Detrás de la pistola de Cristina Grela

   Cristina Grela es una de esas personas que no necesitan presentación. Si eres asiduo a La piedra de Sísifo es posible que te suene porque forma parte de nuestro equipo; a poco que frecuentes la parte más literaria de Twitter seguro que te has topado con ella, convertida allí en CrisMandarica, en algún hashtag sobre microrrelatos o compartiendo recursos para escritores; o puede que hayas leído alguno de los relatos que escribe en su blog. Porque aunque Detrás de la pistola es su primera novela, Cristina Grela escribe ficción desde 2014 en un blog que, por cierto, tiene el mismo nombre que su novela.

   Aparentemente sencilla, la trama de Detrás de la pistola es como una madeja urdida a fuerza de confianza y desconfianza que se va desenredando capítulo a capítulo, con una dosificación magistral del suspense ‒se nota el dominio de la autora del thriller psicológico, todo hay que decirlo‒.

   Solo por dar algunas pinceladas del argumento, diré que su protagonista, una chica llamada Pilar, se despierta de un coma completamente confundida y desubicada, después de haber sufrido un grave accidente de tráfico. Tendrá que retomar su vida pero en el camino descubrirá, junto al lector, que hay cosas que no son lo que parecen y personas que esconden segundas intenciones. A pesar de tener ya 28 años, es como si el personaje volviera a nacer de nuevo, como si recuperara esa inocencia infantil para, a continuación, perderla nuevamente. Esta idea se ve reforzada por las reflexiones que abren muchos de los capítulos, donde se hacen paralelismos entre la vida infantil y la adulta.

   A medida que la novela avanza, el lector comienza a dudar, junto a Pilar, de todo y de todos. Sin llegar a la sensación claustrofóbica de El quimérico inquilino de Roland Topor, Cristina Grela crea un universo en el que, en más de una ocasión, cuestionaremos la realidad que nos rodea, a ratos inquietante, tanto como El grito de Munch, la pintura que aparece en la cubierta y que también jugará un papel dentro de la historia. No nos equivoquemos: no hay nada de sobrenatural en la trama. Son las perspectivas contrapuestas de cada uno de los personajes los que nos forzarán a tomar parte por unos o por otros, o tal vez por ninguno. Se agradece en este sentido que se haya huido de los estereotipos de malos y de buenos y que todos los personajes importantes se hayan dotado de motivaciones que finalmente se explican. Porque al final, como buen thriller, todas las piezas del puzle acaban encajando.

   La narración está escrita en primera persona, dirigida directamente al lector, lo que contribuye a estrechar vínculos con el personaje. Se nota que no está escrito con intenciones de ser un novelón, pero la autora utiliza con destreza todos los elementos narrativos que pone en juego. Me explico. En poco menos de cien páginas, utilizando un estilo sencillo y no demasiados personajes, consigue poner en pie un relato bastante atractivo, de lectura amena y dinámica. Una invitación más que suficiente para seguir acercándose al universo creativo de esta joven promesa de la literatura.

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