Edgar Allan Poe

Edgar Allan Poe

   Hace unos treinta años, una mujer de Tennessee estaba haciendo limpieza en la casa de su abuelo en Baltimore para venderla, cuando encontró una caja que contenía dos fotografías, una de Edgar Allan Poe y otra de su hermana, Rosalie Mackenzie. Pero había algo más: en el reservo de la foto de Poe –una copia de un famoso retrato de Oscar Halling– había una docena de pelos de color castaño pegados, acompañados de una nota escrita a mano. La mujer se puso en contacto con Jeffrey Savoye, director de la Sociedad Edgar Allan Poe de Baltimore, y le vendió la caja por 35 dólares. Lo que no sabía la mujer y Savoye descubrió es que esa docena de pelos, adheridos a la fotografía por una especie de pegamento hecha a base de piel de conejo, habían sido tomados de la cabeza de Edgar Allan Poe. Lejos de ser una extravagancia única, existen al menos una docena de mechones de Poe en colecciones de todo el mundo.

El mechón encontrado en una casa de Baltimore, de Jeffrey A. Savoye

   El 7 de octubre de 1849 el escritor muere en extrañas circunstancias. Al funeral, que tuvo lugar al día siguiente, asistieron ocho personas en total, entre ellas sus primos Neilson Poe y Elizabeth Rebecca Herring, y un conocido doctor llamado Joseph Evans Snodgrass. En algún de la ceremonia la señora Herring le cortó algunos cabellos al fallecido, probablemente de la parte posterior de la cabeza. Los restos de Poe fueron visitados por admiradores del poeta, muchos de ellos deseosos de tener su propio mechón de cabello del muerto. Herring distribuyó los mechones que le había cortado a Poe entre los invitados.

   La costumbre de cortarle el pelo a un muerto puede parecer bastante extraña pero era muy habitual en los Estados Unidos y en la Europa del siglo XIX, utilizados tanto como memento mori como para conmemorar a los muertos. Estos objetos, símbolo del vínculo de los vivos con el fallecido, funcionaban a la manera de reliquias, como si se quisiera mantener un pedazo del ser querido, un recordatorio al que prácticamente se le atribuían cualidades mágicas –como si fuera una especie de talismán–, aunque desprovisto del sentido religioso original. Poe no fue ni el primer escritor ni el único al que se le hizo esto. En 1817 la hermana de Jane Austen, Cassandra, cortó varios mechones del pelo de la escritora mientras estaba en su ataúd, con laintención de mantenerlos como recuerdos.

   En el caso de Poe, el escritor regaló mechones de pelo incluso en vida. Como en 1846, cuando un admirador le pidió un autógrafo y él le entregó uno de esos mechones. Un mechón conservado en la colección de la Biblioteca Lilly, de la Universidad de Indiana, es uno de los pocos que sabemos con certeza que fue cortado en vida, adquirido por el industrial farmacéutico Josiah Kirby Lilly, Jr. Hay un segundo mechón, dentro de un broche de perlas, en la colección de esta biblioteca, enviado en 1849 a Annie Richmond, una amiga de Poe, por Maria Clemm. Un rizo de color castaño, comprado a Max Harzof, un famoso librero de Nueva York, fue encontrado en una caja negra de cartas que Poe escribió a su novia Sarah Helen Whitman.

Mechón cortado por el Dr. Snodgrass

   El cabello de Poe siempre ha despertado el entusiasmo de admiradores del autor y coleccionistas en general. De hecho, hace unos años Susan Jaffe Tane, propietaria de la mayor colección privada de Poe del mundo, compró en una subasta por 96.000 dólares un mechón de pelo del escritor, así como el anillo de compromiso de su prometida, una cuchara de plata, varios retratos fotográficos y diferentes documentos, todo autentificado por una carta sin fecha de la nieta de Elizabeth Herring.

