Javier Miró

   A poco que se sea escritor 2.0 es difícil no conocer a Javier Miró. Fundador y director de la web especializada en literatura independiente Libros Prohibidos (con la que hemos hecho algunas colaboraciones), también asesora a nuevos autores a través de la agencia editorial que dirige, Autorquía, y de su canal de YouTube, donde proporciona un montón de recursos para escritores. En 2014 inicia su andadura como novelista con Rebelión 20.06.19 (Triskel Ediciones). La Armadura de la Luz es su segunda novela, de la que hace unos días publicamos una reseña. Hoy entrevistamos a Javier para conocer un poco más acerca de esta novela y de su visión sobre la fantasía épica.

Tu primer libro, Rebelión 20.06.19, pertenece a la ciencia ficción y ahora, con La Armadura de la Luz, has dado el salto a la fantasía épica. ¿En qué género te sientes más cómodo?

Desde que empecé a escribir en mi adolescencia, siempre me he centrado en la posibilidad de otros mundos distintos al nuestro, lo que tiene una sencilla explicación: yo consideraba que para escribir algo era necesario tener una gran experiencia, haber viajado, haber vivido, haber conocido gente, etc. Como me pasé los primeros 26 años de mi vida prácticamente sin moverme de mi ciudad natal, llegué a la conclusión de que, para escribir con propiedad, debía inventarme los mundos en los que se desarrollasen mis historias. Esto explica que mi primera novela transcurra en el futuro, y que la segunda (que comencé a escribir con 21 años) esté dentro de un universo fantástico. Hoy en día, con más experiencia a mis espaldas, ya me siento más preparado para escribir todo tipo de cosas (me encantan el realismo mágico, la comedia, la novela histórica o el misterio, por ejemplo), aunque no puedo evitar seguir acudiendo una y otra vez hacia la ciencia ficción y la fantasía. Como dicen, la cabra tira al monte.

Se nota la influencia de los juegos de rol y de los universos al estilo de Dragonlance o Dungeons & Dragons. Yo, además, añadiría La sombra del viento de Patrick Rothfuss. ¿Alguna otra influencia sorprendente?

Soy un amante de los juegos de rol y si no juego más es porque el destino se empeña en ponérmelo difícil. Pero me gusta meterme en los papeles, improvisar, incluso caracterizarme, como se puede ver en algunos de los vídeos de mi canal de YouTube. También me encanta la fantasía medieval a lo D&D. He leído todo lo que ha caído en mis manos de este tipo de literatura (y no solo libros, sino cómics, juegos de mesa como Heroquest o Magic The Gathering) o cualquier otra cosa que se le pueda relacionar mínimamente, como la saga Dune. Pero en este sentido, aunque me gusta buscar siempre la innovación, el motor y precursor de mi afición sigue siendo Tolkien. No por su forma de narrar, que creo que ya ha quedado obsoleta, sino por su forma de comprender los mundos fantásticos.

Con respecto a otros autores más que reconocidos como George R. R. Martin o Patrick Rothfuss, los leí una vez que ya había escrito La Armadura de la Luz. En el caso de RothFuss y su El nombre del viento, descubrí sorprendentes paralelismos que tú mismo mencionaste en la reseña. Por ejemplo, experimenté una sensación extraña cuando vi que Kvothe se había criado en el seno de una troupe de artistas ambulantes, de forma parecida a Iviqi, la protagonista de La Armadura de la Luz, que se crió en un circo. Digo que fue una sensación extraña porque me gustó y, al mismo tiempo, me dio rabia por si alguien se pensaba que lo había copiado o algo parecido.

Y tengo otras muchas influencias menos ortodoxas, como son las maravillosas e inigualables películas juveniles de los 80, como Indiana Jones, Regreso al futuro, Los Goonies, Los cazafantasmas… Mi objetivo es reproducir en mis libros esa mezcla perfecta de fantasía, aventura, misterio, humor y acción. Eran 100% diversión. Si consigo solo una parte, me daré por más que satisfecho.

Detrás de muchos de los personajes o de algunos detalles se intuye que hay información que no se cuenta. ¿Existe esa historia oculta o esa sensación forma parte de los artificios de escritor?

Los personajes y situaciones están trabajados con esmero desde antes de empezar a escribir el libro. Para mí es fundamental perfilar al más mínimo detalle los personajes para que estos puedan tener una voz propia y se expresen con naturalidad. Siempre quiero que los diálogos queden bien terminados y resulten realistas, y esto no lo veo posible si los personajes no tienen alma. Para ello, también tiene una gran importancia la historia que hay detrás de ellos, así como del lugar donde se desarrolla la historia. Como curiosidad, puedo contarte que traté a Melay como un personaje más porque quería que compartiera protagonismo en la historia.

¿Te consideras escritor de brújula o de mapa?

