Cuando Marilyn Monroe murió en agosto de 1962, dejó atrás uno de los mitos más grandes de la cultura pop, unas cuantas buenas películas, un buen puñado de corazones rotos y una estupenda biblioteca llena de excelentes libros. Después de casarse con Arthur Miller, Marilyn comenzó a acumular libros, hasta llegar a tener unos cuatrocientos. Conocemos muchos de los títulos de esa biblioteca porque fueron tras la muerte de la actriz fueron catalogados y subastados por Christie’s en 1999. En LibraryThing es posible acceder a una lista de más de 250 libros que dan cuenta tanto de los amplios intereses del icono pop como de su extraordinario gusto literario.

   Todos tenemos en mente las imágenes de Marylin leyendo Hojas de hierba de Walt Whitman o Ulises de Joyce. De Tolstoi a Mark Twain, su biblioteca contenía clásicos inmortales como Alicia en el País de las Maravillas, El gran Gatsby, Los dublineses, Fiesta de Hemingway o La caída de Albert Camus. Especial predilección sentía por los componentes de la Generación Beat, como demuestra su primera edición de En el camino de Jack Kerouac. Pero junto a todos esos clásicos, junto a los textos de Freud, de Proust o de Bertrand Russell, Marilyn también reunió una gran cantidad de libros mucho más cotidianos, que ofrecen una gran información sobre su vida personal, libros de jardinería, biblias, libros infantiles, ilustrados, etc.

   Prácticamente no hay un solo género que no tuviera cabida en la biblioteca de Marilyn: Literatura, Arte, Drama, Biografía, Poesía, Política, Historia, Teología, Filosofía o Psicología. Pero esos libros no solamente nos permiten romper el mito de la rubia tonta sino que nos muestran al descubierto una mente leída y llena de inquietudes. Prácticamente todos los libros de la biblioteca de la actriz estaban en perfectas condiciones, con sus cubiertas y encuadernaciones originales, lo que nos demuestra que la rubia que no tenía nada de tonta era una verdadera amante de los libros. Libros que nos permiten, en última instancia, bucear en el pensamiento y en la personalidad de su propietaria, porque muchos de ellos incluyen marcas, anotaciones y subrayados.

   Llama la atención, por ejemplo, que en El hombre contra sí mismo del psiquiatra Karl A. Menninger, Marilyn subrayara en el primer capítulo pasajes relacionados con el suicidio. «… Todo depende del punto de vista, no podemos sorprendernos de que la mera promesa de reforma sea generalmente inútil, y debemos además darnos cuenta de que un punto de vista distinto es el camino real a la reforma», escribió en la página 157 de La suprema herencia del hombre de F. Matthias Alexander.

   Es cierto que tener cuatrocientos libros no garantiza ni mucho menos haberlos leído todos, pero al menos es una pista irrefutable sobre los intereses y gustos de la protagonista de Con faldas y a lo loco. Dejo aquí una lista elaborada por Open Culture con 430 libros de la Monroe, para que cada cual pueda comprobar cuántos ha leído.

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