Niños leyendo (vía Shutterstock)

   Desde muy pequeños, a los niños se les inculca el enorme valor de la lectura. Con los años, una vez que van dominando esta habilidad, los adolescentes pasan de aprender a leer a leer para aprender, convirtiéndose la lectura puramente lúdica en algo más secundario. Este es, casi con toda probabilidad, uno de los factores más importantes para explicar el desinterés que acaba generando esta actividad entre los jóvenes. Hace unos años la Universidad de Australia Occidental hizo un estudio para averiguar hasta qué punto esto es así, qué sienten los adolescentes hacia la lectura, y cómo pueden los adultos, padres, profesores y sistema educativo en general fomentarla. La conclusión a la que se llegó es más que evidente a la que se reflexione un poco: la razón más común para la falta de interés hacia la lectura es la competencia desigual con otras actividades de ocio. La lectura termina abandonándose debido principalmente a la falta de estímulos.

   ¿Qué papel desempeña el entorno en ese desarrollo del hábito lector? El estudio, asimismo, trata de arrojar algo de luz a cómo los padres y profesores pueden fomentar el gusto por la lectura, la lúdica, durante la adolescencia. En primer lugar, los padres no deberían asumir que una vez que se ha aprendido a leer ya está todo el trabajo realizado. Y el sistema educativo, por su parte, tiene que buscar los tiempos y los espacios necesarios dentro de un currículo que normalmente está abarrotado para alentar el desarrollo de la lectura por placer, más allá de las habilidades lectoras, algo que no se suele hacer muy a menudo.

   Algunos de los consejos que se ofrecen, tanto para padres como para profesores, son los siguientes. Si bien es verdad que no hay recetas mágicas en esto del fomento de la lectura, sí que existen algunas pautas pueden conseguir que el gusanillo de la lectura le acabe picando a algún adolescente más:

  1. Llevar a los adolescentes a bibliotecas escolares o públicas, animándoles a que saquen en préstamo libros que ellos mismos hayan elegido.

  2. Enseñarles de forma explícita estrategias para elegir libros, sin asumir que esto ha debido aprenderse en la primaria.

  3. Permitir que los adolescentes lean en voz alta si les apetece.

  4. Ser un modelo, leyendo y mostrando interés por la lectura

  5. Averiguar lo que les gusta leer para poner a su alcance libros que sean de su interés.

  6. Hablar de libros en clase o en casa, sin limitarse únicamente a las lecturas obligatorias.

  7. Permitir y animar a que desarrollen sus emociones a través de los libros, odiando o amando a algunos personajes, o dejándoles que abandonen los libros que les aburren y que relean los libros que les han gustado.

  8. Transmitir la importancia que tiene la lectura reservando tiempos en clase o en casa para que lean por placer.

  9. No asumir que por el simple hecho de que se les regale un libro electrónico ya se les está fidelizando con la lectura. Existen estudios que defienden que los jóvenes prefieren leer en papel, así que es importante continuar permitiendo que accedan a ellos.

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