   Más de un siglo y medio después de su muerte, los mechones de Poe continúan apareciendo en colecciones públicas y privadas de todo el mundo. A veces es prácticamente imposible saber de dónde han salido esos mechones –habría que remontarse al funeral del escritor–, pero en ocasiones es posible seguirles el rastro. Por ejemplo, el mechón que se encuentra en el Museo Edgar Allan Poe de Richmond, Virginia, fue adquirido por James Howard Whitty, editor de las obras completas de Poe y fundador del museo, en una subasta que tuvo lugar en 1922. Ese mechón proviene, supuestamente, del doctor Joseph Evans Snodgrass, una de las últimas personas que vio vivo a Poe. Snodgrass encontró a un delirante Poe en su lecho de muerte y cortó uno de sus cabellos para dárselo como regalo a G. W. Magers, un supuesto editor de Baltimore. Snodgress, sin embargo, no es una fuente demasiado fiable, porque él atribuyó la temprana muerte del escritor al acoholismo y análisis realizados a sus muestras de pelo demuestran que estaba sobrio. Más tarde, a mediados del siglo XIX, el mechón acabó en manos de George Smith, un importante distribuidor de libros raros de Nueva York; y de ahí pasó a ser propiedad de Whitty.

Broche de perlas con el pelo de Poe, de la Biblioteca Lilly de la Universidad de Indiana

   El mechón que Mary Herring le regaló a su hija, Ella Warden, acabó en la Biblioteca Pública Enoch Pratt de Baltimore a partir de la década de 1930 porque ella pensaba que estarían más seguros en la cámara acorazada de la biblioteca. Una carta de Warden pone de manifiesto que ese mechón fue cortado en el ataúd, en casa de su abuelo, y no en el hospital, como se solía creer.

   La cantidad de mechones de Poe que hay en colecciones privadas es muy pequeño. Uno de ellos está en posesión del coleccionista John Reznikoff, que ha conseguido reunir mechones de pelo de personalidades tan importantes como George Washington, John F. Kennedy o Napoleón Bonaparte. En 2008 consiguió comprar por 150 dólares una vieja caja de herramientas que un hombre de mantenimiento había vendido previamente a un agente de seguros. Dentro de esa caja había otra caja, esta de plástico, con un medallón de oro y un trozo de papel con uno o dos párrafos que hacían referencia al medallón y que literalmente se le deshicieron en las manos. En el medallón estaban escritos los nombres de Edgar Allan Poe y de Virginia, así como sus fechas de nacimiento y de fallecimiento. Además había un mechón de pelo, supuestamente uno de Poe. El valor real de todo sería, a juicio de Reznikoff, de unos 500.000 dólares.

Medallón con mechón de Poe de la Biblioteca Pública de Filadelfia

   Autentificar el pelo de Poe científicamente es muy complicado. La prueba de ADN, dificultada por la edad del cabello y los niveles de contaminación, es muy limitada ya que el pelo está recortado y no arrancado de raíz, por lo que no contiene ADN nuclear. Por otra parte, Poe no tuvo hijos, por lo que no hay descendientes directos que puedan aportar ADN para que se hagan análisis comparativo. Hay que tener en cuenta, además, que a los coleccionistas no les interesa realizar unas costosas pruebas que pueden darles como resultado que sus objetos de coleccionismo no son auténticos.

   Hay una gran cantidad de pelo de Poe por todo el mundo –la Biblioteca Pública de Nueva York y la Biblioteca Pública de Filadelfia también tienen sus propios mechones–. Tanto que uno se pregunta si al escritor le quedaría algún pelo cuando fue enterrado. En 1875 su cuerpo fue exhumado para enterrarlo en un lugar más destacado del cementerio. Un reportero del Baltimore American estaba allí cuando el ataúd fue reabierto por primera vez, a la vista de un pequeño grupo de curiosos. Según él, el esqueleto estaba «casi en perfecto estado, y acostado con las largas y óseas manos reposando una sobre la otra», mientras que el cráneo tenía «un poco de pelo… todavía adherido cerca de la frente». Suponemos que nadie aprovecharía la ocasión para cortarle el poco pelo que le quedaba.

Fuente: Atlas Obscura

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