Como se podrá intuir por la respuesta anterior, podría decirse de mí que soy un fundamentalista del mapa. Muchas veces me veo a mí mismo como un obseso de la planificación, la documentación y de que todo esté bajo control. Pero no, eso no es del todo verdad. Trabajo con guiones, documentos aparte y escaletas para saber qué ocurre en todo momento, sí, pero también me permito ciertas licencias más caóticas para que el texto gane matices. Aunque me mantengo siempre dentro de los límites del guion, a la hora de escribir introduzco pequeños cambios que no suponen ninguna alteración de la planificación, pero que aportan color y realismo y, por qué no, bromas y guiños. Esas variaciones siempre van a depender de mi estado de ánimo, o de cosas que ocurran a mi alrededor en el momento en el que estoy escribiendo, o de mis ganas de improvisar y jugar (como ocurre con los dichos de Jax, las meditaciones de Aezhel, o la forma de hablar de Daleid, por ejemplo). En una ocasión, leí que el director Quentin Tarantino había dicho que él siempre dejaba espacio en sus películas para que se reflejara lo que estaba viviendo en ese momento de su vida. Desde que vi esa entrevista me sentí reafirmado y ahora a ver quién es el listo que me dice que no trabaje así.

¿Es posible decir cuál ha sido la parte más difícil de escribir sin desvelar spoliers?

Sin duda, la cuarta parte. Desde el mismo momento en el que empecé a escribir La Armadura de la Luz sabía muy bien cómo comenzaba y cómo se desarrollaba la historia, pero todo lo que ocurre después del torneo ha sido un quebradero de cabeza constante. Lo he cambiado en cada una de las versiones que he escrito del libro, y esto es, sin exagerar, más de siete veces. Pero ha merecido la pena y he quedado muy satisfecho con el resultado (y de momento nadie se ha quejado).

El torneo también tuvo lo suyo. Al principio lo creé como un videojuego, esto es, en plan mata-mata-mata. Luego, con cada nueva versión, iba diversificando la acción y acortándolo. Tiene también incontables horas de trabajo detrás.

¿Cuáles son los planes de futuro para Umheim, el universo de La Armadura de la Luz?

Ante todo, La Armadura de la Luz está concebida como una historia autoconclusiva. Quería que los lectores se quedasen satisfechos cuando acabasen el libro, y esto es más fácil si la historia queda cerrada. Sin embargo, como puede comprobarse, hay material del que tirar para continuar en el mundo de Umheim. Yo, al menos, tengo mucho material escrito sobre este mundo fantástico, creado ex profeso para componer La Armadura de la Luz y también acumulado a lo largo de años en los que no tenía ni idea de que me iba a convertir en escritor. También tengo mucho escrito sobre los personajes, tanto los principales como los secundarios. Iviqi, Jax, Sergivs, Wolberg, Aezhel, las amazonas… todos tienen su propia historia y su propio arco evolutivo. A mí me encantaría seguir escribiendo y publicando sobre este mundo, ya sea en historias autoconclusivas, por separado, o continuadas en serie. Espero tener la oportunidad de hacerlo.

¿En qué estado crees que se encuentra la fantasía épica en la actualidad?

Siento la herejía, pero no me considero un gran especialista en el tema, y no es porque no lea, sino porque mi trabajo como asesor y crítico literario me exige leer todo tipo de géneros, pero siempre obras independientes (no famosas ni conocidas). Ello me impide tener un gran conocimiento de las últimas tendencias, aunque me da la sensación de que la fantasía épica goza de muy buena salud, como lo demuestra el regreso de Tad Williams o el renovado éxito de Terry Brooks.

También puedo hablar de un par de libros nacionales y poco conocidos que he disfrutado últimamente y que, sin llegar a ser 100% fantasía épica, sí que son muy roleros y divertidos. Se trata de Sopa de elegidos, de Pablo García Maeso, y Delbaeth Rising, de Gonzalo Zalaya y Víctor Blanco, cuya segunda parte se está fraguando en una exitosa campaña de crowdfunding. Muy recomendables ambos.

Y para terminar, me gustaría saber qué crees que puede aportar este género a un público adulto.

La fantasía, como tal, es una forma más de evadirse de esta realidad que nos ha tocado vivir. La veo más equilibrada que el fútbol, más elevada que las revistas del corazón, más sana que las drogas, más segura que las armas y más barata que el juego (aunque no mucho más). Aparte de esto, también la veo como un fenomenal ejercicio de crítica de nuestro mundo a través de alegorías. Yo solo entiendo la fantasía como un reflejo de nuestra realidad, por lo que es el escenario perfecto para mostrar los males de nuestro mundo y, por qué no, enfrentarlos. Y por ello, creo que solo un adulto podría llegar a disfrutar de la fantasía en todos sus niveles. Así que veo muy claramente que esta literatura está destinada sobre todo a los mayores de 18. Para mí, el ejemplo paradigmático de este fenómeno es La historia interminable, de Michael Ende, una historia llena de magia, narrada como un cuento infantil, pero que está sembrada de filosofía y profundas reflexiones. Desde luego que este libro es muy diferente cuando te lo lees de niño que cuando te lo lees de adulto. Ese es el camino.

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