Pinocho original

   Alguna vez he hablado de la costumbre de Disney de coger cuentos tradicionales oscuros y retorcidos y reescribirlos en clave políticamente correcta. En ese artículo comentaba los casos de «Blancanieves y los siete enanitos», «Cenicienta», «La Bella Durmiente», o «La Sirenita», entre otros. Alguna de esas historias provienen no ya de la tradición oral, rescatada por autores como Charles Perrault o los hermanos Grimm, sino de autores, en ocasiones bastante consagrados. La historia del jorobado de Notre Dame, por ejemplo, Se basa en la novela de Víctor Hugo Nuestra Señora de París. Con Las aventuras de Pinocho, escrito por Carlo Collodi, ocurre lo mismo, aunque la fama de Collodi no sea equiparable ni mucho menos a la de Hugo. La violencia desmesurada que tenía la historia original hoy en día nos parece inimaginable porque lo que ha perdurado en el imaginario colectivo es la versión de Disney.

Pinocho después de haberse quemado los pies

   En el original, escrito entre 1881 y 1882, el personaje del grillo parlante, al que ya no concebimos con otro nombre que no sea Pepito Grillo, no desempeña un papel tan importante como en la versión de 1940. Aparece por primera vez en el capítulo cuatro y su función es ilustrar el comportamiento de los niños a los que no les gusta ser corregidos por personas que saben más. Cuando el grillo le dice a Pinocho que regrese a casa, este lo aplasta contra una pared con un martillo de madera. El final del personaje se describe con estas palabras: «Con un último débil “cri-cri-cri” el pobre grillo cayó de la pared, ¡muerto!». Lejos de sentir remordimientos por la muerte del grillo, más tarde dirá a Geppetto: «Fue culpa suya, porque yo no quería matarlo».

Portada del periódico infantil en el que se publicó por primera vez el Pinocchio de Collodi, en 1882

   Después de este episodio el karma quiso castigar a Pinocho haciendo que sus pies se quemaran. Una noche de tormenta Pinocho sale en busca de comida, pero en lugar de darle nada le tiran un caldero lleno de agua por una ventana. Hambriento y empapado, se sienta en un pequeño taburete sobre una estufa, para que se secaran sus pies. Entonces se quedó dormido y la madera de sus pies comenzó a ennegrecerse y ardió hasta convertirse en cenizas. Por suerte para el niño de madera, Geppetto le vuelve a reconstruir los pies.

   Más adelante el grillo parlante vuelve a aparecer, en forma de fantasma, para decirle a Pinocho que no se fíe de las personas que afirman que hay un monte mágico donde el dinero crece si lo siembras. Pinocho, una vez más, vuelve a ignorar el consejo del grillo y como consecuencia finalmente es ahorcado. La escena descrita es de todo menos apropiada para niños: «Y corrieron tras de mí y corrí y corrí, hasta que al fin me atraparon y me ataron el cuello con una cuerda y me colgaron de un árbol, diciendo: ‘Mañana volveremos por ti y estarás muerto y tu boca estará abierta, y luego tomaremos las piezas de oro que has escondido bajo la lengua».

Pinocho colgado en un árbol después de haber sufrido un robo

   En un principio Collodi había planeado que el libro terminara con esta escena. La idea era transmitir el mensaje de que los niños que eran desobedientes podían terminar muy mal. Sin embargo, el editor del Giornale per i bambini, el periódico infantil que publicó la historia por primera vez, le pidió al autor que continuara el relato, esperando un desenlace más feliz, y ahí es donde entra en acción el hada azul, que llega para salvar a la marioneta ‒y que, al igual que el grillo, moriría y volvería a aparecer más tarde‒. En esos capítulos adicionales, Collodi hizo que Pinocchio aprendiera la lección y decidiera ayudar y cuidar a su padre en lugar de pasar todo el tiempo jugando y haciendo travesuras. Aunque antes de que ocurra eso casi fríen al personaje en una sartén y se convierte en burro, lo que hace que un músico quiera matarlo para arrancarle la piel y hacer con ella un tambor. Para ello le ata piedras al cuello y lo sumerge en el agua, aunque antes de ahogarse los peces se comen la carne del burro y el esqueleto, que es de madera, vuelve a ser Pinocho.

   A pesar del claro mensaje moral, es evidente que se trata de una historia muy poco apropiada para niños que, además, se sospecha que pudo estar muy influenciada por el mundo de la alquimia y de la masonería. No es solo la historia se base en el concepto del «homúnculo», encarnado en el protagonista, es que la obra está llena de simbolismos alquímicos y de secretos ocultistas cuyo significado aún hoy en día se sigue discutiendo. Un relato muy alejado, como se puede comprobar, del que más de medio siglo después haría Disney.

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