Imagina por un momento que tu libro favorito no acabase nunca. Que siempre hubiese una siguiente página para disfrutar. Algo que, por supuesto, no ocurre. En algún momento llegamos al final de la novela, y esta se acaba. Pero, ¿y si no fuese así? ¿Y  si se escribiese el libro infinito?

   No, es más, ¿y si se escribiese un libro infinito por persona, de modo que todos tuviésemos el libro que deseamos? Puede sonar a tontería, pero pronto dispondremos de la tecnología para hacerlo realidad, y entonces la literatura dará un vuelco hacia… ¿hacia qué?

libro infinito biblioteca

Kindle sabe lo que te gusta

   No es la primera vez que lo mencionamos, y probablemente no será la última, pero es que Kindle (el lector de Amazon) sabe bastante sobre nuestros gustos lectores. Al menos, los gustos lectores que realizamos en sus tablets o haciendo uso de su aplicación Kindle. A saber, conoce:

  • El tipo de libro que más nos gusta, y el que menos.
  • Sabe el brillo al que tenemos la pantalla, y en base a eso la luz ambiente del lugar donde leemos;
  • el tamaño de letra que elegimos, con lo que puede que también nuestra capacidad visual, o una aproximación;
  • el tipo de letra, que dice mucho de nuestra personalidad. Si tu escritura dice mucho de ti, no esperes que tu lectura diga menos.
  • Sabe cuál es nuestra velocidad de lectura y en qué capítulos o libros aceleramos o frenamos esa lectura;
  • así como qué pasajes subrayamos o compartimos;
  • en qué punto de la pantalla tocamos para pasar la hoja;
  • o nuestra posición de lectura (por el acelerómetro).

   En el futuro, si le damos acceso a una cámara frontal y al GPS, sabrá dónde leemos y podrá, literalmente, leernos las facciones.

libro infinito nos lee

   Suena terrible, ¿no? Bueno, depende de lo que se haga Kindle con esa información. Si se vende a un sistema totalitario para enviarnos publicidad que nos postule a favor del régimen, igual mola bastante menos que el hecho de que se nos ayude a encontrar la siguiente lectura.

   En Homo Deus, Noah Harari ya nos advertía (con los brazos abiertos) sobre cómo los algoritmos nos ayudarán a tomar decisiones en el futuro. Decisiones que serán más precisas, sensatas y acertadas que las que hubiésemos tomado sin ellos. Si no, buena gana de renunciar a un pedacito de nuestra abanderada libertad personal.

   Ya tenemos motores de búsqueda personalizados que nos recomiendan nuestra próxima lectura, como Goodreads o Oh!Libro, eliminando parte del romanticismo de ir a una librería pero acertando más en nuestro siguiente libro.

La inteligencia artificial que escribirá para ti

   Teniendo en cuenta lo de arriba, pisemos el acelerador unos segundos para situarnos en 2030 o 2050, cuando los robots que hoy se entrenan para comprender, apreciar y escribir poesía sean plenamente funcionales.

   Hemos hablado aquí en varias ocasiones del NaNoGenMo, la competición que busca un programa informático que escriba una novela. Y es que no estamos tan lejos de conseguir que las máquinas escriban novelas que superen el análogo del test de Turing. Es decir, que seremos incapaces de determinar si han sido escritas por una máquina o por un humano.

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   Las inteligencias artificiales traducirán muy pronto libros al instante, y tras ello los escribirán. ¿Cómo usará esto el mercado?

   Bueno, por un lado tenemos lectores que realmente son lectores, y no hablamos de los humanos sino de los eReaders. Tienen un nombre doblemente apropiado porque mientras que a nosotros nos sirven para leer, ellos nos leen a nosotros y nos convierten en un flujo de datos del mundo digital.

   Ese flujo de datos, único para cada uno de nosotros, es parte de nuestra huella electrónica. Uniendo cómo leemos a nuestro impacto público en Internet, una inteligencia artificial podría escribir el libro que esperamos encontrar, y prolongarlo a medida que alcanzamos una y otra vez su final.

   Sería como las novelas por entregas (que vuelven al mercado), pero siendo estas escritas por una máquina. Y virtualmente infinitas.

   En caso de que detecte que perdemos el interés, o que nuestros gustos van cambiando, reescribirá los siguientes capítulos para adaptarse a nosotros. Y ahí está la clave, la novela se adaptará a nosotros, y no al revés.

   Hoy día, a pesar de que cada relación lector-novela es completamente diferente y única en el mundo, los lectores estamos subrogados a la experiencia de la novela. Es la que es, y no va a cambiar porque la leamos nosotros. Leer Harry Potter aquí o en China será lo mismo, aunque tenga interpretaciones diferentes.

   Sin embargo, cuando las novelas se adapten a nosotros no tendremos que limitarnos a los textos ya redactados.

Leer a Harry Potter con el estilo de Cervantes

   Pero no queda ahí la cosa, porque si una inteligencia artificial puede escribir una novela para nosotros (y lo hará, aunque no sepamos poner fecha) también podría reescribir una novela existente con el estilo de nuestro autor favorito.

   ¿Quién no ha oído hablar de las novelas versionadas o las historias que saltan de un formato a otro? Un ejemplo maravilloso es el espectacular cómic de Don Quijote de Rob Davis.

   Si un autor humano puede coger una obra maestra de la literatura y expresarla de otro modo, ¿por qué no iba a hacerlo una IA? Si ya ha pasado en la pintura con The Next Rembrandt, el cuadro de Rembrandt que él nunca llegó a pintar pero que tiene su inconfundible estilo, ¿por qué la literatura iba a ser distinta?

   ¿Por qué no íbamos a leer las novelas de Harry Potter con el estilo de Cervantes? ¿Que nos gusta Hemingway? Pues todos los libros traducidos a su estilo.

   Claro, que eso haría más complicado si cabe conocer de quién es la autoría del texto… ¿Qué parte es del autor original, cuál del programador de la IA y cuál de la IA en sí? ¿Qué pasa si el autor original hace siglos que murió, y quién se lleva su pedacito de tarta?

Polarización y despolarización gracias a las máquinas

   Cierro con una pequeña reflexión al respecto. Dos prospectivas, a elegir.

   La primera de ella es un mundo en el que los humanos viven consumiendo contenidos en su burbuja personal, que se va apartando poco a poco del resto de burbujas del resto de humanos. Si en el XIX todos los occidentales leían lo mismo en una gran burbuja colectiva, y en el XX la escisión del contenido ha hecho que nos polaricemos en racimos independientes y a menudo opuestos y radicales, ¿qué ocurrirá durante el siglo XXI, cuando cada humano viva dentro de su propio libro? ¿Será el fin del entendimiento?

   La segunda de ellas es un mundo en el que los humanos viven consumiendo contenidos en su burbuja personal… pero pueden elegir leer la de otros. Imaginemos lo fantástico que sería solicitar a un amigo su lectura infinita. Leer ese libro interminable sería un modo maravilloso de leer a nuestro amigo, una forma mejor de acercarnos y de establecer puntos de unión. Imaginemos cómo sería leer a políticos opuestos (no escuchar sus bobadas televisivas), o entrar dentro de la mente de nuestra familia.

   Dentro de unos años, una compañía levantará la mano y nos dará la opción de leer novelas adaptadas a nosotros, novelas interminables. Quizá por 9,99 euros al mes, como viene a ser costumbre en el consumo ilimitado de contenidos. Y, entonces, el mundo editorial dará un vuelco, otra vez.

   Imágenes | Biblioteca, Geralt, Brett Jordan (CC BY 2.0)

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