Leer a perros para fomentar la lectura

   Los que tenemos perro no necesitamos que nadie nos explique la infinidad de beneficios que aportan. Ahora bien, a la clásica lista de ventajas se le podría añadir una bastante insólita y poco conocida: la capacidad para hacer que los niños se enganchen más a la lectura o se conviertan en mejores lectores. Aunque suene extraño, no se trata de una práctica nueva. Se originó en Estados Unidos en 1999 con el programa «Read Reading Education Dogs», conocido por sus siglas READ o con «Library Dogs», y posteriormente se extendió a otros países, como el Reino Unido, que lo utilizó en iniciativas como «Bark and Read» o España en el programa «Perros y Letras».

   Uno de esos beneficios de los perros, y de los animales domésticos en general, es el efecto desestresante que su mera presencia tiene en algunas personas y que en particular puede ser bien utilizado con los niños. Es cierto que la lectura generalmente suele ser algo solitario pero también puede desarrollarse de una forma más social, más compartida. Como plantea Gill Johnson en Independent, el hecho de que un niño que está aprendiendo a leer le lea a un perro puede convertir esta actividad en una experiencia completamente distinta, con más ventajas de las que se podría pensar en un principio.

Un niño leyéndole al galgo Danny

   Los niños que están aprendiendo a leer lo hacen ante adultos, que pueden juzgarlos o corregirlos, lo que les somete a una presión extra que hace que no se disfrute igual de la lectura. Un perro es el oyente ideal para desarrollar la confianza en sí mismos y encontrar la motivación necesaria: es una audiencia fiel y amorosa, tranquilizadora y acrítica, a la que no le importará que se comentan errores, que no hará interrupciones ni comentarios en ningún momento. Incluso podrá atreverse a experimentar con distintas entonaciones y voces, sabiendo que la respuesta que obtendrá será siempre positiva. Todo ello repercutirá en una mejora de la comprensión lectora, especialmente en los niños con mayor dificultad o rechazo hacia la lectura, porque se compensa lo tedioso o frustrante que puede resultar esta actividad con el disfrute social de estar con una mascota. La única manera que hay de que los niños aprendan a leer bien es motivarlos para que lean mucho, señaló el experto en alfabetización Marylyn Jager-Adams.

Otra niña leyéndole a Danny

   Es cierto que todavía no hay evidencias firmes que defiendan esta idea, pero todo apunta a que es así. A esa conclusión llegaron en 2016 los estudiosos Hall SS, Gee NR y Mills DS, que publicaron una revisión sistemática de 48 estudios que existen al respecto titulada «Los niños que leen a los perros». Parece que el hecho de que haya un perro presente durante la lectura hace que mejore el ambiente en el que se lee, lo que redunda en una mejora del proceso de lectura. Un ejemplo célebre es el de Tony Nevett y su galgo Danny, que recorren las escuelas primarias del Reino Unido para que los niños lean al animal dentro del programa «Bark and Read» con la intención no solo de promover la lectura sino de mejorar el comportamiento y el bienestar de los niños.

   No se trata de plantearlo como la panacea de la lectura, pero desde luego, como dice Gill Johnson, no se pierde nada por intentarlo. Hay poco que perder y mucho que ganar.

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