A partir de los 15 meses los niños normalmente son capaces de comprender más de lo que hablan gracias a su capacidad para recordar, crear una imagen mental de la palabra que escuchan y relacionar conceptos. Entre los 10 y los 12 meses tiene lugar lo que se conoce como etapa preverbal. A pesar de que en esta etapa la comunicación es sobre todo de tipo afectivo y gestual, se ha demostrado que las expresiones verbales y vocales influyen de modo determinante en el desarrollo posterior de la comunicación verbal del niño. Hasta los seis meses hay varios indicios que demuestran el desarrollo de las capacidades verbales: mueven los ojos en dirección a los sonidos, responden a los cambios de tono en la voz, prestan atención a los juguetes que emiten sonidos o a la música, emiten sonidos y gorjeos que les permiten expresar alegría o enojo.

   ¿Y qué hay de la lectura? Desde luego, a los bebés les encantan los libros. Aunque no entiendan el significado de las historias que contienen, se sienten muy atraídos por su colores, sonidos y materiales. Pero que no entiendan nada de lo que se les lee no significa que la lectura no sirva de nada a esas edades. Un nuevo estudio del departamento de pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York, presentado recientemente en la Reunión de las Sociedades Académicas Pediátricas, señaló que leer libros a los niños menores de 6 meses puede hacer que su vocabulario y sus habilidades en comprensión y expresión mejoren al cumplir cuatro años.

   A esta conclusión llegaron después de analizar una muestra compuesta por más de 250 parejas de madres y bebés durante un período de cuatro años. Se tuvieron en cuenta diferentes aspectos como la cantidad de libros que había en cada uno de los hogares, las horas que los padres pasaban leyendo con sus hijos, si simplemente se limitaban a leer o si tenían conversaciones sobre los libros, si los niños interactuaban con las imágenes de cada página o si los libros eran los adecuados para su edad, así como las diferencias socioeconómicas de cada familia.

   Los resultados parecen demostrar algo sorprendente: el contacto de los niños con la lectura en su primera infancia tiene un efecto duradero en el lenguaje y en la alfabetización, mejorando su comprensión del lenguaje y sus habilidades lectoras, o dicho con otras palabras, lo que los niños leen siendo bebés se manifiesta cuatro años más tarde. Una excusa ideal ‒si es que hacía falta excusa‒ para darle rienda suelta a uno de los momentos más mágicos que puede haber entre padres e hijos, el de la lectura.

Vía: Independent

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