Cubiertas diseñadas por Ligia Duro

Cubiertas diseñadas por Ligia Duro

   Cuando parece que ya se ha visto todo en lo que a cubiertas originales se refiere, aparecen nuevas proyectos que demuestran que no hay excusas para descuidar un elemento tan importante del diseño de un libro. Las editoriales, que saben esto, ponen todo su empeño en conseguir un diseño propio, que la identifique y le sirva de seña de identidad, de manera que incluso viendo el libro a lo lejos seamos capaz de reconocer qué firma editorial hay detrás de él. Algo que es todavía más evidente cuando se trata de libros que pertenecen a una misma colección, a pesar de que los títulos que se incluyan en ella sean completamente distintos. Y homogeneizar libros tan diversos en una misma línea manteniendo la coherencia no es algo precisamente fácil.

   Sin embargo, desde hace tiempo estoy descubriendo propuestas que se alejan de esta línea por caminos insólitos, como la de diseñar cubiertas personalizadas, que se adapten con total fidelidad al contenido del libro. Una de ellas sería la de Jaz Parkinson, que a través de la sinestesia consigue cubiertas en las que se muestran los colores que tendría cada novela. Pero hoy quisiera detenerme en la idea de Ligia Duro, que consigue representar en la cubierta de los libros su contenido mediante la visualización de cada uno de sus capítulos.

   A simple vista lo único que se ven en las cubiertas de Duro son un montón de rectángulos negros, más parecidos a un documento censurado por algún organismo secreto que a la cubierta de un libro. Pero en realidad esos rectángulos nos ofrecen cierta información sobre el contenido del libro: en vertical nos informan del número de capítulos que tiene el libro y en horizontal de la longitud de cada capítulo. De esta forma se obtienen cubiertas únicas, adaptadas a cada libro.

   El diseño fue presentado con tres novelas del escritor portugués Eça Queirós, pero posteriormente se aplicó a otros autores como Montesquieu, Boris Vian o Luis Buñuel. Duro decidió prescindir del color porque no aportaba ninguna información y así evitaba distracciones, pero si se combinara su idea con la de Parkinson, que es todo color, el resultado sería una maravilla.

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