   —Pierdo presión por las juntas, necesitamos reparar la salida de la caldera.

   La caldera es un trozo de metal y tubos alimentado con carbón y agua, y el encargado es otra cosa bien diferenciada. Por lo general, más blandito.

teléfono tecnología

   En siglos anteriores no tenía sentido comparar humanos con objetos (o ya puestos animales), pero la confirmación científica de que no somos más que un pedacito de materia dando vueltas por un mundo más bien pequeño de un sistema solar diminuto en una galaxia no demasiado importante en un universo en expansión nos ha puesto en nuestro sitio. Ha modelado el lenguaje y ha permitido que conceptos tecnológicos (antes externos) pasen a formar parte de nosotros mismos.

   De ahí que hoy día nos quedemos sin batería nosotros, y no nuestro terminal. Hemos asumido que el teléfono móvil no es una herramienta externa en todo momento. En ocasiones su uso puede compararse en utilidad con alguna de las partes del cuerpo, y eso se ve reflejado en nuestro lenguaje.

   Imágenes | OpenClipart-Vectors, Pexels, Álvaro Hernández, Graham Crumb

Comentarios

comentarios