best-bathroom-readers1   Los hay que prefieren leer en la comodidad de un sillón, otros en el apacible banco de un parque, también quien lo hace en el ajetreo de una cafetería o acostados en la cama antes de dormir. Por último, también, existe un importante número de lectores que cuenta con el trono del cuarto de baño como uno de los lugares predilectos para la lectura. Según datos publicados por The Guardian más del 64% de los hombres y del 41% de las mujeres confesaron ser habituales lectores de baño. Al fin y al cabo, la lectura puede convertirse en una actividad relajante y al recurrir a ella en el baño no solo conseguimos evadir nuestra mente sino que destensamos los músculos del cuerpo, incluyendo los encargados de los movimientos intestinales y el esfínter anal, lo que explica que se haya convertido en una solución habitual para combatir el estreñimiento. Incluso existe una página que te permite leer clásicos mientras estás en el baño.

   El escritor Henry Miller dedica algunas reflexiones a este hábito en su librito Leer en el retrete, rescatado con mucho acierto por la editorial Navona, que en contra de lo que podría parecer por el título es un conjunto de interesantes reflexiones sobre el hábito de la lectura en general, y no exclusivamente sobre la lectura de baño. «La diferencia entre la gente que se encierra en el retrete para leer, rezar o meditar, y la que sólo acude al mismo para cumplir con sus funciones, es que los primeros siempre se encuentran con algún asunto pendiente y los segundos siempre están listos para lo siguiente», dice el autor de Trópico de Cáncer.

   Pero independientemente de las apreciaciones de Miller, ¿se sabe si leer en el baño podría tener aspectos positivos o negativos para la salud? Hace tiempo hablábamos de los sorprendentes beneficios de leer antes de ir a dormir y también se han realizado estudios en lo que respecta a la clásica lectura de baño. En el mismo artículo de The Guardian citado anteriormente Ron Shaoul, especialista en gastroenterología pediátrica en el Bnai Zion Medical Centre en Haifa, Israel, presentó un estudio elaborado a partir de un cuestionario que fue respondido por 500 personas, mujeres y hombres, de entre 18 y 65 años y de diferentes categorías sociales y profesiones.

   El principal objetivo de Shaoul era establecer si existe una correlación entre la lectura en el baño y el funcionamiento intestinal, y más en concreto el estreñimiento y las hemorroides. Los resultados del estudio no fueron del todo concluyentes. Según este, parece ser que la lectura en el baño, además de evitar el aburrimiento, no tiene efectos negativos sobre el organismo. Aquellos que leen, además, tienen tendencia a considerarse menos estreñidos porque la lectura es una práctica relajante. Esta opinión contrasta con la de David Gutman, médico jefe de los Advanced Hemorrhoid Specialists de Ohio, que desaconseja leer en el baño porque aumentar de forma innecesaria el tiempo que se permanece sentado en el retrete sí puede aumentar las posibilidades de tener hemorroides. De acuerdo con este especialista, el tiempo óptimo para estar en el retrete es el estrictamente necesario para cumplir la función para la cual se ha inventado.

   ¿Y qué hay con respecto a la contaminación bacterial? El estudio de Shaoul afirma que no hay grandes evidencias de que haya más contaminación bacterial entre quienes leen en el baño con respecto a quienes no lo hacen.

   Val Curtis, directora del Centro de Higiene de la London School of Hygiene and Tropical Medicine, garantiza que el riesgo higiénico es muy bajo y que puede ser casi eliminado con un meticuloso lavado de manos. Hay que decir también que con los modernos soportes de lectura la cuestión se complica porque los microbios tienden a sobrevivir menos en el papel pero pueden resistir más tiempo sobre las pantallas de los dispositivos electrónicos. De hecho, según un estudio presentado por la BBC y realizado por la London School of Hygiene and Tropical Medicine a partir de muestras tomadas en unos 400 celulares en diferentes ciudades británicas, por lo menos uno de cada diez teléfonos portátiles está contaminado con materia fecal, algo no directamente achacable al hábito de leer en el baño sino al de no lavarse las manos con jabón. Algo que para Curtis no es tan grave como parece, puesto que las huellas de nuestros deshechos corporales están presentes en muchos otros objetos que tocamos a diario.

   Hay, por tanto, tanto estudios y especialistas que defienden la lectura en el baño como otros que la desaconsejan. Leer es una actividad muy íntima y el lugar donde lo hacemos dice de nosotros como lectores más de lo que pensamos. Que cada cual elija el aquel que le resulte más cómodo o placentero. Porque de lo que se trata es de disfrutar.

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