El otro día estaba dando una vuelta por el barrio de las salesas, anduve un poco por la calle Barquillo ¡et voilà! ahí estaba en la esquina, justo al final de la calle Barquillo, esquina con Alcalá. El instituto Cervantes. De pronto me acordé de una carta escrita por Don Quijote, que cuenta la historia de esta gran institución.

   Soy consciente de que Don Quijote es simplemente un personaje de nuestra literatura. Pero, imagínense que Cervantes fuese consciente del éxito de su obra y, realmente hubiera querido crear la institución hoy presente que lleva su nombre. O que incluso ésta se hubiera expandido llegando hasta la China. Al comienzo del segundo tomo de Don Quijote, el protagonista manda una carta al conde de Lemos bastante curiosa. La carta dice lo siguiente:

   Enviando a Vuestra Excelencia los días pasados mis comedias, antes impresas que representadas, si bien me acuerdo dije que don Quijote quedaba calzadas las espuelas para ir a besar las manos a Vuestra Excelencia; y ahora digo que se las ha calzado y se ha puesto en camino, y si él allá llega, me parece que habré hecho algún servicio a Vuestra Excelencia, porque es mucha la priesa que de infinitas partes me dan a que le envíe para quitar el hámago y la náusea que ha causado otro don Quijote que con nombre de Segunda parte se ha disfrazado y corrido por el orbe. Y el que más ha mostrado desearle ha sido el grande emperador de la China, pues en lengua chinesca habrá un mes que me escribió una carta con un propio, pidiéndome o por mejor decir suplicándome se le enviase, porque quería fundar un colegio donde se leyese la lengua castellana y quería que el libro que se leyese fuese el de la historia de don Quijote. Juntamente con esto me decía que fuese yo a ser el rector del tal colegio. Preguntéle al portador si Su Majestad le había dado para mí alguna ayuda de costa. Respondióme que ni por pensamiento.

   —Pues, hermano —le respondí yo—, vos os podéis volver a vuestra China a las diez o a las veinte o a las que venís despachado, porque yo no estoy con salud para ponerme en tan largo viaje; además que, sobre estar enfermo, estoy muy sin dineros, y, emperador por emperador y monarca por monarca, en Nápoles tengo al grande conde de Lemos, que, sin tantos titulillos de colegios ni rectorías, me sustenta, me ampara y hace más merced que la que yo acierto a desear.

Comentarios

comentarios